El trauma

Veinte de agosto, el día que arrojé mi alma perdida al mar. Bien podría ser el dieciocho de octubre, el quince de enero, el diez de octubre, el veintiocho de noviembre, el veintidós de julio, el seis de abril, el diecisiete de agosto… y así una retahíla de días.

Tengo en mi poder el arma arrojadiza de grabar a fuego ciertas fechas del calendario, a veces de forma selectiva pero otras cuantas de manera involuntaria que empiezan a formar parte de mis archivos memoriales imprescindibles. No siempre son buenos acontecimientos los que se quedan grabados pero en su mayoría son días que generan de uno u otro modo felicidad.

El veinte de agosto de un año atrás empezaba un sueño en una ciudad Santa. Un sueño tiene derecho a grabar a dolor una fecha? Si, claro y también a generar un trauma. Con sus heridas y cicatrices, con todo su sentido emocional.

Todas y cada una de ellas llevan momentos , escenas únicas e irrepetibles con una dosis de nostalgia que a cada una le aplico la chispa adecuada. No soy muy amigo de la reiterada visión trasera, la nostalgia es la medicina de los perdedores pero contradictoriamente me gusta en cada fecha señalada echar un ojo en forma de dardo para dar en la diana correcta de la felicidad y que ese recuerdo sea vitamina, no analgésico, para cada día que nos queda por vivir. Me gusta echar una sonrisa en cada casilla del calendario señalada para agradecer, para decir te quiero o para sentir ese aliento necesario.

Dejemos que el calendario siga generando traumas.

Canción para hoy: «Bill Murray», Izal

Ni un gramo de madurez

Cuarenta y dos años y ni un gramo de madurez. Atrás queda un año, otro más. Un año bidimensonal, dicotomico y algo trágico. Empecé con la mayor ilusión que podía tener, tan grande que minusvaloré el riesgo. Feliz, contento y con una sonrisa que me hacía dar todo lo que tenía. Hasta que entrado el nuevo año mi perfil de perdedor se dibujó sobre un cuento. Fue tan trágico el final que las lágrimas llenaron un manantial.

Noqueado y sin capacidad de reacción. De lo malo no se aprende, aprendí de las personas que generan las situaciones dolosas y sobre todo aprendí de la personas que crean un chaleco salvavidas de las situaciones trágicas.

Una llamada, una cerveza, un paseo y sobre todo unas pedaladas. Y siempre, siempre alguien en quien confiar.

Empecé a subir los puertos cuando de bueno otro zarpazo a lo más profundo del alma. Tan diferente la estocada pero la herida no dejaba de manar sangre.

Con lo bueno se gana y con lo malo se aprende.

De nuevo pedales, un hombro y a seguir. Horas de soledad peleando para llegar aún más alto. Y lo he conseguido, terminar esta puta mierda de año emocional como un toro y embestir cada pase que me tiraban.

No. No ha sido una puta mierda de año porque estaría llamando puta mierda a los míos. Ha sido un gran año porque ellas y ellos han estado. Que gran suerte tengo. Y quien no quiera estar…. Aire.

Este se presenta apasionante. Vamos a darlo todo. Y que cada desayuno sea el último.

Y tú, que eres uno de los míos, espero que me permitas seguir a tu lado.

Canción para hoy: «Hermanos de sangre», Loquillo

La duda

No se que canción escuchar ahora para fundamentar este fin de semana. No se que sentido darle; no se si la calma de estos días, no se si la nostalgia de un pasado o la inquietud del futuro.

No lo se. Tengo dudas, vivo en una duda, yo soy la duda.

Al final creo que la vida me llevó, me lleva y me llevará por caminos raros pero maravillosos.

Canción para hoy : «La vida te lleva por caminos raros», Diego Vasallo

La felicidad

El riesgo es una incertidumbre que origina endorfinas cuando disfrutas de algo que aunque parece inseguro genera una felicidad tal que ponemos en una lista de prioridades los estados emocionales a los que nos exponemos y cuando la felicidad ocupa el primer lugar, lo demás no importa.

Como le explico yo a mi madre que soy feliz cuesta abajo a sesenta por hora dibujando curvas sobre un trozo de carbono y un par de ruedas que vaya a usted a saber estén bien apretadas, con dolor de manos de apretar el freno para no estamparme barranco abajo.

Y como hacer explicar que en el sufrimiento está el placer. Como le hago entender a alguien que no le guste que subir pendientes brutales con un calor axfisiante que no me da tregua y me lleva al limite es parte contratante e indisolube del sufrimiento que me llevará a los altares de la felicidad completa, a un extasis, a una paz y a una satisfacción indescriptible.

La felicidad es un estado demasiado breve

Tengo carencias de elocuencia para ser capaz de transmitir la felicidad del domingo en la Bragança Gran Fondo. Unas carreteras cerradas al tráfico, sólo para nosotros. Gestionando las curvas sabiendo que nadie vendrá de frente, un buen asfalto y sobre todo, una compañía, disculpen la ofensa, inigualable.Comando Batuecas

Cuando haces algo con la gente que quieres todo en la vida sabe mucho mejor y se disfruta mucho más. Yo generalmente iba cerrando el trio, seguía el sedal, me motivaban a seguir su estela, su ritmo, su figura tirándose carretera abajo y pincelando cada curva, su dolor de piernas cuando íbamos cuesta arriba. Indescriptible. Feliz. Porque son los mejores.

Y al final me dieron una medalla. Y esta no la voy a tirar.. cuando la vea, cada vez que la mire, recordaré que solo con el entreno y la constancia se disfruta. No gané nada, más que amigos, pero aunque sea de madera es la medalla que vas vale del mundo. Me lo he currado, me la he ganado.

Sol

sol

No creo que sea capaz de ver a dos palmos . Nada. Estoy cegado. O más bien, ciego que no es lo mismo y no es por voluntad propia pero la deriva a veces te deja fondeando en aguas por clarificar, es un cierto mal en calma con aviso de alarma. No hay oleaje reverso porque la resaca es traicionera. Las olas, no. La deriva tampoco.

Los silencios son eternos en casa. Hay una conspiración contra las maniobras de activación. Una onda expansiva está preparada. Que buenas frases estoy descubriendo en un libro pero que poco resuenan en mi interior. Pero el interior debería ser exterior. Solo el sol altera mis letargos. Impresionante. Un día y al otro tambien. Aquí me sonrie cada tarde crepuscular. Le devuelvo la sonrisa. Somos buenos amigos. Es un privilegio poder contemplar la caída del Rey Sol. Se cae pero al día siguiente se levanta. Esplendoroso. Radiante. Contagia. Es una alegría permanente tener la posibilidad de irme a encontrar con él bajo secreto de confesión. Y lo mejor, mañana vuelve.

Canción para hoy: «Rey Sol», Vetusta Morla

Sin miedo a nada

elambulante

Sol. Aire. Amigos. Pocos factores faltan para la ecuación perfecta, idílica. La busco, es incuestionable, la ecuación. Calma.

Sin pensar. No tengo que pensar y resulta aliviador. Me he ganado el derecho a no pensar y sobre todo a no ser valiente. La última vez que me dio por ser valiente después de pensar acabé exhausto, vacío, dolorido y con un rejón hincado que ha dibujado una cicatriz difícil de descifrar. Voy a ahorrarme el sufrimiento, ¿para qué?

Que salga el sol por donde quiera y mejor aún, que se ponga por donde le plazca. Si hay que seguirte, te sigo. Si tengo que quedarme, me quedo. Que tengo que surfear las olas, se surfean. Que tengo que quitarme del medio… giro de sentido y ahí te quedas.

Tengo todo lo que necesito para vivir una tregua, pausa. Alguien debiera decirme que tengo todo lo que merezco pero como no lo voy a escuchar de voces ajenas ya estoy yo para dádivas vanidosas.

Una sonrisa, una patada al balón, los niños en el patio, jugando. Los paseos viendo caer el sol, resbala la brisa por mi frente, la mano fría de sujetar una cerveza bien fría y el altavoz sonando.

Un folio en blanco. Un bolígrafo.

Una buena compañia, un arroz, una buena conversación, un buen paseo, un buen disco, un buen libro, una cerveza. Un pueblo.  Tendrás todo lo que quieras

Lo único que me da miedo de estas semanas es algo que nunca se olvida por mucho que uno vaya creciendo. Porque si de niño, de adolescente y de joven me aterrorizaba el instante de irme a dormir en la casa de mis abuelos ahora la sensación no ha cambiado mucho. Maderas crujir, puertas golpear, cortinas vislumbrar. Yo con una almohada protegiendo mi cabeza por si venía el coco. Y sin dormirme miraba alrededor en la oscuridad más absoluta a ver si había alguien… y solo estaban mis fantasmas. La radio, mi salvoconducto infantil para disipar el miedo. Ahora, en lo que me toque ser, el miedo tiene el mismo sabor. El rechinar del suelo del sobrao, las sombras que vienen del patio, el chasquido de la cama al moverme…. Ese es el único miedo que tengo. Y lo peor… es terrible tener que pasarlo cada noche.

Empieza el verano, el verano que quiero vivir.

Canción para hoy: «Lo que te mereces», Viva Suecia

Piedad

Si empezara a enunciar los errores cometidos bajo los efectos de emociones transitorias indomables no acabaría en un buen rato. Te puedes ir a echar la siesta y al despertar seguiría enumerando días, noches, despertares, improperios y versos disfrazados que no son capaces de esconder la insensatez propia de un ser deplorable.

Piedad. Pero la justa. Una dosis indolora. Breve y frugal.

Despiertas con la ilusión de un nuevo día o con la desazón de no querer levantarse. Mientras oyes respirar a tu otro yo, le miras y le acaricias, ves un mensaje. Ridiculez absoluta. Mente infantil. Inmadurez tardía. Cansancio. Odio.

No volverá a suceder. Mentira. Mentira con sus siete letras, siete numero sagrado y mágico. Mentira.

Una canción, unas cervezas donde casi todas son de más pero todas necesarias, un indómito latido y unos dedos que dibujan un sin sentido en un teclado y está fabricado el coctel molotov. Y eres tan miserable que lo envias como si fuera a llegar a la otra trinchera. Piedad.

¿Me lo merezco? No debí estar sentado allí aquella tarde, nunca debería haber abierto puertas ni cerrar entradas.

Un buen listado de errores cometidos dan lugar a hacer inscripciones perpetuas en el camino hacía la perdición, tatuadas a lomos de la verguenza.

Y entonces? La vida te lleva por caminos raros.

Canción para hoy: «Piedad», Viva Suecia