Anda, andamos, andan las personas de mi alrededor como esperando sin el como los días amables, los días simpáticos que habiten en nuestras vidas. Días que no son tan lejanos ni tan ajenos, sencillamente que nos ha tocado vivir así, tapados con una mascarilla, distanciados más de un metro y privados de los más esencial del ser humano, el beso como muestra de cariño.

No cabe duda que hemos pasado a la historia como los protagonistas y victimas de un momento excepcional que dentro de unos cuantos decenios volverá a ocurrir y entonces revisarán nuestro sinvivir desde la óptica historiadora como los pringados que sobrevivieron a una pandemía mundial, exactamente igual que hacemos nosotros con los que la sufrieron hace un siglo.

El domingo, casi de forma fortuita, leí por primera vez un artículo de Vargas Llosa. Si. No se la razón si a ese señor siempre que he empezado a leer alguna opinión a las diez lineas ya me superaba todo el conglomerado de palabras que yo no entendia y que me sobraban como en un frito rebozado pero la cuestión es que este domingo si que lo leí y mira tu por donde creo que acertadamente él decia que un compañero o maestro, no recuerdo muy bien, de escritura le corregia para adjetivara menos las lineas que uno escribe. Vaya por Dios, por una vez ese señor tiene razón y yo lo leo. Cierto. Y me acordé de mi. Mi exceso de adjetivación. No se como en la profesión de escritor se llama, pero como es mi afición lo degrado a defecto. Voy a intentar adjetivar menos.

Pero se me hace muy difícil no poner calificativos a estos días, despues ya de ocho meses de anormalidad.

Creo en mi. Y eso es importante. No por que yo valga mucho, sino porque valgo lo suficiente como para apreciar todo. Creo en hacer cosas que la anormalidad transforme en excepcionales y así sirvan de motivación en el día a día.

Mira que echo de menos un beso. También un abrazo, pero lo que más añoro es ver la sonrisa de una persona. Esa transmisión comunitaria de felicidad. Soy feliz viendo a una persona feliz y no hay nada más bonito que alguien feliz. Qué mas da que yo no la conozca. Yo cuando voy por la calle y veo a alguien que va sonriendo casi disimulando me anima el momento. Claro que sí! Cooooño. Que hay que reirse hasta de lo feo que soy. Una sonrisa. No comparto la afirmación pesimista del futuro, sólo se que en la tragedia siempre hay alguien que sabe sacarle un sonrisa a la muerte.

Por cierto, un beso. Tampoco estaría de más que me rozara alguno. Tengo la piel suave de no usarla.

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