Como un indolente paisano de este batiburrillo de mundo vago por las aceras, cabizbajo y alterado. Serán los asuntos laborales los que me sumergen en el pozo de la desesperación a costa de que otros vivan. Son días de ida y vuelta, de huracanes emocionales los que asientan las ideas iniciales de la tempestuosa idea de caminar en otra dirección. Es la rutina la sombra de la tristeza, camina a mi vera tal cual avance yo, distrayendo mi elección. Estoy totalmente agotado de quemar recursos, cerrar ventanas y no emprender una aventura que no me haga regresar a este diván que oscurece aún más el intervalo actual y es que sin ilusión no hay estrategia de felicidad. El fin es el comienzo

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