Epístola a un amor abandonado

amor se escribe

Te dejé marchar. Me dejaste ir. No busqué cadenas que apresaran nuestro amor, no buscaste paredes que acotaran nuestro espacio. Hilvané despropósitos emocionales, cicatrizaste mi vacío con tu espacio. Pero no varió la forma de hablar, de expresar unos latidos beligerantes contra la cordura, hipnóticos destellos de amargura, vacíos versos digitales carentes de valor. Pero no encontraba el momento de rendirme y caer ,tentado por la falta de valor , al sumidero del orgullo.

No tuve miedo de silenciar por voluntad ajena cualquier cuestión que tu me escucharías, tu me aconsejarías, tu me abrazarías. Puse tu nombre en vacío , a grito pelado, reclamando tu presencia porque también sería la mia sentados al cómplice sabor del café o quien sabe de cualquier espirituoso que me alterara la parsimonia que habitaba en esta distancia tan absurda como innecesaria, carente de sentido y con la necesidad vital de abrir una senda de vuelta a la complicidad.

Y porque diste en la diana con apenas un trio de palabras que sabías que cocían algo en mi pensamiento, lo suficiente como para enganchar tus giños y focalizar lo importante de la vida. Lo importante eres tú.

La justicia poética del Bala

No pude contener la emoción y los nervios mientras veía el desenlace del Campeonato del Mundo. Junto al Comando Batuecas era incapaz de permanecer quieto durante los último veinte kilómetros del mundial. A falta de televisor en el restaurante donde me encontraba tiré de teléfono y de conexión de banda ancha para poder ver ,no sin cortes debido a la falta de cobertura, el desenlace de una de las alegrías deportivas más grandes que me he llevado. Una emoción incontenida gracias al campeonisimo resilente Alejandro Valverde.

Llevábamos mis compadres del Comando Batuecas toda la semana hablando del mundial, criticando la preparación española y analizando el recorrido. A mi me parecía excesivamente duro para el Bala, esperaba un desenlace con escaladores puros, potentes pero clásicos. Que más creer que sabes algo cuando en realidad quedó demostrado que no se nada. Valverde se coló en la terna de candidatos a diez kilómetros de meta y hasta el final fue un sin vivir que acabó de la mejor manera posible, ganando.

Valverde ha peleado el maillot arco iris siempre que ha podido, por ello es el ciclista con el mayor número de medallas, hoy ya siete. Pero unas circunstancias u otras le habían impedido siempre entrar en el sprint final para intentar acabar con el oro colgado al cuello. Ayer, lo consiguió.

La cuestión no es baladí. No es que un ciclista gane un número de medallas determinado, es que este tipo, este murciano de pocas palabras, lleva quince años ganando. Gana cuesta arriba, bajando o en plano. Compite ganando, lleva ya la friolera de ciento veintidós victorias como profesional, podiums en la tres grandes pruebas de tres semanas, ganando clásicas, peleando clasificaciones generales. Un superclase, un dotado de la naturaleza.

Es merecido que Valverde sea situado en el olimpo de los ciclistas españoles, póngale en el lugar que quieran pero no olviden como ha ganado durante toda su carrera.

Y eso que ha tenido que luchar contra el estereotipo del ciclista español y que tanto gusta al gran público, al ignorante gran público. Parece que no haber ganado el Tour de Francia es sinónimo de no ser nadie en el ciclismo. Pero se olvidan que ha ganado una Vuelta a España y que ha hecho podium en el Tour de Francia y en el Giro de Italia. Mala broma! Eso si, en el Comando Batuecas afirmamos que si no hubiera corrido a las órdenes de Eusebio Unzué habría ganado muchas más carreras. Esta sospecha no se puede demostrar pero es absolutamente verídico que la forma en que plantea las carreras el navarro le ha perjudicado en numerosas ocasiones aunque a priori resulte difícil defender tal afirmación después de superar la centena de victorias con el equipo pamplonica.

Y si, el Bala es un resilente. Ha superado una grave caída hace apenas dos años en el Tour y ya para muchos sería el ocaso de su carrera y sobre todo una suspensión de dos años por un caso muy oscuro. La gran diferencia entre Valverde y otros ciclistas que han pasado por esa condena es que Alejandro ha ganado por igual antes y después de la sanción. No puede haber sospecha cuando después de volver a la competición este tipo sigue ganando.

Llevo defendiendo tiempo que a Valverde habría que situarle a la misma altura que Indurain. Lo reitero. Antes y despúes, siempre.  Y sigo añadiendo a Contador a este trio de genios. Realmente creo que es merecido que Valverde sea situado en el olimpo de los ciclistas españoles, póngale en el lugar que quieran pero no olviden como ha ganado durante toda su carrera y la clase que destila en cada una de sus apariciones. Un genio que ,aunque sea a ojos del público no entendido, va a terminar su carrera con un triunfo mundial totalmente merecido y el inigualable honor de portar durante todo un año el maillot más bonito del mundo ciclista, el arco iris.

 

Puta boyera de mierda

La expresión que da título a esta entrada ha salido de nuestras entrañas en más de una ocasión, estoy por jurarlo. Aunque no  saliera finalmente por nuestra boca, algo en nuestro recóndito interior nos hacía ,con rabia, pensar esas palabras. Una expresión de rechazo, de profunda violencia hacia quien la dirigimos, de arrogante intolerancia. Pues bien, esa frase, pronunciada por uno de los personajes principales de “Carmen y Lola” marca uno de los puntos más álgidos de esta excepcional película, obra de Arantxa Etxevarría protagonizada magníficamente por las jóvenes Zaira Romero y Rosy Rodriguez encarnando a las protagonistas principales de esta película de amor porque lo que la directora tan brillantemente nos quiere exponer es una serie de sentimientos al sentir el primer amor de una joven gitana homosexual.

Hacía mucho tiempo y muchas películas que no me sentía tan bien viendo un largometraje tan hermoso, tan sensible, tan directo, tan natural, tan efervescente, tan etéreo. Y este sentir tan cómodo también se produce por esta ventana abierta que la obra es hacía el mundo gitano. Una obra que ha recibido críticas feroces por parte de algún colectivo gitano. Huelga decir que lo que muestra la película solo las personas que siguen los ritos y costumbres en su vida diaria están legitimadas para opinar si escapan o no a los clichés que la sociedad tenemos hacia los gitanos en particular. Pero esa ventana permite zambullirse con transparencia y frescura constantemente en las rutinas de barrios habitados por ellos. Resulta como un continuo aprendizaje para los que hemos estados siempre tan lejos de estas personas que en la película luchan, como todos, en sobrevivir al día a día.

Habría que saber como Zaira y Rosy consiguen transmitir tanto con una mirada y con sus manos. Pero si no lo se me quedaré expectante para intentar averiguarlo en sus merecidas próximas películas porque estas jóvenes demuestran un talento innato que no puede quedar en el olvido del cine español.

Es absolutamente sorprendente la naturalidad con la que la directora sumerge al espectador en la historia. Es como si hubiera infiltrado una cámara diminuta en cada uno de los personajes y ellos se mostraran completamente inmunes al recio arte de dirección por parte de alguien.

La historia transcurre de forma ágil y sin recursos morbosos ni escenas vacuas de contenido. Por momentos es un largometraje completamente costumbrista pero que no decae en intensidad del sentimiento más bonito que nos quiere mostrar: el amor. Y ese amor tan complicado entre dos jóvenes gitanas promueve al espectador hacia la ternura, hacia el deseo de felicidad.

El uso de los sentidos por parte de las actrices humaniza la película de forma salvaje: las miradas y el tacto son herramientas que embauca al espectador. Que bien dirigidas están las dos protagonistas así como todo el elenco de extras que forman las familias, el barrio…. Un sobresaliente para todas ellas ya que expresan con una naturalidad abrumadora sentimientos tan triviales como la felicidad, el miedo, la rabia y el dolor. Bravo por todas y todos !

Prófugo de la valentía no me atreví a aplaudir la cinta al finalizar la proyección. Sentía que estaba haciendo lo incorrecto pero algo dentro me quedó asentado.

Pocas veces he visto una historia de amor tan bien contada y dejemos fuera que sean lesbianas y gitanas. Es lo de menos. El amor, el que sea, el que toque a la edad que sea hay que saber contarlo y esta peli lo hacen de forma maravillosa.

¿Donde está Jaime?

Quiero comprar un disco. Pero no un disco cualquiera, ni siquiera un disco de mi artista favorito. Quiero ir a la tienda, a mi tienda, echar un ojo, ver sus caratulas, trastear, revolver, preguntar, escuchar. Quiero un disco que me entre por los ojos pero también que sólo me entre por los oídos porque en ese momento ambienta el local. Quiero que alguien no me moleste mientras indago en los discos de una banda que tiene elepés de todo tipo y demoro mi decisión, si es que la hay.

Jaime me llegó a caer mal, lo reconozco. Quizás fuera su sobriedad o fuera quizás sus parcas palabras. En las primeras visitas me surgían las dudas acerca de como un tipo como él podía vender un disco. Si entraba alguien hasta el fondo no sin dificultades en Radyre el tipo rubio con gafas se dirigía con rapidez y seguridad hacia el disco o película que el cliente buscaba. Esto es, no podía ser posible además que le preguntaras sobre cualquier artista o banda el tendero de discos conocía absolutamente todo, permítanme la exageración, de la búsqueda del cliente.

Mi admiración iba creciendo poco a poco, visita a visita. No llegó a conocer mi nombre ni creo que le importara, era el seguidor fanático de Héroes del Silencio o Bunbury. Y mi admiración era inmensa cuando pasaba unos minutos buscando en sus muebles llenos de discos algo que me podría interesar porque a la vez que esperaba mi decisión era capaz de atender a expertos compradores de música y como sabio que era, establecía dialogo sobre tal artista durante unos minutos.

Cuando Radyre cesó el negocio un telón negro se zurció en la sociedad salmantina aunque por suerte fue capaz de alzarlo en un nuevo establecimiento, la mítica Librería Hydría. Un nuevo enfoque a la cultura musical orientado aún más al disfrute del espacio como coartada. Un café, una revista y poder escuchar música mientras, ahora si, con un stock más reducido, le pedías cualquier disco que él te lo conseguía.

El friki de Heroes intentaba ir al menos una vez al mes, mínimo. Y en más de una ocasión, sentado tomando un café leyendo un revista, le preguntaba por la música que sonaba. Gracias a eso, conocí algunos discos que ipso facto compré gracias a Jaime. No sabía quien era el artista, tampoco me importaba. Aquello sonaba que agradaba a mis oídos. Me lo llevo, le dije tres o cuatro veces . Fuera el disco, vinilo o material que estuviera a su alcance, te lo conseguía. En Hydria pudimos ver un Jaime muy cercano, yo diria que encantador.

Pero el cierre de Hydria ha supuesto una tragedia en la cultura salmantina, en su escena tanto comercial como ilustradora. En su corriente transmisora de espacio cultural y en especial el espectro musical está vacuo de gente experta. Jaime sabía pero no era pretencioso. Jaime sabía pero preguntaba lo que podías aportar sobre el disco que te llevabas y que no conocia mucho. Jaime era….

Resulta complicado comprar un disco hoy porque apenas, sin el apenas, hay lugares interesantes para ello. Un lugar alejado simplemente de ser un colmado de novedades comerciales. Porque el último lugar donde estuvo Jaime era la panacea cultural. Una delicia para los sentidos donde un libro o un disco significaban un momento de felicidad. Al menos, han surgido algún comercio especializado en vinilos mal llamados de colección que son un pequeño rayo de luz en este sótano de la música salmantina.

Espero que algún día Jaime vuelva. Y cuanto antes… más música compraré.

SonoramaRibera 2018

No todos los festivales son iguales y aunque haya repetido en varias ediciones mi presencia en Aranda de Duero para disfrutar de la música, del ambiente festivalero que regala el pueblo a todos los asistentes, de la hospitalidad de todos los arandinos, todas y cada una de ellas ha tenido una característica que la hace única y especial.

Sin duda la presencia de Búnbury generó a última hora mi deseo de asistir junto a mis amigos y compañeros de las últimas ediciones . Asociado a él, el cartel no era el que a priori más me satisfacía pero las ganas de disfrutar de la música y de mis amigos empujo a desplazarnos a la localidad burgalesa. Los primeros pasos preveían una aglomeración masiva desde el primer instante la presencia en el camping de un enjambre de tiendas de campaña ha visto el recuerdo de la edición anterior dónde la masificación fue horrible. Pero sorprendentemente el presagio no se cumplió y solo en algunos instantes del sábado en el recinto sí confirmó mi miedo.

El jueves empezó con un sorprendente y poco justificado cartel en la Plaza del Trigo. Y realmente ocurrió lo previsto . Fue una mañana realmente floja que no tenía más remedio que enderezar la tarde y así ocurrió porque ni siquiera mi cambio de escenario para ver a los bercianos The Morgans alegró el panorama. Estos, cuando dejen de cantar en inglés y pongan un poquito más de energía puede que habiten en más carteles festivaleros.

Empezó el jueves en el recinto con un cartel soso y flojo, cercano a la inmolación con Tulsa y Soleá Morente. El apellido queda muy bien en cualquier cartel, el talento se quedó en la tinta. Vino a continuación el aberrante y vergonzoso espectáculo de Diego “El cigala”. Primero porque salió al escenario treinta minutos tarde y segundo porque no se dedicó a cantar sino a hacer algo parecido a balbuceos y alaridos acompasados por una excelente banda que asentía el bochorno que presenciaba. Los únicos aplausos que se llevó el caradura madrileño fueron cuando alzaba el vaso para beber su combinado de naranja. Cubata y medio se pimpló el jeta en apenas cuarenta minutos de concierto. No merece vivir más de la música.

Debido a la perniciosa actitud del cantaor el siguiente grupazo, Neuman, se vio obligado a recortar considerablemente su concierto. A los murcianos, además de mantener las formas y la corrección, le fue cortado el sonido en la última canción. A renglón seguido venía el plato fuerte de la noche: Búnbury.

Fue un concierto redondo, extraordinario, enérgico, empático y con una brillantez artística que impide que al zaragozano nadie le saca de las mas altas esferas musicales. Un concierto con un listado de canciones un tanto sorpresivo, no he querido saber lo que ha interpretado en otros festivales, pero que permitió a la plebe entregrarse. Percibí una emoción en el público, además de la mia claro está, pocas veces encontrada en ya más de las veinte ocasiones que le he visto a lo largo de su carrera.

Bunbury en Sonorama
Bunbury en Sonorama 2018

Su presencia me impidió ver por solapamiento de horario a otro de mis grupos favoritos: Egon Soda. No se lo perdono a la gente de Art de Troya. A continuación llegó una muy digna actuación de Mikel Erentxun, muy sonora y fresca. Además algún clásico de Duncan Dhu fue seguido por la multitud, que en su facción más joven, nos permite creer que hay esperanza en la deriva. Pasó después por el escenario principal Rozalen, momento que creí oportuno para cenar pues su música no es de mi agrado. Después de ello llegaron Elefantes. Me resulta muy difícil hablar de un grupo capital en mi vida pero que se aleja de la emoción que me ha hecho sentir tantos y tantos años. Su último disco es el peor de su carrera y no es digno de su trayectoria. Y lo que es peor, van flojeando en directo poco a poco. Un lento agonizar. Ojalá Shuarma y Toscano consigan reflotar el barco.

El viernes era el día de la rumba en la Plaza del Trigo. Una apuesta arriesgada en la que sólo Tomasito consiguió embrutecer a los jóvenes espectadores con un espectáculo de entrega y conexión. Fue muy digna su presencia. Club de Rio y Tu Otra Bonita pasaron, sin más, por el histórico escenario. Como sorpresa la organización colocó a La Moda a ultima hora de la mañana. Sorprendió que los burgaleses hicieran un concierto similar al de la noche. Desaprovecharon la oportunidad de demostrar su polivalencia musical con tanto instrumento, eso si, la gente se sabe bien algunas de sus canciones. A mi, no me gustan.

Llegamos al recinto para ver a Angel Stanich. Esa voz tan peculiar… como correcta su actuación. Vino posteriormente L.A. en seguramente, la apuesta mas pura por el rock. Que bien estuvo el mallorquín y que sólida su música y sonoridad. Pasamos a los insulsos Nada Surf. Buscan la empatía y la conexión con el público pero su música en directo me dejó algo frío pero era una banda de obligado cumplimiento de asistencia. Vino después de ellos la mejor actuación de la noche, Morcheeba. Tenía muchas ganas de verlos en directo por primera vez y no defraudaron los británicos que realizaron un mezcla inclasificable de soul, pop electrónico que dejó todo loco al publico citado en Aranda. Magnifica y contundente voz en directo, una minimalista puesta en escena y una sobriedad vocal cándida que me maravilló. Geniales.

Si magníficos son los últimos discos de Xoel López no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Vino después Liam Gallagher. Simplemente cantó. No se si bien o mal porque esa pose imperterríta del ingles me genera una frontera en la que no llego a entender todo su ego ni la hegemonía musical que se dice que alcanzó con su banda Oasis. No me pareció en ningún caso, una actuación destacada.

Hice un pequeño descanso para preparar el concierto esperado de Viva Suecia. No defraudaron los murcianos. Van cogiendo carrerilla. Estupendos y contundentes, un rock sonoro redondo y enérgico, melodías pegadizas y letras con contenido. Arrea el bajo y la guitarra y la profunda voz principal los convierte en protagonistas de festivales y seguro que los veremos de cabeza de cartel de muchos de ellos, ocupando su propio lugar por méritos propios.

Como ya había visto el repertorio de La Moda por la mañana opté por irme a descansar. Viernes finiquitado.

El sábado soleado se barruntaba de máxima asistencia y apelotonamiento del personal al evento pero nuestra previsión hizo de nuevo posicionarnos como estos últimos cuatro años en un lugar privilegiado de la Plaza del Trigo para ver otro mas decepcionante pase de grupos. Solo Carolina Durante fue merecedor de halagos. Un punk de los ochenta hecho bien levantó e hizo botar a la muchedumbre. La gran sorpresa de la organización fue un breve e insuficiente concierto de Lori Meyers en el que interpretaron solamente cinco o seis temas, todos ellos grandes éxitos.

Así llegamos a la traca final que con un sol de justicia nos recibió con Mi Capitán, una debilidad personal. Estuvieron bien, yo diría que más que correctos. Siguió Maga, un grupo tan insulso como innecesario en un festival así al que seguían los abominables Sidecars. No voy a decir nada para no ofender a algún lector. Si que la expectación era máxima para el siguiente concierto Xoel López. Que sencillo resulta decir: “Xoel siempre cumple” y que difícil nos resulta decir algo así como “Xoel siempre está a un nivel altísimo”. Músico por definición y ejecución, con una banda compactada, una dulce interpretación llena de vigor, fuerza, vehemencia, brío y musicalmente exquisita con el sr. Bautista a los mandos. Si magníficos son sus últimos discos no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Lo vivido a continuación raya el caos, la confusión y la contradicción. Llegó Izal para absoluta e inevitablemente petarlo. No cabía un alfiler en el recinto y no digo que no estuvieran equivocados. Izal no me transmite nada, ni calidad musical ni implicación ni brillantez. Pero a la gente le entusiasma. ¿Quien está equivocado?  Me gustaría decir que yo no lo estoy pero me rindo a la evidencia. Toda la gente se equivoca menos yo porque Izal es un gran residuo de lo insoportable. Un grupo comercial liderado por un narcisista que aburre con sus largos discursos entre canciones. Musicalmente cercanos al karaoke más básico que cualquier estilo bien definido. Como casi todas las bandas en el Sonorama Ribera sonaron bien y emocionaron a una cantidad inmensa de gente que gritaba con efervesciencia todas sus canciones durante ciento viente minutos. La parte final fue un suplicio para mi y conseguir salir a ver a tiempo a Arizona Baby, un reducto de música fuera de lo comercial. Los pucelanos hacen algo que o te gusta o no porque siempre es el mismo formato y a mi me gusta. El Meister y sr. Marrón estuvieron fenomenales.

Mientras tomaba una cerveza (tras otra) sonaron Nunatak. Que me gustaron! Había una deuda pendiente del Sonorama anterior y Dorian se la cobró con elegancia y saber hacer. En el escenario principal demostraron porqué han ido conquistando mi corazón. Ese pop con base de sintetizador conquistó Aranda por la bravura de su concierto y la corrección musical con la que la hacen. Ya con el día hecho asistí solo a un par de temas de Vintage Trouble antes de ver, por desgracia para mi, el comienzo de Nancy Rubias. Es impresentable que alguien que ama la música como la gente de Art de Troya permita que un tipo vaya en playback aunque sean las tres de la mañana y con el recinto abarrotado. Y con una sesión de dj de rock dí por finalizado el SonoramaRibera 2018  musicalmente hablando porque el domingo desistimos de ir a la Plaza del Trigo, sólo a lo lejos oímos a Varry Brava. Un tipo que no despierta ningún tipo de interés musicalmente hablando.

En el Sonorama es imposible ir a todo lo que te propones y si cumples en la Plaza del Trigo te dejas grandes apuestas del Escenario Charco o Castilla y Leon. Me he quedado con las inmensas ganas de ver a Egon Soda, Marazu, La Bien Querida, Vintage Trouble, Joana Serrat, Virginia Maestro y unos cuantos más pero realmente es complejo asistir a todo lo que la agenda propone.

A nivel personal me quedo con el huracán Bunbury, la genialidad de Xoel, los maravillosos Morcheeba, la contundencia de Viva Suecia, la originalidad de Tomasito, la decencia de Erentxun y la pasión que levanta Izal.

Como aspectos negativos la vergonzosa actitud de El Cigala, la prepotencia de Gallagher, la inanición de Sidecars, la calidad musical de Izal, el deterioro de Elefantes, contratar a Nancy Rubias y la muy escasa calidad en el cartel de la Plaza del Trigo que este año se queda huérfana de citar a un grupo o artista para pedir a voz en grito su presencia en el escenario principal.

Rondando la muerte

No debería ser posible que el miedo rondara mi mente aún más cuando se trata de realizar una actividad para el disfrute y la felicidad. Es como si piensas, cuando te vas a comer algo que te apetece mucho, en todo lo malo que ello conlleva. Seguramente el mordisco no conllevará tanta satisfacción, piensas en que puede finalizar todo eso.

No tengo miedo a que maten pero realmente sería una putada porque me lo estoy pasando bastante bien y creo que aún me quedan muchas escenas por interpretar, actos que realizar y guiones que teatralizar. Y jamás hubiera pensado en relacionar ciclismo y muerte más allá que en desgraciados y casuales accidentes o caídas fortísimas relacionadas con la propia e inocente actividad que es montar en bicicleta.

No tengo miedo a que me maten pero siento más respeto por las carreteras cuando ejerzo de conductor de coche que como ciclista. Por lo tanto esta doble perspectiva me permite afirmar sin dubitaciones que la convivencia entre ambos medios es posible y además que será inevitable. Donde yo veo un metro estrecho de asfalto yo veo un suficiente espacio para circular en condiciones de seguridad con mi bici. Hay que entender que un ciclista tiene que realizar gestos que puede que le hagan perder la linea recta pero que si un conductor respeta la distancia de seguridad ese desvío no tendrá consecuencias fatales.

No tengo miedo que me maten pero si eso sucede además de matarme a mi matan a mi familia, a mis amigos. Eso si que es una gran putada. Y no se lo merecen.

No preparo una salida en bicicleta esperando la muerte pero nos hacen pensar en ella más de lo necesario después del gran aumento de accidentes en los últimos años. Es más casi ni lo pienso pero si que hay momentos en los que te hacen reflexionar seriamente si merece la pena intentar ser feliz.

La bicicleta de carretera, el ciclismo me genera una felicidad enorme ya sea en épocas que estas preparando una prueba o simplemente por uso y disfrute de un deporte tan hermoso y que te lleva tan lejos en todos los sentidos. Hace que fisicamente estés fino y mentalmente ocupado. Eso si, aunque hay días que hubiera sido mejor no salir al día siguiente tienes el beneficio de esa salida tan mala.

No podemos dejarnos vencer por el miedo. Tenemos derecho ser felices, todas y todos.

España, el fracaso de los otros

España

Terminó el mundial para España. Una Copa del Mundo en donde se preveía que España estaría cerca del título y que en ningún momento dio sensación de poder cumplir esa previsión. El dicho “Lo que mal empieza mal acaba” no se cumplió en el mundial del 2010 pero en este campeonato algo que no empezó con normalidad pudo decisivamente, o no, influir en la mentalidad de los jugadores.

Con mucha rabia escucho en las radios y leo los diarios la palabra fracaso. Y puedo hacer este artículo desde varias aristas. Opinando sobre lo que dicen los demás u opinando libremente desde el punto de vista futbolístico. Después de un debate que apenas ha durado un instante, me quedo con la segunda vertiente.

Siempre he defendido que en el deporte no existe el fracaso cuando uno intenta vencer por todos los medios, sobre todo por los del esfuerzo y la insistencia. Por primera vez, tengo la sensación de que el conjunto español no dio todo lo que tenía entre sus piernas. Puede seguramente que a este bloqueo técnico le acompañó una obturación mental. Para quedar campeón tiene que ocurrir una concatenación de factores que en este caso muchos no se llegaron a producir.

El talento. El talento ha sido el camino por el que España ha sido campeón como nadie en la historia entre 2008 y 2012. Y el equipo hispano de esta edición era especialmente talentoso de tres cuartos para adelante en campo atacante. Los Isco, Iniesta, Asensio, Aspas, Silva se presentaban directores de una orquesta que desafinó con el elemento indispensable en este juego: el balón. A excepción de largos tramos durante el partido contra Portugal, los de rojo no han sido superiores a ningún rival con el esférico entre los pies porque ha faltado en gran medida el acompañante perfecto a el balón: el movimiento. En muchos tramos del torneo España parecía un brillante equipo de balonmano, circulando con seguridad el balón pero sin filtrar pases interiores para irrumpir entre lineas del equipo rival. Solo destellos de Isco y alguna arrancada con el balón pegado al pie de Iniesta lograron derribar los entramados defensivos rivales.

Este torneo, nos deja la conclusión de que Costa no ha nacido, futbolisticamente, en España. Aún siendo el brasileño de lo más decente del equipo hispano ha destacado cuando ha sido un islote en medio del océano. Así el primer gol a Portugal o el gol contra Irán son reflejo de las características del bueno de Diego pero que deja bien a las claras que el asociacionismo no es su mejor virtud porque su juego de buscarse la vida perjudica enormemente a los peloteros españoles.

El Mundial deja muy señalado a De Gea, Silva y Asensio. Cada uno en su parte de responsabilidad. Así como Ramos , Koke, Piqué. Solo Isco pareció rendir al nivel necesario para avanzar rondas. Y eché de menos a Morata.

Futbolísticamente España solo ha jugado de manera brillante un largo periodo en el partido contra Portugal. Fue un partido duro y de mucho valor, saber reponer a la adversidad de un gol tempranero y España demostró carácter, el mismo que le ha faltado el resto del campeonato. El resto del torneo esperábamos más de todos, especialmente de Silva y Asensio. Ni atrevimiento, ni osadía, ni carácter, ni movimiento. Nada. Han rondado la palabra fracaso. Entiendo el fracaso como la ausencia de una voluntad. Muchos jugadores han estado muy cerca de ello si no llega a ser por su voluntariosa entrega en todos los partidos hubiera, por primera vez en mi vida, utilizado la palabra que tanto gusta a los opinadores.

Pero el estrépito fue también coral en el ámbito defensivo. Resulta increíble que unos equipos tan limitados con balón como Rusia e Irán al cruzar el medio campo parecieran estrellas rutilantes del universo futbolístico y que con unos conceptos básicos bien aplicados aparentaban ser unos jugadores absolutamente letales. Con el balón, el rival se sintió cómodo porque España nunca presionó el balón, los jugadores españoles se postraban a metro y medio del esférico, agachando el culo, reculando pero nunca presionando. Aguantaban, aguantaban hasta que el rival ya estaba en metros finales. Conducciones de pelota absolutamente normales se convertían en avances asesinos por la pasividad defensiva. Así se han generado errores, se han concedido saques de esquina, saques de banda, multitud de situaciones de superioridad del rival…

En fin, que la falta de intensidad, carácter y voluntad de los jugadores añadido a la tardanza excesiva de toma de decisiones del entrenador ha dejado a España apeado por el título.

Y sí, De Gea tiene su parte de culpa pero como todos. Cierto que falló en su mayor cualidad, atajar bajo palos, pero la cuestión es que quien le pone sabe que el arquero español no sale ni un metro de la linea de gol. Por tanto, está en la misma coyuntura que Costa; su juego no se asemeja al que quiere hacer el equipo nacional de España. Por tanto, también algo de culpa tiene quien los alinea porque calidad ellos tienen. Solo hay que ponerlos en la situación adecuada.

Por tanto, tendremos que esperar al mes de diciembre de 2020 en Catar para intentar conseguir la segunda estrella