El mito

juan valdivia

Hoy es el Día Mundial Homenaje a Héroes del Silencio. Nunca lo he celebrado ni le he dado ninguna importancia. No he creido necesario darle relevancia a un día cualquiera para escuchar música de mi banda favorita, esa que desde los doce años me abre secretos que aún están dentro de mi. 

Pero algo cambió este año. No solo es que haya en Salamanca un concierto sinfoníco con las canciones de HdS. Es que entre sus asistentes haya dos miembros de Héroes. Y para mi es algo muy especial que asista Juan Valdivía, guitarrista y creador de muchas de las armonías y arpegios de las canciones del grupo zaragozano. Su particular e inconfundible modo de tocar me marcó desde muy niño. Esa limpieza musical, ese arco iris que seducía mis oidos, esa forma hilvanada de tejer melodias de guitarra. 

Si las letras fueran, son y serán evangelios rutinarios en mi día a día yo le daba una importancia vital a lo que me susurraba la guitarra de Juan Valdivia. Siempre imaginaba que quería expresar él con su guitarra. Si algo tenía que decir con su nexo con las letras porque la textura de las seis cuerdas en muchas ocasiones iba en consonancia con lo que se decía en sus versos. 

Esa inquietud algún día quisiera resolverla.

Hoy va a estar presente en la platea del auditorio. Será la vez que mas cerca le tenga. Su sola presencia hace que mis piernas tiemblen, me emocione y me inquiete.

Si dijera que no soy mitómano mentiría una vez más. No es habitual oirme decir la verdad ultimamente. Pero lo que si es cierto es que en mi lista de preferencias Juan Valdivía estaba en primera posición a la hora de desear conocer a alguno de los miembros de Héroes del Silencio. Siempre soñé con invitar a Valdivia a una cerveza. Se que le gusta, y mucho. No quiero una foto necesariamente. Solo espero una firma en el disco que llevaré, el disco que resume toda la carrera de HdS. No se si tengo más interés en ver el espectaculo musical de una banda tributo con la Joven Orquesta Sinfonica que tener la posibilidad, por breve que sea, de tener cara a cara al maestro Juan Valdivia, mi mito. Si eso ocurre, ya me podré morir tranquilo …. y tarde. 

El éxtasis

Vetusta Morla

Quién inventó la música, ya fuera de forma casual o provocada, fue alguien que seguramente no preveyó las consecuencias que tendría en la humanidad. La cantidad infinita de sentimientos que puede despertar una serie de sonidos, armonias, acordes y demás elementos musicales que eleva hacia la inmensidad la felicidad de los sentidos no los podemos meter en un solo saco.

Tengo la costumbre, creo que muy buena, de ir a conciertos que realmente me apetece ir con gente que quiero, que me importa. Compartir un deseado concierto es como compartir una buena botella de vino porque todo compartido sabe mejor. Y a este Interestelar de Sevilla he ido con la gente que, ciertamente, anhelaba volver a coincidir en un acontencimiento musical tan etéreo como ver a Morgan, Ivan Ferreiro, Mikel Erentxun…. pero sobre todos a Vetusta Morla.

A Vetusta Morla le había visto hasta entonces en cinco ocasiones, ya seis, obviamente, repartidas dos veces en cada ciudad mágica: Salamanca, Santander y Sevilla. En cada una de ellas la expectativa era diferente. En esta ocasión venía de la cara y cruz del año pasado. Musicalmente en Salamanca, el día que presentaron su disco, fue brillante y especial pero en Santander fue un calamitoso concierto a nivel músical, remendado por mi feliz estado emocional. Así que me presentaba en Sevilla a dirimir un empate. Y extrañamente en nosotros, nos postulamos muy adelantados entre la plebe, aprovechando la privilegiada posición en la que vimos a Erentxun nos hicimos fuertes en esa cuadrícula de terreno durante una hora si bien fue un tiempo entretenido con conversaciones apretados y a empujones con extraños y conocidos que dejarían de serlo en un rato.

Uno de los mejores conciertos en los que he estado. No se si musicalmente fue extraordinario pero emocionalmente siempre estuvo en la cumbre y de ahí no se bajó.

Una vez comenzó el espectáculo nos posicionamos de forma más amplia y espaciosa entre el apasionado público, entre los que nos encontrábamos. Ya desde el principio, como un flechazo sentí una conexión especial con lo que estaba sucediendo en el escenario. Percibía una energía muy empática en la banda que me llegaba a los sentidos mediante sus canciones. Y no lo tenían fácil puesto que ya con cuatro discos de estudio hay que elegir muy bien los temas a tocar. Parecia que me daba igual lo que sonara, lo importante es como me lo transmitían. Yo notaba un fuego queVetusta en Sevilla prendía la mecha de la emoción y que nunca se apagaba. Como me gusta gran parte de la obra músical de Vetusta Morla no me mostraba enfadado por la ausencia de algunos de mis temas favoritos, dígase «La deriva», «Rey Sol»o «Punto sin retorno». No me importaba, iba disfrutando una a una cada canción como si fuera la última y sobre todo recibía la energía que generaba Pucho en el escenario con su interpretación vocal y sobre todo con un movimiento encima del escenario, un ir y venir, una pasión que hacía que se infiltraran las letras de Vetusta en mi piel sin dolor alguno. Esos «Cuarteles de Invierno», esa «Copenhagen», ese «Fuego. Todas estas canciones hacia que nos miráramos entre nosotros y agitáramos las manos dando a entender el pedazo de concierto que se estaban marcando  y nos quedáramos mudos porque no acertábamos a articular palabra. Como punto álgido de esa emoción ya en la parte final del espectáculo Pucho se bajó a la arena y entre el público cantó «Mapas» y ahí estabamos nosotros. Pasó entre nuestro grupo y la sensación de tenerlo hombro con hombro mientras no dejaba de cantar fue una de las más brutales que he tenido como espectador de un concierto. Con la emoción a flor de piel enfilamos el final del concierto, intentado coger aire para los esperados «Los días raros».

Llegado a este punto cada uno de nosotros ya estaba desnudo, se había despojado de la carícatura que eramos hasta entonces. De esos problemas que lastran la felicidad o de esas ilusiones que se convierten en sueños, de esas penas, de esas mierdas, de esas nostalgias o de esos anhelos. A estas alturas con tantos versos ya cantados estábamos dispuestos a vaciarnos. Y puede ser difícil explicar que alguien llore con la música. Y no se el como ni el porqué pero había alguien abrazado a mi que aunque parezca mentira no me impedía disfrutar de mi tema favorito. Su abrazo buscaba un consuelo que era irreal pero ese desahogo me servía para contagiarme la energía de los momentos únicos. Yo no estaba pasando por el trance pero le comprendía. Quien soy yo para preguntar el porqué de su desconsuelo pero emocinado estaba de ser yo el que soportaba esa gran mole de humanidad que buscaba un hombro mientras «nos quedan regalos por abrir». El éxtasis fue inmenso, incuantificable e indescriptible. Me quedé vacio. Vacio de nostalgias, de recuerdos, de discursos. Pero lleno de energía.

El concierto fue una epopeya. No quiero estropearlo con más palabras. No debes perderte un concierto de Vetusta Morla.

La vida es un festival

Como casi todas las buenas cosas que suceden mi presencia en el festival de Santander no estaba prevista pero alguno de ellos cinco me animó e invitó formalmente a asistir y ya no si era la actuación de Vetusta Morla o que excusa musical, si es que era la principal, la que me llevó a mi primer festival desde aquel lejanísimo Viñarock del 2005. Había pasado casi una década y las condiciones del viaje era ya de un señorito, no de un joven campista calimochero. Aquel festival, celebrando además mi treinta y seis cumpleaños, quizás sea recordado por el éxtasis total y la fascinación protuberante que sufrí y recibí al ver en directo por primera vez «Los días raros» de Vetusta Morla. Y de aquella emoción nos prometimos que cada año intentaríamos repetir la convivencia comunal durante unos días con la excusa de ir a un festival.

Fue leer el nombre Vetusta Morla y hace ocho meses que compramos el abono sin conocer ni un grupo más. No importa. La sola presencia del sexteto de Tres Cantos y de la pléyade de amigos que íbamos era una buena justificación para ir. El Interestelar no dejaba nada al albur. Era apuesta ganadora segura. Pero sufrí una antinomia indescifrable. Llegué a considerarlo una caterva y había desistido en mi intención de asistir. Pero pasé el Rubicón de las dudas. Y una pequeña alteración emocional me invitó a redimirme de la idiotez. Allá vamos Sevilla, allá vamos amigos.

Aquí empezó todo.

Un festival que empieza con la mejor voz femenina de la actualidad es una razón de peso para llegar puntuales y dispuestos a soportar el enorme y sofocante calor que se espera en Híspalis a esas horas. Morgan, con Carolina de Juan a la voz, nos espera y yo voy a ser su «Sargento de hierro», esa canción que me conmueve, no voy a fallarla. Le daré otra oportunidad, la tercera a La Moda. Y después ganas muchas de ver a Zahara en concierto y ser «la bestia que cena en casa». Sin momento para el descanso seguiremos con Iván Ferreiro. Ese mismo al que en el festival origen de todo, en Santander, lo critiqué hasta la extenuación y creo que razón pues allá nos hizo tragar un concierto horroroso. Ahora es diferente. Después de haberle visto en directo unas cuantas veces me ha ganado. Tiene canciones maravillosas, especialmente su «Pensamiento circular», esa canción que me hace ser proclive a la avería y que me hace pensar, no muchas veces ni tampoco pocas, en ti. Posteriormente obviaré a Rozalen. No me gusta nada lo que hace aunque es digno de resaltar que todas sus canciones pueda ser leídas por personas sordas. Pero veré por primera vez a la murciana Kuve, todo lo que sean voces femeninas me atrae y terminaré la noche viendo a su hermano Second. No soporto a Fangoria ni tengo interés en lo que queda para esa noche.

Al día siguiente sábado, además de intentar sobrevivir al fuego del sol, empezaré con Carmen Boza. Tengo interés en saber si me gusta o no. No lo tengo claro. Luego coinciden Alice Wonder y Shinova. Dos moderneces que no me entusiasman pero que quiero volver a escuchar alguna canción a cada uno. Después de ellos llega Mikel Erentxun. Ay….Mikel. Lo veré por hacer compañía a mis amigos que quieran verlo pero solo un ratito porque casi se solapa con Tu otra bonita. Hace un tiempo te diría que es un genero de música que no me gusta. Lo reitero pero han conseguido que ,escuchando ciertas canciones y aún estando lejos de mi estilo preferido, sienta simpatía por sus temas, especialmente «Grita» y «Vamos». Seguro que lo vamos a pasar bien con su rumba. A renglón seguido uno de los platos fuertes, Depedro. Qué artistazo! Muchas ganas de ver su espectáculo. Una pena que no pueda verlo completo porque unos minutos antes de finalizar tengo que dejarlo para coger buen sitio para ver la razón de mi viaje a Sevilla: Vetusta Morla. No me importa el espectáculo que vayan a presentar. Bien sea la secuela de su última gira o algo relacionado con «Un día en el mundo». Me da igual. Me gustan ambas opciones. Vetusta Morla es el conticinio donde sólo escucho lo que ellos cuentan. Vetusta Morla es la emoción, el ir más allá. Es el ángel y demonio que llevo dentro. Es la denuncia elecuente. Es la belleza del instante. Es la metáfora imperfecta que usar en cualquier situación. Es la ira de la ilusión.

Y ese será el fin de mi festival musical porque el de la vida dura hasta el regreso. La buena compañía y una buena canción es una razón inmensa para estar feliz y para disfrutar de ellas y ellos. En Sevilla, estos días seré turista, quien sabe si en unos meses será un huesped. Hasta entonces, a disfrutar.

Viva Suecia

viva suecia

Si una canción a veces resulta que es inoportuna entonces no digamos una colección de canciones que se agrupan en un mismo formato y que incluye sin remisión esa canción. Un disco.  Resulta extraño empezar así. Y puede, seguro, que tenga razón pero la mayoría de las veces es una vitamina, un revitalizador, un cicatrizante, un regenerador, una endorfina que sugiere placer.

¿Quien no tiene una canción favorita? ¿Una favorita dentro de un ramillete de favoritas? La razón por la que lo es no importa. No es de mi incumbencia. Es maravilloso tener un tema favorito. Es simplemente evocador. Tanta emoción suscita una canción favorita que te lleva al altar de la felicidad durante los minutos que dura, instantes que no quieres que se acaben jamás. Momentos compartidos o vividos en soledad, que más da, es la felicidad, es el placer, es tu canción.

Se viene un concierto que contiene unos cuantos temas muy evocadores. Una es mi favorita del año pasado. Tan maniqueista yo que “A donde ir” solo la puedo llevar al cielo y al infierno, de paseo con un collar, y soy feliz. Una canción con energía, con una melodía tan contagiosa, con una letra tan equidistante entre el si y el no que solo produce una sinergia de optimismo, de sobrepasar todo lo que nos preocupa y ocupa.

Un concierto tan esperado desde al menos la última vez que les vi, agosto pasado en el Sonorama. Que pedazo de concierto. Que amasijo de emociones entroncadas en un camino que iba a empezar. Cuanta gente disfrutando de su directo.

Hay más enemigos en la piel de los testigos que entre aquellos que juraban contra ti.

Pero es que ahora esa magnifica colección de canciones se presenta en otro estado emocional. Tan diferente que parece que entre el verano y el inverno ha habido un eclipse fatal. Tan diferente que he conocido al dedillo todas las canciones. Ha sido para mejor. Saber que se puede escribir cuando más heridas tiene uno. Un disco germinado desde el resquebrajamiento emocional.

“Otros principios fundamentales” sabe a un te quiero y a un cuídate como acuse de recibo. Sabe a un regalo involuntario que escucho todos los días. Sabe a la profundidad de una sima emocional, a una caída inconsciente. Me sabe a un plato de jamón los viernes por la noche con una buena cervecita.. Me imagina a una llamada a las dos y cuarto sin poder dormir con los labios puestos en su cicatriz. Me recuerda a donde no ir. A kilómetros conduciendo. Me invita a tener piedad, a poner el disco con el volumen a tope hasta que se rompan los sentidos. Me sabe a una Mahou en el Bolero, me sabe a una noche de pasión sin cordura. Me recuerda que todo es posible. Me evoca al riesgo, a luchar por lo que te gusta. Me inspira al puerto de Malmoe aunque sea lo único que conozco de Suecia. Me sugiere que coja la mochila, meta el disco y me vaya.

Con principios o sin ellos se viene un sábado lleno de emociones, una cabeza a punto de estallar, un carrusel de buenas canciones que ya ,algunas, forman parte de la banda sonora de mi vida.

Esperan un par de horas de buen rock, de letras acojonantes y sobre todo de una muy buena compañia y porqué no… de ti.

Canción para hoy: «A donde ir», Viva Suecia ver aqui

Loquillo, sin novedad en el frente

Loco

El Loco en Salamanca, de nuevo. No es extraño afirmar que es el artista musical que más veces ha visitado la capital charra y provincia en los últimos 12 años. En conciertos gratuitos y de pago, de todas formas Loquillo visita Salamanca en todas giras. El público es numerosísimo, de edades talluditas en su mayoría y muchos de ellos con la sempiterna apariencia de rocker setentero. El Loco, con su cada vez menos poblado tupé y su enorme presencia sobre el escenario, de negro, con un juego de pies de movimientos seguros pero lentos. Y como dijo él en una de sus visitas, siempre en plan chulo, pero claro para él ser chulo es un arte.

Loquillo ya no impresiona. Siempre contenta a la plebe pero parece que la repetición de su espectáculo durante tantos años acaba por pasarle factura, o no, porque la asistencia fue importante, sin llenar el Multiusos Sanchez Paraíso pero con una importante presencia que rondaría los tres cuartos del aforo a pesar del elevado precio de las entradas, treinta y cinco euros la más barata para ver algo que hemos visto ya muchas veces aunque eso si, con una novedad reseñable; cada canción iba acompañada en la pantalla del escenario de un video alegórico. Un acierto para una gira retrospectiva.

Que difícil es ser humilde cuando uno es tan grande

Hablar de Loquillo es hablar de un grupo importantísimo a lo largo de mi adolescencia y juventud. Nunca he dejado de escuchar a Loquillo y algunas de sus canciones son auténticos evangelios. En momentos de exaltación siempre hay alguna frase de una canción suya para utilizar e imaginar. No deja de tener para mi un punto nostálgico y en este sentido la obligación de ir a verle de nuevo, como las otras veces, era inexcusable y además acompañado por la gente que más quieres con lo cual el componente emocional fue tremendo, excelso y excitante. La banda sonora de muchos capítulos de mi vida estaba sonando y yo visitando a la felicidad completa.

Musicalmente, pocas novedades. Un repaso muy equilibrado a su carrera, un tímido acercamiento a una parte más rockabilly con pequeño escenario más desenchufado, unos músicos excelentes y una corrección que no se puede poner en duda. Y eso fue lo que vimos, un concierto ágil, entretenido, emocionante y animado. Pero yo muy contento por la música y sobre todo por la compañía.

Sin sorpresas musicales más que la colaboración de Nat Simons en una de las últimas buenas canciones del señor Sanz. Y ya es demasiado antigua. Sin duda que el Loco es un grande, repetitivo pero grande. Falta un gramo de ambición y sobra distancia egocéntrica.

Que nunca falta una canción de Loquillo en tu vida!

 

¿Donde está Jaime?

Quiero comprar un disco. Pero no un disco cualquiera, ni siquiera un disco de mi artista favorito. Quiero ir a la tienda, a mi tienda, echar un ojo, ver sus caratulas, trastear, revolver, preguntar, escuchar. Quiero un disco que me entre por los ojos pero también que sólo me entre por los oídos porque en ese momento ambienta el local. Quiero que alguien no me moleste mientras indago en los discos de una banda que tiene elepés de todo tipo y demoro mi decisión, si es que la hay.

Jaime me llegó a caer mal, lo reconozco. Quizás fuera su sobriedad o fuera quizás sus parcas palabras. En las primeras visitas me surgían las dudas acerca de como un tipo como él podía vender un disco. Si entraba alguien hasta el fondo no sin dificultades en Radyre el tipo rubio con gafas se dirigía con rapidez y seguridad hacia el disco o película que el cliente buscaba. Esto es, no podía ser posible además que le preguntaras sobre cualquier artista o banda el tendero de discos conocía absolutamente todo, permítanme la exageración, de la búsqueda del cliente.

Mi admiración iba creciendo poco a poco, visita a visita. No llegó a conocer mi nombre ni creo que le importara, era el seguidor fanático de Héroes del Silencio o Bunbury. Y mi admiración era inmensa cuando pasaba unos minutos buscando en sus muebles llenos de discos algo que me podría interesar porque a la vez que esperaba mi decisión era capaz de atender a expertos compradores de música y como sabio que era, establecía dialogo sobre tal artista durante unos minutos.

Cuando Radyre cesó el negocio un telón negro se zurció en la sociedad salmantina aunque por suerte fue capaz de alzarlo en un nuevo establecimiento, la mítica Librería Hydría. Un nuevo enfoque a la cultura musical orientado aún más al disfrute del espacio como coartada. Un café, una revista y poder escuchar música mientras, ahora si, con un stock más reducido, le pedías cualquier disco que él te lo conseguía.

El friki de Heroes intentaba ir al menos una vez al mes, mínimo. Y en más de una ocasión, sentado tomando un café leyendo un revista, le preguntaba por la música que sonaba. Gracias a eso, conocí algunos discos que ipso facto compré gracias a Jaime. No sabía quien era el artista, tampoco me importaba. Aquello sonaba que agradaba a mis oídos. Me lo llevo, le dije tres o cuatro veces . Fuera el disco, vinilo o material que estuviera a su alcance, te lo conseguía. En Hydria pudimos ver un Jaime muy cercano, yo diria que encantador.

Pero el cierre de Hydria ha supuesto una tragedia en la cultura salmantina, en su escena tanto comercial como ilustradora. En su corriente transmisora de espacio cultural y en especial el espectro musical está vacuo de gente experta. Jaime sabía pero no era pretencioso. Jaime sabía pero preguntaba lo que podías aportar sobre el disco que te llevabas y que no conocia mucho. Jaime era….

Resulta complicado comprar un disco hoy porque apenas, sin el apenas, hay lugares interesantes para ello. Un lugar alejado simplemente de ser un colmado de novedades comerciales. Porque el último lugar donde estuvo Jaime era la panacea cultural. Una delicia para los sentidos donde un libro o un disco significaban un momento de felicidad. Al menos, han surgido algún comercio especializado en vinilos mal llamados de colección que son un pequeño rayo de luz en este sótano de la música salmantina.

Espero que algún día Jaime vuelva. Y cuanto antes… más música compraré.