No lo hago por fustración pero ya no soy un tipo terco. Está ya bien de alegrar la vida a la gente, no está mal asustar un poco y mirar por uno mismo. No se navegar con alguien que vara sus sueños en playas solitarias, con alguien que piensa en salvar sólo su propio pellejo. Y si no se asusta, me da igual. Las consecuencias son inevitables porque estoy dispuesto como siempre a la acción, al sacrificio y a la recompensa. Entonces, voy a recorrer otra senda que me lleve a un lugar que no me haga volver.

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