El éxtasis

Vetusta Morla

Quién inventó la música, ya fuera de forma casual o provocada, fue alguien que seguramente no preveyó las consecuencias que tendría en la humanidad. La cantidad infinita de sentimientos que puede despertar una serie de sonidos, armonias, acordes y demás elementos musicales que eleva hacia la inmensidad la felicidad de los sentidos no los podemos meter en un solo saco.

Tengo la costumbre, creo que muy buena, de ir a conciertos que realmente me apetece ir con gente que quiero, que me importa. Compartir un deseado concierto es como compartir una buena botella de vino porque todo compartido sabe mejor. Y a este Interestelar de Sevilla he ido con la gente que, ciertamente, anhelaba volver a coincidir en un acontencimiento musical tan etéreo como ver a Morgan, Ivan Ferreiro, Mikel Erentxun…. pero sobre todos a Vetusta Morla.

A Vetusta Morla le había visto hasta entonces en cinco ocasiones, ya seis, obviamente, repartidas dos veces en cada ciudad mágica: Salamanca, Santander y Sevilla. En cada una de ellas la expectativa era diferente. En esta ocasión venía de la cara y cruz del año pasado. Musicalmente en Salamanca, el día que presentaron su disco, fue brillante y especial pero en Santander fue un calamitoso concierto a nivel músical, remendado por mi feliz estado emocional. Así que me presentaba en Sevilla a dirimir un empate. Y extrañamente en nosotros, nos postulamos muy adelantados entre la plebe, aprovechando la privilegiada posición en la que vimos a Erentxun nos hicimos fuertes en esa cuadrícula de terreno durante una hora si bien fue un tiempo entretenido con conversaciones apretados y a empujones con extraños y conocidos que dejarían de serlo en un rato.

Uno de los mejores conciertos en los que he estado. No se si musicalmente fue extraordinario pero emocionalmente siempre estuvo en la cumbre y de ahí no se bajó.

Una vez comenzó el espectáculo nos posicionamos de forma más amplia y espaciosa entre el apasionado público, entre los que nos encontrábamos. Ya desde el principio, como un flechazo sentí una conexión especial con lo que estaba sucediendo en el escenario. Percibía una energía muy empática en la banda que me llegaba a los sentidos mediante sus canciones. Y no lo tenían fácil puesto que ya con cuatro discos de estudio hay que elegir muy bien los temas a tocar. Parecia que me daba igual lo que sonara, lo importante es como me lo transmitían. Yo notaba un fuego queVetusta en Sevilla prendía la mecha de la emoción y que nunca se apagaba. Como me gusta gran parte de la obra músical de Vetusta Morla no me mostraba enfadado por la ausencia de algunos de mis temas favoritos, dígase «La deriva», «Rey Sol»o «Punto sin retorno». No me importaba, iba disfrutando una a una cada canción como si fuera la última y sobre todo recibía la energía que generaba Pucho en el escenario con su interpretación vocal y sobre todo con un movimiento encima del escenario, un ir y venir, una pasión que hacía que se infiltraran las letras de Vetusta en mi piel sin dolor alguno. Esos «Cuarteles de Invierno», esa «Copenhagen», ese «Fuego. Todas estas canciones hacia que nos miráramos entre nosotros y agitáramos las manos dando a entender el pedazo de concierto que se estaban marcando  y nos quedáramos mudos porque no acertábamos a articular palabra. Como punto álgido de esa emoción ya en la parte final del espectáculo Pucho se bajó a la arena y entre el público cantó «Mapas» y ahí estabamos nosotros. Pasó entre nuestro grupo y la sensación de tenerlo hombro con hombro mientras no dejaba de cantar fue una de las más brutales que he tenido como espectador de un concierto. Con la emoción a flor de piel enfilamos el final del concierto, intentado coger aire para los esperados «Los días raros».

Llegado a este punto cada uno de nosotros ya estaba desnudo, se había despojado de la carícatura que eramos hasta entonces. De esos problemas que lastran la felicidad o de esas ilusiones que se convierten en sueños, de esas penas, de esas mierdas, de esas nostalgias o de esos anhelos. A estas alturas con tantos versos ya cantados estábamos dispuestos a vaciarnos. Y puede ser difícil explicar que alguien llore con la música. Y no se el como ni el porqué pero había alguien abrazado a mi que aunque parezca mentira no me impedía disfrutar de mi tema favorito. Su abrazo buscaba un consuelo que era irreal pero ese desahogo me servía para contagiarme la energía de los momentos únicos. Yo no estaba pasando por el trance pero le comprendía. Quien soy yo para preguntar el porqué de su desconsuelo pero emocinado estaba de ser yo el que soportaba esa gran mole de humanidad que buscaba un hombro mientras «nos quedan regalos por abrir». El éxtasis fue inmenso, incuantificable e indescriptible. Me quedé vacio. Vacio de nostalgias, de recuerdos, de discursos. Pero lleno de energía.

El concierto fue una epopeya. No quiero estropearlo con más palabras. No debes perderte un concierto de Vetusta Morla.

La vida es un festival

Como casi todas las buenas cosas que suceden mi presencia en el festival de Santander no estaba prevista pero alguno de ellos cinco me animó e invitó formalmente a asistir y ya no si era la actuación de Vetusta Morla o que excusa musical, si es que era la principal, la que me llevó a mi primer festival desde aquel lejanísimo Viñarock del 2005. Había pasado casi una década y las condiciones del viaje era ya de un señorito, no de un joven campista calimochero. Aquel festival, celebrando además mi treinta y seis cumpleaños, quizás sea recordado por el éxtasis total y la fascinación protuberante que sufrí y recibí al ver en directo por primera vez «Los días raros» de Vetusta Morla. Y de aquella emoción nos prometimos que cada año intentaríamos repetir la convivencia comunal durante unos días con la excusa de ir a un festival.

Fue leer el nombre Vetusta Morla y hace ocho meses que compramos el abono sin conocer ni un grupo más. No importa. La sola presencia del sexteto de Tres Cantos y de la pléyade de amigos que íbamos era una buena justificación para ir. El Interestelar no dejaba nada al albur. Era apuesta ganadora segura. Pero sufrí una antinomia indescifrable. Llegué a considerarlo una caterva y había desistido en mi intención de asistir. Pero pasé el Rubicón de las dudas. Y una pequeña alteración emocional me invitó a redimirme de la idiotez. Allá vamos Sevilla, allá vamos amigos.

Aquí empezó todo.

Un festival que empieza con la mejor voz femenina de la actualidad es una razón de peso para llegar puntuales y dispuestos a soportar el enorme y sofocante calor que se espera en Híspalis a esas horas. Morgan, con Carolina de Juan a la voz, nos espera y yo voy a ser su «Sargento de hierro», esa canción que me conmueve, no voy a fallarla. Le daré otra oportunidad, la tercera a La Moda. Y después ganas muchas de ver a Zahara en concierto y ser «la bestia que cena en casa». Sin momento para el descanso seguiremos con Iván Ferreiro. Ese mismo al que en el festival origen de todo, en Santander, lo critiqué hasta la extenuación y creo que razón pues allá nos hizo tragar un concierto horroroso. Ahora es diferente. Después de haberle visto en directo unas cuantas veces me ha ganado. Tiene canciones maravillosas, especialmente su «Pensamiento circular», esa canción que me hace ser proclive a la avería y que me hace pensar, no muchas veces ni tampoco pocas, en ti. Posteriormente obviaré a Rozalen. No me gusta nada lo que hace aunque es digno de resaltar que todas sus canciones pueda ser leídas por personas sordas. Pero veré por primera vez a la murciana Kuve, todo lo que sean voces femeninas me atrae y terminaré la noche viendo a su hermano Second. No soporto a Fangoria ni tengo interés en lo que queda para esa noche.

Al día siguiente sábado, además de intentar sobrevivir al fuego del sol, empezaré con Carmen Boza. Tengo interés en saber si me gusta o no. No lo tengo claro. Luego coinciden Alice Wonder y Shinova. Dos moderneces que no me entusiasman pero que quiero volver a escuchar alguna canción a cada uno. Después de ellos llega Mikel Erentxun. Ay….Mikel. Lo veré por hacer compañía a mis amigos que quieran verlo pero solo un ratito porque casi se solapa con Tu otra bonita. Hace un tiempo te diría que es un genero de música que no me gusta. Lo reitero pero han conseguido que ,escuchando ciertas canciones y aún estando lejos de mi estilo preferido, sienta simpatía por sus temas, especialmente «Grita» y «Vamos». Seguro que lo vamos a pasar bien con su rumba. A renglón seguido uno de los platos fuertes, Depedro. Qué artistazo! Muchas ganas de ver su espectáculo. Una pena que no pueda verlo completo porque unos minutos antes de finalizar tengo que dejarlo para coger buen sitio para ver la razón de mi viaje a Sevilla: Vetusta Morla. No me importa el espectáculo que vayan a presentar. Bien sea la secuela de su última gira o algo relacionado con «Un día en el mundo». Me da igual. Me gustan ambas opciones. Vetusta Morla es el conticinio donde sólo escucho lo que ellos cuentan. Vetusta Morla es la emoción, el ir más allá. Es el ángel y demonio que llevo dentro. Es la denuncia elecuente. Es la belleza del instante. Es la metáfora imperfecta que usar en cualquier situación. Es la ira de la ilusión.

Y ese será el fin de mi festival musical porque el de la vida dura hasta el regreso. La buena compañía y una buena canción es una razón inmensa para estar feliz y para disfrutar de ellas y ellos. En Sevilla, estos días seré turista, quien sabe si en unos meses será un huesped. Hasta entonces, a disfrutar.

Viva Suecia

viva suecia

Si una canción a veces resulta que es inoportuna entonces no digamos una colección de canciones que se agrupan en un mismo formato y que incluye sin remisión esa canción. Un disco.  Resulta extraño empezar así. Y puede, seguro, que tenga razón pero la mayoría de las veces es una vitamina, un revitalizador, un cicatrizante, un regenerador, una endorfina que sugiere placer.

¿Quien no tiene una canción favorita? ¿Una favorita dentro de un ramillete de favoritas? La razón por la que lo es no importa. No es de mi incumbencia. Es maravilloso tener un tema favorito. Es simplemente evocador. Tanta emoción suscita una canción favorita que te lleva al altar de la felicidad durante los minutos que dura, instantes que no quieres que se acaben jamás. Momentos compartidos o vividos en soledad, que más da, es la felicidad, es el placer, es tu canción.

Se viene un concierto que contiene unos cuantos temas muy evocadores. Una es mi favorita del año pasado. Tan maniqueista yo que “A donde ir” solo la puedo llevar al cielo y al infierno, de paseo con un collar, y soy feliz. Una canción con energía, con una melodía tan contagiosa, con una letra tan equidistante entre el si y el no que solo produce una sinergia de optimismo, de sobrepasar todo lo que nos preocupa y ocupa.

Un concierto tan esperado desde al menos la última vez que les vi, agosto pasado en el Sonorama. Que pedazo de concierto. Que amasijo de emociones entroncadas en un camino que iba a empezar. Cuanta gente disfrutando de su directo.

Hay más enemigos en la piel de los testigos que entre aquellos que juraban contra ti.

Pero es que ahora esa magnifica colección de canciones se presenta en otro estado emocional. Tan diferente que parece que entre el verano y el inverno ha habido un eclipse fatal. Tan diferente que he conocido al dedillo todas las canciones. Ha sido para mejor. Saber que se puede escribir cuando más heridas tiene uno. Un disco germinado desde el resquebrajamiento emocional.

“Otros principios fundamentales” sabe a un te quiero y a un cuídate como acuse de recibo. Sabe a un regalo involuntario que escucho todos los días. Sabe a la profundidad de una sima emocional, a una caída inconsciente. Me sabe a un plato de jamón los viernes por la noche con una buena cervecita.. Me imagina a una llamada a las dos y cuarto sin poder dormir con los labios puestos en su cicatriz. Me recuerda a donde no ir. A kilómetros conduciendo. Me invita a tener piedad, a poner el disco con el volumen a tope hasta que se rompan los sentidos. Me sabe a una Mahou en el Bolero, me sabe a una noche de pasión sin cordura. Me recuerda que todo es posible. Me evoca al riesgo, a luchar por lo que te gusta. Me inspira al puerto de Malmoe aunque sea lo único que conozco de Suecia. Me sugiere que coja la mochila, meta el disco y me vaya.

Con principios o sin ellos se viene un sábado lleno de emociones, una cabeza a punto de estallar, un carrusel de buenas canciones que ya ,algunas, forman parte de la banda sonora de mi vida.

Esperan un par de horas de buen rock, de letras acojonantes y sobre todo de una muy buena compañia y porqué no… de ti.

Canción para hoy: «A donde ir», Viva Suecia ver aqui

Loquillo, sin novedad en el frente

Loco

El Loco en Salamanca, de nuevo. No es extraño afirmar que es el artista musical que más veces ha visitado la capital charra y provincia en los últimos 12 años. En conciertos gratuitos y de pago, de todas formas Loquillo visita Salamanca en todas giras. El público es numerosísimo, de edades talluditas en su mayoría y muchos de ellos con la sempiterna apariencia de rocker setentero. El Loco, con su cada vez menos poblado tupé y su enorme presencia sobre el escenario, de negro, con un juego de pies de movimientos seguros pero lentos. Y como dijo él en una de sus visitas, siempre en plan chulo, pero claro para él ser chulo es un arte.

Loquillo ya no impresiona. Siempre contenta a la plebe pero parece que la repetición de su espectáculo durante tantos años acaba por pasarle factura, o no, porque la asistencia fue importante, sin llenar el Multiusos Sanchez Paraíso pero con una importante presencia que rondaría los tres cuartos del aforo a pesar del elevado precio de las entradas, treinta y cinco euros la más barata para ver algo que hemos visto ya muchas veces aunque eso si, con una novedad reseñable; cada canción iba acompañada en la pantalla del escenario de un video alegórico. Un acierto para una gira retrospectiva.

Que difícil es ser humilde cuando uno es tan grande

Hablar de Loquillo es hablar de un grupo importantísimo a lo largo de mi adolescencia y juventud. Nunca he dejado de escuchar a Loquillo y algunas de sus canciones son auténticos evangelios. En momentos de exaltación siempre hay alguna frase de una canción suya para utilizar e imaginar. No deja de tener para mi un punto nostálgico y en este sentido la obligación de ir a verle de nuevo, como las otras veces, era inexcusable y además acompañado por la gente que más quieres con lo cual el componente emocional fue tremendo, excelso y excitante. La banda sonora de muchos capítulos de mi vida estaba sonando y yo visitando a la felicidad completa.

Musicalmente, pocas novedades. Un repaso muy equilibrado a su carrera, un tímido acercamiento a una parte más rockabilly con pequeño escenario más desenchufado, unos músicos excelentes y una corrección que no se puede poner en duda. Y eso fue lo que vimos, un concierto ágil, entretenido, emocionante y animado. Pero yo muy contento por la música y sobre todo por la compañía.

Sin sorpresas musicales más que la colaboración de Nat Simons en una de las últimas buenas canciones del señor Sanz. Y ya es demasiado antigua. Sin duda que el Loco es un grande, repetitivo pero grande. Falta un gramo de ambición y sobra distancia egocéntrica.

Que nunca falta una canción de Loquillo en tu vida!

 

¿Donde está Jaime?

Quiero comprar un disco. Pero no un disco cualquiera, ni siquiera un disco de mi artista favorito. Quiero ir a la tienda, a mi tienda, echar un ojo, ver sus caratulas, trastear, revolver, preguntar, escuchar. Quiero un disco que me entre por los ojos pero también que sólo me entre por los oídos porque en ese momento ambienta el local. Quiero que alguien no me moleste mientras indago en los discos de una banda que tiene elepés de todo tipo y demoro mi decisión, si es que la hay.

Jaime me llegó a caer mal, lo reconozco. Quizás fuera su sobriedad o fuera quizás sus parcas palabras. En las primeras visitas me surgían las dudas acerca de como un tipo como él podía vender un disco. Si entraba alguien hasta el fondo no sin dificultades en Radyre el tipo rubio con gafas se dirigía con rapidez y seguridad hacia el disco o película que el cliente buscaba. Esto es, no podía ser posible además que le preguntaras sobre cualquier artista o banda el tendero de discos conocía absolutamente todo, permítanme la exageración, de la búsqueda del cliente.

Mi admiración iba creciendo poco a poco, visita a visita. No llegó a conocer mi nombre ni creo que le importara, era el seguidor fanático de Héroes del Silencio o Bunbury. Y mi admiración era inmensa cuando pasaba unos minutos buscando en sus muebles llenos de discos algo que me podría interesar porque a la vez que esperaba mi decisión era capaz de atender a expertos compradores de música y como sabio que era, establecía dialogo sobre tal artista durante unos minutos.

Cuando Radyre cesó el negocio un telón negro se zurció en la sociedad salmantina aunque por suerte fue capaz de alzarlo en un nuevo establecimiento, la mítica Librería Hydría. Un nuevo enfoque a la cultura musical orientado aún más al disfrute del espacio como coartada. Un café, una revista y poder escuchar música mientras, ahora si, con un stock más reducido, le pedías cualquier disco que él te lo conseguía.

El friki de Heroes intentaba ir al menos una vez al mes, mínimo. Y en más de una ocasión, sentado tomando un café leyendo un revista, le preguntaba por la música que sonaba. Gracias a eso, conocí algunos discos que ipso facto compré gracias a Jaime. No sabía quien era el artista, tampoco me importaba. Aquello sonaba que agradaba a mis oídos. Me lo llevo, le dije tres o cuatro veces . Fuera el disco, vinilo o material que estuviera a su alcance, te lo conseguía. En Hydria pudimos ver un Jaime muy cercano, yo diria que encantador.

Pero el cierre de Hydria ha supuesto una tragedia en la cultura salmantina, en su escena tanto comercial como ilustradora. En su corriente transmisora de espacio cultural y en especial el espectro musical está vacuo de gente experta. Jaime sabía pero no era pretencioso. Jaime sabía pero preguntaba lo que podías aportar sobre el disco que te llevabas y que no conocia mucho. Jaime era….

Resulta complicado comprar un disco hoy porque apenas, sin el apenas, hay lugares interesantes para ello. Un lugar alejado simplemente de ser un colmado de novedades comerciales. Porque el último lugar donde estuvo Jaime era la panacea cultural. Una delicia para los sentidos donde un libro o un disco significaban un momento de felicidad. Al menos, han surgido algún comercio especializado en vinilos mal llamados de colección que son un pequeño rayo de luz en este sótano de la música salmantina.

Espero que algún día Jaime vuelva. Y cuanto antes… más música compraré.

SonoramaRibera 2018

No todos los festivales son iguales y aunque haya repetido en varias ediciones mi presencia en Aranda de Duero para disfrutar de la música, del ambiente festivalero que regala el pueblo a todos los asistentes, de la hospitalidad de todos los arandinos, todas y cada una de ellas ha tenido una característica que la hace única y especial.

Sin duda la presencia de Búnbury generó a última hora mi deseo de asistir junto a mis amigos y compañeros de las últimas ediciones . Asociado a él, el cartel no era el que a priori más me satisfacía pero las ganas de disfrutar de la música y de mis amigos empujo a desplazarnos a la localidad burgalesa. Los primeros pasos preveían una aglomeración masiva desde el primer instante la presencia en el camping de un enjambre de tiendas de campaña ha visto el recuerdo de la edición anterior dónde la masificación fue horrible. Pero sorprendentemente el presagio no se cumplió y solo en algunos instantes del sábado en el recinto sí confirmó mi miedo.

El jueves empezó con un sorprendente y poco justificado cartel en la Plaza del Trigo. Y realmente ocurrió lo previsto . Fue una mañana realmente floja que no tenía más remedio que enderezar la tarde y así ocurrió porque ni siquiera mi cambio de escenario para ver a los bercianos The Morgans alegró el panorama. Estos, cuando dejen de cantar en inglés y pongan un poquito más de energía puede que habiten en más carteles festivaleros.

Empezó el jueves en el recinto con un cartel soso y flojo, cercano a la inmolación con Tulsa y Soleá Morente. El apellido queda muy bien en cualquier cartel, el talento se quedó en la tinta. Vino a continuación el aberrante y vergonzoso espectáculo de Diego “El cigala”. Primero porque salió al escenario treinta minutos tarde y segundo porque no se dedicó a cantar sino a hacer algo parecido a balbuceos y alaridos acompasados por una excelente banda que asentía el bochorno que presenciaba. Los únicos aplausos que se llevó el caradura madrileño fueron cuando alzaba el vaso para beber su combinado de naranja. Cubata y medio se pimpló el jeta en apenas cuarenta minutos de concierto. No merece vivir más de la música.

Debido a la perniciosa actitud del cantaor el siguiente grupazo, Neuman, se vio obligado a recortar considerablemente su concierto. A los murcianos, además de mantener las formas y la corrección, le fue cortado el sonido en la última canción. A renglón seguido venía el plato fuerte de la noche: Búnbury.

Fue un concierto redondo, extraordinario, enérgico, empático y con una brillantez artística que impide que al zaragozano nadie le saca de las mas altas esferas musicales. Un concierto con un listado de canciones un tanto sorpresivo, no he querido saber lo que ha interpretado en otros festivales, pero que permitió a la plebe entregrarse. Percibí una emoción en el público, además de la mia claro está, pocas veces encontrada en ya más de las veinte ocasiones que le he visto a lo largo de su carrera.

Bunbury en Sonorama
Bunbury en Sonorama 2018

Su presencia me impidió ver por solapamiento de horario a otro de mis grupos favoritos: Egon Soda. No se lo perdono a la gente de Art de Troya. A continuación llegó una muy digna actuación de Mikel Erentxun, muy sonora y fresca. Además algún clásico de Duncan Dhu fue seguido por la multitud, que en su facción más joven, nos permite creer que hay esperanza en la deriva. Pasó después por el escenario principal Rozalen, momento que creí oportuno para cenar pues su música no es de mi agrado. Después de ello llegaron Elefantes. Me resulta muy difícil hablar de un grupo capital en mi vida pero que se aleja de la emoción que me ha hecho sentir tantos y tantos años. Su último disco es el peor de su carrera y no es digno de su trayectoria. Y lo que es peor, van flojeando en directo poco a poco. Un lento agonizar. Ojalá Shuarma y Toscano consigan reflotar el barco.

El viernes era el día de la rumba en la Plaza del Trigo. Una apuesta arriesgada en la que sólo Tomasito consiguió embrutecer a los jóvenes espectadores con un espectáculo de entrega y conexión. Fue muy digna su presencia. Club de Rio y Tu Otra Bonita pasaron, sin más, por el histórico escenario. Como sorpresa la organización colocó a La Moda a ultima hora de la mañana. Sorprendió que los burgaleses hicieran un concierto similar al de la noche. Desaprovecharon la oportunidad de demostrar su polivalencia musical con tanto instrumento, eso si, la gente se sabe bien algunas de sus canciones. A mi, no me gustan.

Llegamos al recinto para ver a Angel Stanich. Esa voz tan peculiar… como correcta su actuación. Vino posteriormente L.A. en seguramente, la apuesta mas pura por el rock. Que bien estuvo el mallorquín y que sólida su música y sonoridad. Pasamos a los insulsos Nada Surf. Buscan la empatía y la conexión con el público pero su música en directo me dejó algo frío pero era una banda de obligado cumplimiento de asistencia. Vino después de ellos la mejor actuación de la noche, Morcheeba. Tenía muchas ganas de verlos en directo por primera vez y no defraudaron los británicos que realizaron un mezcla inclasificable de soul, pop electrónico que dejó todo loco al publico citado en Aranda. Magnifica y contundente voz en directo, una minimalista puesta en escena y una sobriedad vocal cándida que me maravilló. Geniales.

Si magníficos son los últimos discos de Xoel López no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Vino después Liam Gallagher. Simplemente cantó. No se si bien o mal porque esa pose imperterríta del ingles me genera una frontera en la que no llego a entender todo su ego ni la hegemonía musical que se dice que alcanzó con su banda Oasis. No me pareció en ningún caso, una actuación destacada.

Hice un pequeño descanso para preparar el concierto esperado de Viva Suecia. No defraudaron los murcianos. Van cogiendo carrerilla. Estupendos y contundentes, un rock sonoro redondo y enérgico, melodías pegadizas y letras con contenido. Arrea el bajo y la guitarra y la profunda voz principal los convierte en protagonistas de festivales y seguro que los veremos de cabeza de cartel de muchos de ellos, ocupando su propio lugar por méritos propios.

Como ya había visto el repertorio de La Moda por la mañana opté por irme a descansar. Viernes finiquitado.

El sábado soleado se barruntaba de máxima asistencia y apelotonamiento del personal al evento pero nuestra previsión hizo de nuevo posicionarnos como estos últimos cuatro años en un lugar privilegiado de la Plaza del Trigo para ver otro mas decepcionante pase de grupos. Solo Carolina Durante fue merecedor de halagos. Un punk de los ochenta hecho bien levantó e hizo botar a la muchedumbre. La gran sorpresa de la organización fue un breve e insuficiente concierto de Lori Meyers en el que interpretaron solamente cinco o seis temas, todos ellos grandes éxitos.

Así llegamos a la traca final que con un sol de justicia nos recibió con Mi Capitán, una debilidad personal. Estuvieron bien, yo diría que más que correctos. Siguió Maga, un grupo tan insulso como innecesario en un festival así al que seguían los abominables Sidecars. No voy a decir nada para no ofender a algún lector. Si que la expectación era máxima para el siguiente concierto Xoel López. Que sencillo resulta decir: “Xoel siempre cumple” y que difícil nos resulta decir algo así como “Xoel siempre está a un nivel altísimo”. Músico por definición y ejecución, con una banda compactada, una dulce interpretación llena de vigor, fuerza, vehemencia, brío y musicalmente exquisita con el sr. Bautista a los mandos. Si magníficos son sus últimos discos no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Lo vivido a continuación raya el caos, la confusión y la contradicción. Llegó Izal para absoluta e inevitablemente petarlo. No cabía un alfiler en el recinto y no digo que no estuvieran equivocados. Izal no me transmite nada, ni calidad musical ni implicación ni brillantez. Pero a la gente le entusiasma. ¿Quien está equivocado?  Me gustaría decir que yo no lo estoy pero me rindo a la evidencia. Toda la gente se equivoca menos yo porque Izal es un gran residuo de lo insoportable. Un grupo comercial liderado por un narcisista que aburre con sus largos discursos entre canciones. Musicalmente cercanos al karaoke más básico que cualquier estilo bien definido. Como casi todas las bandas en el Sonorama Ribera sonaron bien y emocionaron a una cantidad inmensa de gente que gritaba con efervesciencia todas sus canciones durante ciento viente minutos. La parte final fue un suplicio para mi y conseguir salir a ver a tiempo a Arizona Baby, un reducto de música fuera de lo comercial. Los pucelanos hacen algo que o te gusta o no porque siempre es el mismo formato y a mi me gusta. El Meister y sr. Marrón estuvieron fenomenales.

Mientras tomaba una cerveza (tras otra) sonaron Nunatak. Que me gustaron! Había una deuda pendiente del Sonorama anterior y Dorian se la cobró con elegancia y saber hacer. En el escenario principal demostraron porqué han ido conquistando mi corazón. Ese pop con base de sintetizador conquistó Aranda por la bravura de su concierto y la corrección musical con la que la hacen. Ya con el día hecho asistí solo a un par de temas de Vintage Trouble antes de ver, por desgracia para mi, el comienzo de Nancy Rubias. Es impresentable que alguien que ama la música como la gente de Art de Troya permita que un tipo vaya en playback aunque sean las tres de la mañana y con el recinto abarrotado. Y con una sesión de dj de rock dí por finalizado el SonoramaRibera 2018  musicalmente hablando porque el domingo desistimos de ir a la Plaza del Trigo, sólo a lo lejos oímos a Varry Brava. Un tipo que no despierta ningún tipo de interés musicalmente hablando.

En el Sonorama es imposible ir a todo lo que te propones y si cumples en la Plaza del Trigo te dejas grandes apuestas del Escenario Charco o Castilla y Leon. Me he quedado con las inmensas ganas de ver a Egon Soda, Marazu, La Bien Querida, Vintage Trouble, Joana Serrat, Virginia Maestro y unos cuantos más pero realmente es complejo asistir a todo lo que la agenda propone.

A nivel personal me quedo con el huracán Bunbury, la genialidad de Xoel, los maravillosos Morcheeba, la contundencia de Viva Suecia, la originalidad de Tomasito, la decencia de Erentxun y la pasión que levanta Izal.

Como aspectos negativos la vergonzosa actitud de El Cigala, la prepotencia de Gallagher, la inanición de Sidecars, la calidad musical de Izal, el deterioro de Elefantes, contratar a Nancy Rubias y la muy escasa calidad en el cartel de la Plaza del Trigo que este año se queda huérfana de citar a un grupo o artista para pedir a voz en grito su presencia en el escenario principal.

Joaquín Sabina, el eterno firmante de emociones

Joaquin Sabina

Niego que albergara esperanza de verle alguna vez. Niego que me haya emborrachado escuchando sus canciones. Niego haber cantado sus canciones en el karaoke. Niego haber enviado mensajes a horas inoportunas con alguna de sus frases. Niego haber llorado con sus versos. Lo niego todo excepto que lo citado es verdad.

Cuantos millones de personas han recitado alguna de sus canciones, han bailado con algunos de sus rockandrolles o alguno de sus valses o rumbas. Las heridas que Sabina ha cicatrizado con sus temas se han abierto en canal en otro frente, cualquiera.

El superviviente Sabina se presentó en mi vida apenas una hora antes del concierto. Es por eso que la sensación que me dejó el haber perdido la virginidad sabinera de manera tan sorpresiva ha sido fascinante. Se palpaba entre los asistentes, en su gran mayoría talluditos, un presentimiento de alegría y disfrute y por mi parte un aire burlesco de encontrarme, por fin, cara a cara con quién tantas horas ha llenado mi vida y con quien tantas veces he buscado cobijo para expresar como él solo sabe los más variados sentimientos.

Desde una posición privilegiada gracias a un buen amigo pude observar como con apenas diez minutos sobre las diez de la noche salía el de Úbeda al escenario de Multiusos Sánchez Paraíso ataviado con traje verde casi azul y bombín. Acompañado de siete formidables músicos no tardó en entonar sus primeras canciones de su último y estupendo disco «Lo niego todo». Con los primeros acordes pude comprobar que su directo tiene intensidad aún. Que su voz rota tiene magia y que, que carajo, emociona un montón.

Aunque intentara negarlo todo al segundo tema hizo un de sus parlamentos. Y yo ahí me emocioné. Esas palabras adecuadas, sin sobrar ni una. Esa forma lenta pero enlazada de hablar. Me da igual que cante a que hable. No hay nadie que en el idioma de Cervantes utilice el español de forma más elegante, más variada, más burlesca, más canalla, más metafórica. No tengo duda en afirmar que Joaquín es el más grande de los letristas en español. No la tengo.

Es único. Un genio. Un hombre que con tres versos dice más cosas que muchos en tres folios. La elocuencia es su mayor virtud. De ahí al cielo tu boca, al cielo de la emoción, al agujero de la nostalgia, al consuelo inapetente. Sabina infinito.

Sonó bien el concierto. Quizás faltó un poco de volumen, no boicoteaba el sonido mi cerebro pero fue suficiente para sentir muy dentro de mi la intensidad de su voz rasgada, la ternura contradictoria de sus versos, la ausencia de Bendecida, la llamada del bien y el mal.

Fue introduciendo clásicos y superclásicos de esos que bailamos en las fiestas del pueblo, combinó actuaciones de la gente de su banda. Superbanda absolutamente consagrada y que no necesita presentación. Y claro, al ser mi primera vez, mis canciones preferidas que sonaron fueron como un beso dulce y largo del que nunca quería desprenderme. Un abrazo eterno a esas emociones que braman de canciones hermosas y malditas.

Sus continuos guiños a la ciudad charra fue un puente de conexión con el artista, con el cantante, con el poeta, con el trovador, con el vividor, con el superviviente. Y con una retaila de canciones muy conocidas que no voy a citar para no anticipar las posibles sorpresas en los próximos conciertos de quien pague una entrada se fue Joaquinito y su banda dos horas después de iniciar el espectáculo.

Ya me puedo morir tranquilo y puedo jurar que en casa tengo un tequila mejicano que resucita a un muerto y que, además, será con el que brindaré por tus canciones.

Gracias Joaquín