Son esos ojos verdes, que llevan viviendo en frente de mi desde que eras niña, los que están asustados y meláncolicos. Será por el color de las tejas de todo tu cuerpo por el que pasas más inadvertida y eso por eso, tambien, por el que enojas la rabia insolente del cariño. Ay que ver, niña, lo cariñosa que eres y yo, enfrente de ti, me arrodillo ante ti para que te fijes…Yo te doy toda esa ración de cariño que me dijiste que te hacia falta, no podía decirte esa noche que yo podría ser tu objetivo, no seré yo el que de el paso. Prefiero verte tan imposible y lejana como cualquier vecina de enfrente. Y despues está la cervecita, esa que me tomo todas la noches con las estrellas de compañia, a menos de cien metros de tu vereda, compartiendo la luna que nos cobija. Pero acaricio al perro a falta de poder gozar de tu compañia, por que aquella noche que por fin entablé una conversación contigo despues de tantos años, no hayé respuesta para que te hubiera malquerido aquel jovenzuelo ignorante de la vida que nos rendía visita para protagonizar borracheras injustificables. Y me diste la mano. No lo entiendo porqué, pero… me la diste. Y al final, como siempre, acabé en mi cama, apenas a treinta metros de tu celda. Y en esta prisión no seré yo el que de el paso para ser….
Canción para hoy: «Quien se acuerda de ti», Mikel Erentxun

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