Te quiero reventar la boca pero ahora no, no lo voy a hacer porque aún sin tu permiso sería una invasión del espacio mínimo vital. Pero si observo la mirada del tigre de vuelta sería maravilloso jugar a la ruleta rusa y vete tu a saber si la bala está alojada en el lugar oportuno para disparar la magia. El inoperante deseo que surge desde la más alejada de las realidades es como un licor con sesenta grados; en el primer trago te hace subir a otra constelación, la de la felicidad efímera, la combustión de la arrogancia y el impulso definitivo hacía la victoria. Cuando lo digieres, la caída al infierno es infinita. Un agujero negro, profundo e insalvable.
Hay una niebla que me impide ver lo único que quiero entre esta borrasca. En el olvido y la presencia hay una contradicción tan mareante como satisfactoria. El resultado es que no me obliga a nada así que atizo y me acicalo con mi gorra siempre posada calada al estilo del Che. Un anillo para que suene la barra mientras pido una cerveza. Una cerveza he dicho? Y por qué no un vino o un agua con gas? Tengo que echar más gasolina a mi combustión? Hemos dejado claro que la contradicción es el paraje donde mejor me desenvuelvo.
Fuera o fuere yo mismo quiero unirme a toda esa gente que quiere huir de este mundo. Instalarme en un exoplaneta donde no haya malas personas, donde no hay genocidas, ni fascistas, ni autócratas, ni dictadores. Ya que este un mundo no es ideal, creemos uno. Solo hay una cosa que no puede faltar, bueno dos. Música y mujeres. Pero que ellas vengan con cervezas en los bolsil



