En la cornisa del pecado, en la deriva de la pasión, en la quietud de la calma, en la huida sin lugar donde escapar habita una mujer inquebrantable con unos buenos argumentos siempre solidos a su favor. No esperaba de nuestro primer fortuito encuentro ninguna consecuencia a largo plazo pero el abordaje que sufrí mutó, con el tiempo, asestando un golpe traicionero, en una admiración que había perjurado no volver a reverenciar. Todos se dejan llevar ya porque jugando al azar, todo vuelve a empezar. Ella duerme ahora tras mi vendaval. Cobijada en la postura acogida por voluntad propia a pesar de mi insistencia.
Lourdes es una mujer extraordinaria, había tardado demasiado tiempo en escribirlo. Siempre hay un margen de error por el breve espacio de tiempo, de noches y días, de amaneceres y atardeceres, de cosas y tareas, de besos y excusas, de halagos y vituperios que pude compartir.
Me da miedo pensar la enormidad que sería escuchar su voz, apreciar el poder de su silencio y sobre todo la paz que esa manera tan hilada y exquisita de expresarse transmite en cada sentencia. En pocas ocasiones en esta jodida y enrevesada vida he disfrutado tanto con el silencio pero un silencio cualquiera por ausencia de capacidad de asentir o disentir, un silencio regalado en si misma que siempre ofrece para que la otra persona siempre pueda expresarse, no le urge la respuesta vacía, ella prefiere una palabra con tiempo y con sentido. Es mi, salvando quizás la duda que tengo con otra persona, mi mejor conversadora. Sus palabras, el mejor regalo, sus besos su mayor ofrenda, su tiempo y su paciencia su tesoro más preciado. Porque preciosa es ella, si, además en un canon de belleza tan personal, de crítico de cine, subo a entregar el galardón como belleza de segunda mirada, algo que es tan personal que no pienso emplear ningún segundo en explicarlo. Su apariencia quizás no revela su espíritu roquero, su actitud punkarra ante injusticias y desigualdades de la sociedad, a su feminismo desbordado de argumentos y razonamientos tan ampliamente compartidos y que construyen un pensamiento de igualdad y reivindicación.
Ojalá que me despierte y no busque razones
Ojalá que empezara de cero
Y poderle decir que he pasado la vida
Sin saber que la espero, no
Y sin que me pida más, más, más, más, dame más
Sin que me pidaRobe Iniesta
Cuando, a menudo, reflexiono sobre el azar y de forma y manera inexcusable aparece ella, resulta contradictorio el análisis del resultado final. Porque si no lo hubiera conocido no hubiera pasado esos, breves pero intensos, instantes de plenitud y tampoco hubiera tenido esos bandazos de tristeza poética, de fanfarronería de saldo y esquina. Pero cuando vuelvo a la senda del sentido común me alegra con enorme satisfacción saber que coincidiremos en el mismo camino de la vida, en el que nos regalemos.




