La suerte habita en el lugar más inesperado y en esta ocasión estaba en Bogotá, en algún bar de La Candelaria. Mis pies cansados me pedían un descanso y estos obedecieron queriendo entrar en un bar donde atisbé alguna canción de rock pero decidí seguir caminado cuesta arriba y al llegar a la altura del siguiente bar oí que ahí sonaba ritmos latinos que para nada me gustan. Di marcha atrás y regresé al bar donde quise escuchar esos guitarreos. Un minúsculo bar, en un local pequeño y oscuro y además decorado con publicidad de Heineken pero ya mi vergüenza me impedía irme del lugar donde había entrado. Un camarero, una cliente y yo. Nadie más.
Y así casi sin querer, puedo quitar perfectamente el casi, conocí a Madeleine. En esa primera conversación no hacía más que preguntarme que tenía que ver esta mujer con Francia porque su acento la delataba. Resultó que había conocido a una mujer viajera chilena hambrienta de conocer, como yo, Colombia. Y nuestra historia fue como la primera conversación, un reto. Yo cumplí. Al día siguiente fui a buscarla a su hospedaje y ella pagó la cena. Los dos cumplimos. Desde ahí se dieron veinte días de emoción, arrebato y frenesí con nuestros pequeños lujos y una fogosidad inusitada.
Si algún momento en la vida me hubieran preguntado como es un viaje ideal no hubiera encontrado de la manera más similar de calificar este viaje. Y seguramente no hubiera sido igual si no hubiera llegado tan tatuado en forma de herida de una pasión anterior, una obcecación sin limites. Fue una medicina, quizás yo un paciente injusto y un mercader de la traición. Pero no, al menos estos días no me guardé nada, no disimulé nada ni siquiera los cabreos cuando cada noche se levantaba tres o cuatro veces cada madrugada. Así con nuestra pasional pedrada nos hicimos una ruta por Colombia chulísima y donde no iba a llegar yo llegué por quería ir ella y donde ella jamás pensó en ir llegó porque fue conmigo. El miedo compartido se combate mejor.
Cruza el amor
Yo cruzaré los dedos
Y gracias por venir
Gracias por venir.Adorable puente
Se ha creado entre los dosSoda Stereo
Madeleine es excelsa conversadora, de tanto querer interactuar muchas veces no me dejaba terminar de hablar, una mujer con principios, generosa y una colosal bebedora de cerveza, que se lo digan a los de Club Colombia etiqueta roja. Pude ver en sus ojos amor algo que me descolocó tanto que gestionar tanta admiración me sumía en una presión injustificada. Es la única persona en el mundo que me llama por mi nombre completo, cosa que a día de hoy agradezco. La convierte en inimitable.
No estuve a su altura, no me dio pero fue de forma natural y no es que quisiera engañarme ni por supuesto a ella pero que llegara la pandemia a nivel global fue la razón propicia para después de haber pasado otras semanas en mi ciudad española tuviéramos que dejar de vernos. Nada fue mentira, nada fuera irreal. Pero intuyo que ser sincero con uno mismo es la mejor manera de ser sincero con los demás. Por otra parte, recorrería el mundo entero a su lado.
Fue un sueño fugaz que siempre soñé con otro final. Las buenas personas no abundan, los corazones calientes tampoco.




