No escribo porque me guste sino porque la necesidad hace la belleza. Debería ser una respuesta atemporal pero nada más lejos de la realidad.
Aquel hormigueo en el cerebro, aquella ira contra lo contenido, aquel deseo irrefrenable…. No era por quedar con la compañera del curso que en esa época estaba haciendo, no era por expresar con otro tipo de palabras totalmente diferentes a las que serían las que le dijera a ella. Aquello que me latía era pura necesidad de expresar. ¿Hubiera empezado a escribir un blog si por aquel tiempo hubiera existido panfletos como Facebook o Twitter?
Quizás me hubiera amoldado a la comodidad de ciento cuarenta caracteres o la letanía lamentable que se escribe en un muro. Pero escogí una forma más prosística de expresar. Sin duda era el camino más complejo del que no calibré con su correcta dimensión sus consecuencias.
Empecé a escribir demasiado desnudo. Sin tapujos, sin belleza artística, con una ignorancia sideral. Sin saber diferencia una novela de un ensayo, sin saber escribir con menos faltas de ortografía que cuando iba al colegio. Pero sobre todo empecé a escribir sin pretensiones, ni públicas ni personales hasta que un día un compañero del curso me leyó e hizo un comentario. También a alguna de mis amigas y amigos les caí en gracia y empezaron a seguirme y aunque no debería superar la treintena de personas que leían cada entrada empecé a escribir temas más políticos. Y pensar que alguien leía lo que yo escribía me influía en demasía porque en ocasiones no elegía con suficiente personalidad los temas o escenas a abordar o contar. Ojo, treinta personas. Con eso no tenemos ni para crear una comunidad. Pero tenía frescura, cometía errores como repeticiones o estructuras ilegibles. Y si me gustaba tal chica, lo contaba. Si me entristecía tal cosa, lo plasmaba. Si me ilusionaba tal mirada, lo plasmaba.
Por tanto, la respuesta es sencilla: pura necesidad. Pero sin duda había una cuestión que aún permanece intacta en mi pensamiento. ¿Por qué yo tengo que tengo que contarlo todo y otras personas son capaces de mostrarse absolutamente herméticas? ¿Por qué no puedo contener la alegría, la tristeza, la ilusión o la pasión? Y entonces, ¿por qué no engañar? Empecé a hacer entradas aleatorias inventadas y con acierto creé confusión. La persona y la ficción ya estaban relacionadas y por fin personaje de elambulante consiguió algo que pretendía. Poder escribir sin riesgo a ser vulnerado. No lo conseguí porque la mentira se encuentra demasiado rápido, brota como una rosa en un rosal, poca flor para demasiado verde. Se ve. Por mucho que la quieras esconder predomina en la escena, emerge sin posibilidad de derribo.
La necesidad es la única respuesta la pregunta. Y hoy, años después, no ha variado. Pero si es verdad que me cuesta mucho más porque los defectos no se han corregido. No tengo ni la más remota idea de escribir. Hay mucha gente que escribe bonito pero muy poca que escriba bien.
Me gustaría encontrar el equilibrio, el mismo que busco en el personaje y la persona, la ficción y la realidad y desarrollar un alud de emociones. Y quedar a gusto. Y ya después si toca, que alguien lo lea y le guste.
NOTA IMPORTANTE: Este texto ha sido generado con herramienta de inteligencia artificial con las propuestas de elambulante así como el título de la entrada. La imagen destacada de la entrada es foto de Iván Martínez Díaz en Unsplash



