No hay nada más desolador para mi alma que no saber en un determinado momento del día que música escuchar. En una de estas devastadoras situaciones necesitaba la inspiración o recomendación de alguien, de gente querida. Bien podría ser Jaime, un tendero de discos pero también podrían ser mis amigos con quien tantas horas de conciertos he compartido. Se me ocurrió entonces que cada semana uno de los nuestros recomendara por la razón que ella o él creyera conveniente recomendar un disco, su disco. En este primer pase, sólo quedo yo por compartir mi sugerencia. Compartir entre los más queridos la música, nuestra música, la vida, nuestra vida.

cassete el mar no cesa
Mi cassete original de «El mar no cesa»

Durante días, sabiendo que llegaría mi momento, pensé en no ser fiel a la conciencia. Sopesé en compartir alguno de los discos que compré a ciegas, trasteando en Radyre o en Hydria, tocando con mis propias manos los discos, su tactos, viendo la caja. He comprado tesoros musicales como quien va a comprar ropa interior o objetos de primera necesidad. Para mi, comprar música era una necesidad vital para seguir emocionandome. Antes, con un sueldo ajustado podía comprar discos todos los meses. Caprichos que me hacían ir directo a casa para reproducir ese trabajo o sencillamente para añadirlo a alguna lista de colecciones. Hoy dia, en mi decadente ciudad de Salamanca ya no puedo hacer esto en tiendas de primera mano. Añoro con nostalgia y tristeza el poder ir a una tienda de discos… y disfrutar del olor de discos sin desempaquetar, de escuchar músicas desconocidas.

Y todo esa necesidad de música empezó desde muy pronto, con doce añitos, en el verano del 89 yo bebía musicalmente de la influencia de mi hermana mayor y ella como adolescente enfermiza de Los 40 Principales sonó y escuché entre otras, «Fuente Esperanza» de unos tios que cantaban en español. Lo que más me impresionó de aquellas audiciones era el sonido casi reververado que tenía en la radio cuando me ponia el walkman con los auriculares del autores a tope. Ya lo he de casualidad, una vez me dirigí al Pryca con mi padre en vez de comprar mi primera elección que era Phil Collins me decanté por los tios que me gustaban y los iba a entender. Aquí empezó todo. Y ya no se si cambió todo pero de lo que si estoy seguro es que todo giró hacía una misma dirección: la expresión de los sentimientos a través de la música. El código poético de las letras era una búsqueda por si misma de la belleza que la quería reflejar en las chicas, hoy mujeres. Porque la búsqueda sigue siendo eso, un camino donde encontrar algo hermoso.

escudo de Heroes del Silencio
símbolo del grupo en su primer disco

Como carajo un criajo de doce añitos puede quedar seducido por cosas como «cualquier precaución es poca para el amor, entre las sábanas de seda tu y yo» o «siempre buscando una fuente para poder respirar, cuando diviso un pasadizo a lo lejos creo enloquecer» o «y por fin he encontrado el camino que ha de guiar mis pasos y esta noche me espera el amor en tus labios» o unos cuantos versos más que manan de la épica adolescente jovenzuela de una banda de Zaragoza, llamada Héroes del Silencio, cuyas canciones las escribió un tipo con 18 años.

«El mar no cesa» es el primer disco largo que se basa en unos versos de insolente ingenuidad épica amorosa acompañada de arpegios super melódicos maravillosos y un sonido de disco super ecualizado que hacía que escucharlo con buen equipo pareciera estar en una pecera, sonaba super limpio.

Me sedujo la imagen que ellos transmitian, la cuestión de tener un logo reconocible, unos dragones que un verano más tarde me pinté en los vaqueros cortos junto con el logo de su segundo disco, el archiconocido «Senderos de traición»

Resulta un disco que su eco me lleva a otra dimensión, a una lírica musical, a una felicidad por el disfrute mismo de la música. Tuve suerte que este cassete a pesar de las cientos de veces que con el rewind y forward que le dí, conseguí no romperlo. Hice varias copias por si me iba de casa a cualquier lado para meterlo en walkman de desconocidos y si se me enrrollaba siempre tenía mi copia de seguridad.

Un disco que suena y habla de amor, de conquista, de pérdida y miedos. De lo que se siente a los dieciocho años pero que a mi me dura hasta los casi cuarenta y cinco. Una guitarra que es como una escalera hacía el cielo y unos versos que me hablan de locura, bendita locura.

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