Loquillo, sin novedad en el frente

Loco

El Loco en Salamanca, de nuevo. No es extraño afirmar que es el artista musical que más veces ha visitado la capital charra y provincia en los últimos 12 años. En conciertos gratuitos y de pago, de todas formas Loquillo visita Salamanca en todas giras. El público es numerosísimo, de edades talluditas en su mayoría y muchos de ellos con la sempiterna apariencia de rocker setentero. El Loco, con su cada vez menos poblado tupé y su enorme presencia sobre el escenario, de negro, con un juego de pies de movimientos seguros pero lentos. Y como dijo él en una de sus visitas, siempre en plan chulo, pero claro para él ser chulo es un arte.

Loquillo ya no impresiona. Siempre contenta a la plebe pero parece que la repetición de su espectáculo durante tantos años acaba por pasarle factura, o no, porque la asistencia fue importante, sin llenar el Multiusos Sanchez Paraíso pero con una importante presencia que rondaría los tres cuartos del aforo a pesar del elevado precio de las entradas, treinta y cinco euros la más barata para ver algo que hemos visto ya muchas veces aunque eso si, con una novedad reseñable; cada canción iba acompañada en la pantalla del escenario de un video alegórico. Un acierto para una gira retrospectiva.

Que difícil es ser humilde cuando uno es tan grande

Hablar de Loquillo es hablar de un grupo importantísimo a lo largo de mi adolescencia y juventud. Nunca he dejado de escuchar a Loquillo y algunas de sus canciones son auténticos evangelios. En momentos de exaltación siempre hay alguna frase de una canción suya para utilizar e imaginar. No deja de tener para mi un punto nostálgico y en este sentido la obligación de ir a verle de nuevo, como las otras veces, era inexcusable y además acompañado por la gente que más quieres con lo cual el componente emocional fue tremendo, excelso y excitante. La banda sonora de muchos capítulos de mi vida estaba sonando y yo visitando a la felicidad completa.

Musicalmente, pocas novedades. Un repaso muy equilibrado a su carrera, un tímido acercamiento a una parte más rockabilly con pequeño escenario más desenchufado, unos músicos excelentes y una corrección que no se puede poner en duda. Y eso fue lo que vimos, un concierto ágil, entretenido, emocionante y animado. Pero yo muy contento por la música y sobre todo por la compañía.

Sin sorpresas musicales más que la colaboración de Nat Simons en una de las últimas buenas canciones del señor Sanz. Y ya es demasiado antigua. Sin duda que el Loco es un grande, repetitivo pero grande. Falta un gramo de ambición y sobra distancia egocéntrica.

Que nunca falta una canción de Loquillo en tu vida!

 

¿Donde está Jaime?

Quiero comprar un disco. Pero no un disco cualquiera, ni siquiera un disco de mi artista favorito. Quiero ir a la tienda, a mi tienda, echar un ojo, ver sus caratulas, trastear, revolver, preguntar, escuchar. Quiero un disco que me entre por los ojos pero también que sólo me entre por los oídos porque en ese momento ambienta el local. Quiero que alguien no me moleste mientras indago en los discos de una banda que tiene elepés de todo tipo y demoro mi decisión, si es que la hay.

Jaime me llegó a caer mal, lo reconozco. Quizás fuera su sobriedad o fuera quizás sus parcas palabras. En las primeras visitas me surgían las dudas acerca de como un tipo como él podía vender un disco. Si entraba alguien hasta el fondo no sin dificultades en Radyre el tipo rubio con gafas se dirigía con rapidez y seguridad hacia el disco o película que el cliente buscaba. Esto es, no podía ser posible además que le preguntaras sobre cualquier artista o banda el tendero de discos conocía absolutamente todo, permítanme la exageración, de la búsqueda del cliente.

Mi admiración iba creciendo poco a poco, visita a visita. No llegó a conocer mi nombre ni creo que le importara, era el seguidor fanático de Héroes del Silencio o Bunbury. Y mi admiración era inmensa cuando pasaba unos minutos buscando en sus muebles llenos de discos algo que me podría interesar porque a la vez que esperaba mi decisión era capaz de atender a expertos compradores de música y como sabio que era, establecía dialogo sobre tal artista durante unos minutos.

Cuando Radyre cesó el negocio un telón negro se zurció en la sociedad salmantina aunque por suerte fue capaz de alzarlo en un nuevo establecimiento, la mítica Librería Hydría. Un nuevo enfoque a la cultura musical orientado aún más al disfrute del espacio como coartada. Un café, una revista y poder escuchar música mientras, ahora si, con un stock más reducido, le pedías cualquier disco que él te lo conseguía.

El friki de Heroes intentaba ir al menos una vez al mes, mínimo. Y en más de una ocasión, sentado tomando un café leyendo un revista, le preguntaba por la música que sonaba. Gracias a eso, conocí algunos discos que ipso facto compré gracias a Jaime. No sabía quien era el artista, tampoco me importaba. Aquello sonaba que agradaba a mis oídos. Me lo llevo, le dije tres o cuatro veces . Fuera el disco, vinilo o material que estuviera a su alcance, te lo conseguía. En Hydria pudimos ver un Jaime muy cercano, yo diria que encantador.

Pero el cierre de Hydria ha supuesto una tragedia en la cultura salmantina, en su escena tanto comercial como ilustradora. En su corriente transmisora de espacio cultural y en especial el espectro musical está vacuo de gente experta. Jaime sabía pero no era pretencioso. Jaime sabía pero preguntaba lo que podías aportar sobre el disco que te llevabas y que no conocia mucho. Jaime era….

Resulta complicado comprar un disco hoy porque apenas, sin el apenas, hay lugares interesantes para ello. Un lugar alejado simplemente de ser un colmado de novedades comerciales. Porque el último lugar donde estuvo Jaime era la panacea cultural. Una delicia para los sentidos donde un libro o un disco significaban un momento de felicidad. Al menos, han surgido algún comercio especializado en vinilos mal llamados de colección que son un pequeño rayo de luz en este sótano de la música salmantina.

Espero que algún día Jaime vuelva. Y cuanto antes… más música compraré.

SonoramaRibera 2018

No todos los festivales son iguales y aunque haya repetido en varias ediciones mi presencia en Aranda de Duero para disfrutar de la música, del ambiente festivalero que regala el pueblo a todos los asistentes, de la hospitalidad de todos los arandinos, todas y cada una de ellas ha tenido una característica que la hace única y especial.

Sin duda la presencia de Búnbury generó a última hora mi deseo de asistir junto a mis amigos y compañeros de las últimas ediciones . Asociado a él, el cartel no era el que a priori más me satisfacía pero las ganas de disfrutar de la música y de mis amigos empujo a desplazarnos a la localidad burgalesa. Los primeros pasos preveían una aglomeración masiva desde el primer instante la presencia en el camping de un enjambre de tiendas de campaña ha visto el recuerdo de la edición anterior dónde la masificación fue horrible. Pero sorprendentemente el presagio no se cumplió y solo en algunos instantes del sábado en el recinto sí confirmó mi miedo.

El jueves empezó con un sorprendente y poco justificado cartel en la Plaza del Trigo. Y realmente ocurrió lo previsto . Fue una mañana realmente floja que no tenía más remedio que enderezar la tarde y así ocurrió porque ni siquiera mi cambio de escenario para ver a los bercianos The Morgans alegró el panorama. Estos, cuando dejen de cantar en inglés y pongan un poquito más de energía puede que habiten en más carteles festivaleros.

Empezó el jueves en el recinto con un cartel soso y flojo, cercano a la inmolación con Tulsa y Soleá Morente. El apellido queda muy bien en cualquier cartel, el talento se quedó en la tinta. Vino a continuación el aberrante y vergonzoso espectáculo de Diego “El cigala”. Primero porque salió al escenario treinta minutos tarde y segundo porque no se dedicó a cantar sino a hacer algo parecido a balbuceos y alaridos acompasados por una excelente banda que asentía el bochorno que presenciaba. Los únicos aplausos que se llevó el caradura madrileño fueron cuando alzaba el vaso para beber su combinado de naranja. Cubata y medio se pimpló el jeta en apenas cuarenta minutos de concierto. No merece vivir más de la música.

Debido a la perniciosa actitud del cantaor el siguiente grupazo, Neuman, se vio obligado a recortar considerablemente su concierto. A los murcianos, además de mantener las formas y la corrección, le fue cortado el sonido en la última canción. A renglón seguido venía el plato fuerte de la noche: Búnbury.

Fue un concierto redondo, extraordinario, enérgico, empático y con una brillantez artística que impide que al zaragozano nadie le saca de las mas altas esferas musicales. Un concierto con un listado de canciones un tanto sorpresivo, no he querido saber lo que ha interpretado en otros festivales, pero que permitió a la plebe entregrarse. Percibí una emoción en el público, además de la mia claro está, pocas veces encontrada en ya más de las veinte ocasiones que le he visto a lo largo de su carrera.

Bunbury en Sonorama
Bunbury en Sonorama 2018

Su presencia me impidió ver por solapamiento de horario a otro de mis grupos favoritos: Egon Soda. No se lo perdono a la gente de Art de Troya. A continuación llegó una muy digna actuación de Mikel Erentxun, muy sonora y fresca. Además algún clásico de Duncan Dhu fue seguido por la multitud, que en su facción más joven, nos permite creer que hay esperanza en la deriva. Pasó después por el escenario principal Rozalen, momento que creí oportuno para cenar pues su música no es de mi agrado. Después de ello llegaron Elefantes. Me resulta muy difícil hablar de un grupo capital en mi vida pero que se aleja de la emoción que me ha hecho sentir tantos y tantos años. Su último disco es el peor de su carrera y no es digno de su trayectoria. Y lo que es peor, van flojeando en directo poco a poco. Un lento agonizar. Ojalá Shuarma y Toscano consigan reflotar el barco.

El viernes era el día de la rumba en la Plaza del Trigo. Una apuesta arriesgada en la que sólo Tomasito consiguió embrutecer a los jóvenes espectadores con un espectáculo de entrega y conexión. Fue muy digna su presencia. Club de Rio y Tu Otra Bonita pasaron, sin más, por el histórico escenario. Como sorpresa la organización colocó a La Moda a ultima hora de la mañana. Sorprendió que los burgaleses hicieran un concierto similar al de la noche. Desaprovecharon la oportunidad de demostrar su polivalencia musical con tanto instrumento, eso si, la gente se sabe bien algunas de sus canciones. A mi, no me gustan.

Llegamos al recinto para ver a Angel Stanich. Esa voz tan peculiar… como correcta su actuación. Vino posteriormente L.A. en seguramente, la apuesta mas pura por el rock. Que bien estuvo el mallorquín y que sólida su música y sonoridad. Pasamos a los insulsos Nada Surf. Buscan la empatía y la conexión con el público pero su música en directo me dejó algo frío pero era una banda de obligado cumplimiento de asistencia. Vino después de ellos la mejor actuación de la noche, Morcheeba. Tenía muchas ganas de verlos en directo por primera vez y no defraudaron los británicos que realizaron un mezcla inclasificable de soul, pop electrónico que dejó todo loco al publico citado en Aranda. Magnifica y contundente voz en directo, una minimalista puesta en escena y una sobriedad vocal cándida que me maravilló. Geniales.

Si magníficos son los últimos discos de Xoel López no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Vino después Liam Gallagher. Simplemente cantó. No se si bien o mal porque esa pose imperterríta del ingles me genera una frontera en la que no llego a entender todo su ego ni la hegemonía musical que se dice que alcanzó con su banda Oasis. No me pareció en ningún caso, una actuación destacada.

Hice un pequeño descanso para preparar el concierto esperado de Viva Suecia. No defraudaron los murcianos. Van cogiendo carrerilla. Estupendos y contundentes, un rock sonoro redondo y enérgico, melodías pegadizas y letras con contenido. Arrea el bajo y la guitarra y la profunda voz principal los convierte en protagonistas de festivales y seguro que los veremos de cabeza de cartel de muchos de ellos, ocupando su propio lugar por méritos propios.

Como ya había visto el repertorio de La Moda por la mañana opté por irme a descansar. Viernes finiquitado.

El sábado soleado se barruntaba de máxima asistencia y apelotonamiento del personal al evento pero nuestra previsión hizo de nuevo posicionarnos como estos últimos cuatro años en un lugar privilegiado de la Plaza del Trigo para ver otro mas decepcionante pase de grupos. Solo Carolina Durante fue merecedor de halagos. Un punk de los ochenta hecho bien levantó e hizo botar a la muchedumbre. La gran sorpresa de la organización fue un breve e insuficiente concierto de Lori Meyers en el que interpretaron solamente cinco o seis temas, todos ellos grandes éxitos.

Así llegamos a la traca final que con un sol de justicia nos recibió con Mi Capitán, una debilidad personal. Estuvieron bien, yo diría que más que correctos. Siguió Maga, un grupo tan insulso como innecesario en un festival así al que seguían los abominables Sidecars. No voy a decir nada para no ofender a algún lector. Si que la expectación era máxima para el siguiente concierto Xoel López. Que sencillo resulta decir: “Xoel siempre cumple” y que difícil nos resulta decir algo así como “Xoel siempre está a un nivel altísimo”. Músico por definición y ejecución, con una banda compactada, una dulce interpretación llena de vigor, fuerza, vehemencia, brío y musicalmente exquisita con el sr. Bautista a los mandos. Si magníficos son sus últimos discos no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Lo vivido a continuación raya el caos, la confusión y la contradicción. Llegó Izal para absoluta e inevitablemente petarlo. No cabía un alfiler en el recinto y no digo que no estuvieran equivocados. Izal no me transmite nada, ni calidad musical ni implicación ni brillantez. Pero a la gente le entusiasma. ¿Quien está equivocado?  Me gustaría decir que yo no lo estoy pero me rindo a la evidencia. Toda la gente se equivoca menos yo porque Izal es un gran residuo de lo insoportable. Un grupo comercial liderado por un narcisista que aburre con sus largos discursos entre canciones. Musicalmente cercanos al karaoke más básico que cualquier estilo bien definido. Como casi todas las bandas en el Sonorama Ribera sonaron bien y emocionaron a una cantidad inmensa de gente que gritaba con efervesciencia todas sus canciones durante ciento viente minutos. La parte final fue un suplicio para mi y conseguir salir a ver a tiempo a Arizona Baby, un reducto de música fuera de lo comercial. Los pucelanos hacen algo que o te gusta o no porque siempre es el mismo formato y a mi me gusta. El Meister y sr. Marrón estuvieron fenomenales.

Mientras tomaba una cerveza (tras otra) sonaron Nunatak. Que me gustaron! Había una deuda pendiente del Sonorama anterior y Dorian se la cobró con elegancia y saber hacer. En el escenario principal demostraron porqué han ido conquistando mi corazón. Ese pop con base de sintetizador conquistó Aranda por la bravura de su concierto y la corrección musical con la que la hacen. Ya con el día hecho asistí solo a un par de temas de Vintage Trouble antes de ver, por desgracia para mi, el comienzo de Nancy Rubias. Es impresentable que alguien que ama la música como la gente de Art de Troya permita que un tipo vaya en playback aunque sean las tres de la mañana y con el recinto abarrotado. Y con una sesión de dj de rock dí por finalizado el SonoramaRibera 2018  musicalmente hablando porque el domingo desistimos de ir a la Plaza del Trigo, sólo a lo lejos oímos a Varry Brava. Un tipo que no despierta ningún tipo de interés musicalmente hablando.

En el Sonorama es imposible ir a todo lo que te propones y si cumples en la Plaza del Trigo te dejas grandes apuestas del Escenario Charco o Castilla y Leon. Me he quedado con las inmensas ganas de ver a Egon Soda, Marazu, La Bien Querida, Vintage Trouble, Joana Serrat, Virginia Maestro y unos cuantos más pero realmente es complejo asistir a todo lo que la agenda propone.

A nivel personal me quedo con el huracán Bunbury, la genialidad de Xoel, los maravillosos Morcheeba, la contundencia de Viva Suecia, la originalidad de Tomasito, la decencia de Erentxun y la pasión que levanta Izal.

Como aspectos negativos la vergonzosa actitud de El Cigala, la prepotencia de Gallagher, la inanición de Sidecars, la calidad musical de Izal, el deterioro de Elefantes, contratar a Nancy Rubias y la muy escasa calidad en el cartel de la Plaza del Trigo que este año se queda huérfana de citar a un grupo o artista para pedir a voz en grito su presencia en el escenario principal.

Joaquín Sabina, el eterno firmante de emociones

Joaquin Sabina

Niego que albergara esperanza de verle alguna vez. Niego que me haya emborrachado escuchando sus canciones. Niego haber cantado sus canciones en el karaoke. Niego haber enviado mensajes a horas inoportunas con alguna de sus frases. Niego haber llorado con sus versos. Lo niego todo excepto que lo citado es verdad.

Cuantos millones de personas han recitado alguna de sus canciones, han bailado con algunos de sus rockandrolles o alguno de sus valses o rumbas. Las heridas que Sabina ha cicatrizado con sus temas se han abierto en canal en otro frente, cualquiera.

El superviviente Sabina se presentó en mi vida apenas una hora antes del concierto. Es por eso que la sensación que me dejó el haber perdido la virginidad sabinera de manera tan sorpresiva ha sido fascinante. Se palpaba entre los asistentes, en su gran mayoría talluditos, un presentimiento de alegría y disfrute y por mi parte un aire burlesco de encontrarme, por fin, cara a cara con quién tantas horas ha llenado mi vida y con quien tantas veces he buscado cobijo para expresar como él solo sabe los más variados sentimientos.

Desde una posición privilegiada gracias a un buen amigo pude observar como con apenas diez minutos sobre las diez de la noche salía el de Úbeda al escenario de Multiusos Sánchez Paraíso ataviado con traje verde casi azul y bombín. Acompañado de siete formidables músicos no tardó en entonar sus primeras canciones de su último y estupendo disco “Lo niego todo”. Con los primeros acordes pude comprobar que su directo tiene intensidad aún. Que su voz rota tiene magia y que, que carajo, emociona un montón.

Aunque intentara negarlo todo al segundo tema hizo un de sus parlamentos. Y yo ahí me emocioné. Esas palabras adecuadas, sin sobrar ni una. Esa forma lenta pero enlazada de hablar. Me da igual que cante a que hable. No hay nadie que en el idioma de Cervantes utilice el español de forma más elegante, más variada, más burlesca, más canalla, más metafórica. No tengo duda en afirmar que Joaquín es el más grande de los letristas en español. No la tengo.

Es único. Un genio. Un hombre que con tres versos dice más cosas que muchos en tres folios. La elocuencia es su mayor virtud. De ahí al cielo tu boca, al cielo de la emoción, al agujero de la nostalgia, al consuelo inapetente. Sabina infinito.

Sonó bien el concierto. Quizás faltó un poco de volumen, no boicoteaba el sonido mi cerebro pero fue suficiente para sentir muy dentro de mi la intensidad de su voz rasgada, la ternura contradictoria de sus versos, la ausencia de Bendecida, la llamada del bien y el mal.

Fue introduciendo clásicos y superclásicos de esos que bailamos en las fiestas del pueblo, combinó actuaciones de la gente de su banda. Superbanda absolutamente consagrada y que no necesita presentación. Y claro, al ser mi primera vez, mis canciones preferidas que sonaron fueron como un beso dulce y largo del que nunca quería desprenderme. Un abrazo eterno a esas emociones que braman de canciones hermosas y malditas.

Sus continuos guiños a la ciudad charra fue un puente de conexión con el artista, con el cantante, con el poeta, con el trovador, con el vividor, con el superviviente. Y con una retaila de canciones muy conocidas que no voy a citar para no anticipar las posibles sorpresas en los próximos conciertos de quien pague una entrada se fue Joaquinito y su banda dos horas después de iniciar el espectáculo.

Ya me puedo morir tranquilo y puedo jurar que en casa tengo un tequila mejicano que resucita a un muerto y que, además, será con el que brindaré por tus canciones.

Gracias Joaquín

Vetusta Morla. Directos al punto sin retorno, la inmensidad.

Vetusta Morla

No busco la felicidad con cualquier música, sólo la que me emociona, la que hace palpitar este pobre corazón, la que saca a recoger un cántaro de lágrimas. Con una expectativa brutal se presentaba Vetusta Morla en Salamanca, nada menos que para comenzar la gira ibérica de presentación de “Mismo sitio, distinto lugar”. Absolutamente increible que fuera mi ciudad la escogida para tan privilegiado acontecimiento.

Debería ser un crónica hagiográfica. Un cúmulo intempestivo de alabanzas. Y puede que las merecieran. No lo dudo. Pero tuve la sensación que algo se había quedado en el camerino y no salió a envolver el genial regalo que el sexteto madrileño nos dió.

Pero Vetusta tenía un hecho que jugaba en su contra antes de comenzar. 15151 fue un espectáculo único, grandioso, temperamental, emocionante, excitante. Sin dudar ni un ápice, una de las presentaciones musicales más arrolladoras jamás vivida. Esto mismo, creaba una sensación de incuestionable duda de como podían superar aquel orgasmo musical.

El atestado Multiusos Sánchez Paraíso hirvió cuando puntuales comenzó el espectaculo sorpresivamente con la última pieza del disco que da nombre al mismo. Y sorpresivamente aquello no sonó excelso. Bien que ese pabellón no es el mejor para un concierto pero algo estaba desencajado. No me pareció dificil entender que si juntamos que era el primer concierto en donde el espectaculo visual que les acompaña tiene que encajar y cuadrar con sus temas, arranque de concierto y que no es lo mismo una prueba de sonido con el local vacio que con 5500 poseidos, podría no salir todo a las mil maravillas.

Ya en los siguientes temas el sonido se fue estabilizando y la brillantez fue ganando sitio en el espectáculo. Se sucedian los temas, tocaron el disco completo, intercalando piezas antiguas dejando a las claras que La Deriva es su disco más perturbador para las emociones, el disco que en directo levanta pasiones y que excita las sugestiones.

Su acompañamiento visual no me absorbió , no me envolvió el sentido para alejarme de todo lo externo. Es llamativo pero no embauca. Y lo que me desconcertó sobre manera es que utilizaran pequeños tramos de el espectáculo de 15151 para esta gira como se pudo ver en La deriva o El hombre del saco. Si, los montajes que se muestran en la pantalla principal siguen la linea creativa de siempre pero no me parecen estratosféricos.

Y otro detalle que también me alteró el pensamiento fue que ninguna canción de sus discos previos fuera presentada con un pequeño giro, una vuelta de tuerca, una forma diferente de cantar esa canción. Pensé que como banda creativa buscaría ya con sus cuatro discos publicados mutar alguna de las canciones para presentarla con otro pelaje.

Musicalmente el concierto iba ganando enteros. Brillantes. Mención especial para “Al respirar” y “Te lo digo a ti”. En esta ocasión su presentación en vivo con su acompañamiento audiovisual hizo ganar quilates a las canciones.

Y para concluir otra sorpresa. Algo que no fue nuevo y es que volvieron a escoger “Los días raros” para finalizar. Toda persona que haya visto, sentido y oído lo que supone que este tema cierre un concierto entenderá que no puedo expresar con unas pulsaciones a unas teclas lo que sentimos con esa canción. Lágrimas, palpitaciones, rugidos. Una eyaculación de emoción que conduce al éxtasis y que conlleva finalizar el espectáculo con un estado de ánimo infinito de alegría.

Al día después amigos míos me preguntaban si no me había gustado el concierto al leer mi primera breve valoración en alguna red social. No hay que confundir. El concierto me encantó porque Vetusta Morla me encanta, me emociona, me hacer llorar, me hace reir. Pero que le faltó algo que no se que es para catalogarlo de excelso, sublime.

Y cuando pensé que todo había acabado unas cuantas horas de la finalización del concierto, entraron cuatro de los componentes de VM en el bar que me encontraba. Tuve durante unos veinte minutos a apenas dos metros al creador de mi canción favorita del disco “Punto sin retorno”. Ahí estaba Juanma Latorre con su gente aguantando pesados y pesadas que en un lamentable estado le decían algo. El alcohol que había invadido mis neuronas no me dejó acercarme a él, afortunadamente la cordura no la abandoné. No quería una foto con él, no quería una firma. Solo me apetecía abrazarle como abrazo su canción y darle las gracias por ser tan grandes y hacernos tan inmensos durante las algo más de dos horas de concierto.

Expectativas

EB

Cuando un individuo tiene ganas de hacer algo tiene que haber un motivo anterior que le lleve a tener ilusión porque eso suceda. En otras palabras , para que tengas la ilusión de ver un trabajo nuevo de un artista te tiene que haber gustado de forma exponencial su obra anterior para luego, acertadamente, criticar su obra ya sea en un sentido u otro.
Se han creado muchas Expectativas a lo largo de años acerca de Bunbury esperando quizás su obra maestra o dando pábulo a una evolución continua, otra, del compositor zaragozano; una continua mutación.
Existen ya decenas de criticas en los medios valorando su nuevo trabajo discográfico. No seré yo el que con apenas una decena de audiciones del disco deje mi opinión poco madurada e incosistente. Cierto que ya advino alguna reliquia pero en todo caso es demasiado pronto para poder opinar con rigor más allá de la breve valoración de su sonido que es, indiscutiblemente, una delicia para los oídos.

Con una discografia tan amplia, es extraño encontrar una carrera musical tan estable y con grandes canciones en cada uno de sus trabajos

Pero lo que hoy quiero contar es porqué hemos llegado hasta aquí. Porqué hemos admirado tanto al creador maño en el pasado, porqué teníamos ganas de escuchar sus nuevas criaturas musicales.
Y estas son mis razones..: canciones.
Con ocho discos de estudio , aunque despreciaré dos, es un camino suficientemente largo y duradero de carrera musical como para mostrar mi cancionero favorito del genio de Zaragoza

  • Planeta Sur ver aqui
  • Servidor de nadie
  • Infinito
  • El extranjero
  • El viento a favor
  • Sácame de aquí
  • Lady Blue
  • … Y al final
  • Los restos del naufragio
  • El rescate ver aquí
  • No me llames cariño
  • El anzuelo
  • Una canción triste
  • Palo de mayo
  • Canto…el mismo dolor
  • Porque las cosas cambian
  • El porqué de tus silencios  ver aqui
  • Las consecuencias
  • El boxeador
  • Los habitantes
  • De todo el mundo ver aqui
  • El tiempo de las cerezas
  • Más alto que nosotros solo el cielo

Les facilito la audición. Les dejo aquí la lista de reproducción de estas canciones en Spotify

Y siento contradecirme en parte…no se pierdan una de las joyas de sus Expectativas…

Elefantes

La mejor noticia musical del año sin dudas es el regreso de Elefantes, un grupo imprescindible en mi vida y que me emocionó desde la primera vez que los oí sin conocerlos absolutamente de nada el 2 de diciembre 2000 cuando actuaron como teloneros de Bunbury dentro de su Pequeño Cabaret Ambulante.
No fui consciente de la importancia que tendría para mi tiempo futuro aquella noche en el frío y desangelador Palacio de Congresos de Salamanca. Sentado en una amplia y recostada butaca presencié la actuación de cuatro tipos que luchaban con fragor contra la incomprensión devengada de la ignorancia del público asistente. Pero una melodía y unos acordes cambiaron todo y “Si no te siento” fue el motivo de mi búsqueda de ese disco en las tiendas de música. Desde entonces, Elefantes, es sin duda alguna, uno de los grupos de mi vida.
Recientemente, el periodista Juanjo Ordás publicó en Efeeme un listado de 10 canciones imprescindibles de Elefantes. Una opinión demasiado politicamente correcta y ciñéndose a las canciones exitosas o más conocidas de la banda bien por su presentación como single o por su repercusión en medios. A mi entender, falta profundidad y salirse de la linea meramente comercial. Respetando su opinión y la de todos los lectores yo elaboro la mía en función de la emoción que me supone su escucha o la importancia que tuvo en determinado momento e incluso me permito incluir canciones maravillosamente interpretadas.
Su elaboración no tiene rango ni jerarquías, así que el orden pueden alterarlo como bien quieran ustedes.

1. Pretendes ver video aquí

2. Y sin respirar 


3. Me gustaría poder hacerte feliz


4. Piedad

 
5. Se me va

6. Azul

7. La niña morena

8. Me he vuelto a equivocar
9. Abre más ancho el camino
10. Mi estrella ver video aquí

Me permito incluir una más por brutal inspiración supuso durante un largo tiempo esta canción

Y tú sabrás que hacer