Un paseo carnal

No fue la casualidad pero quién sabe si fue el destino lo que me llevó a una habitación enormemente luminosa, decorada tan desnuda que el minimalismo a su lado es un concepto desmesurado.

No me hizo apenas pasar por el salón ni siquiera me ofreció algo de beber, me pasó directamente al habitáculo donde se suponía culminaríamos una noche de entretenimiento adornado con diálogos con sustancia sobre experiencias amorosas previas salpicadas de ironía e indirectas. También hablamos de deporte, desde lo que le gusta el baloncesto a lo que me gusta el senderismo. Hablamos de viajes, de las decenas que ella hizo y de los poquitos con los que de anécdotas pude yo contribuir a hilvanar sus palabras. No tuve tiempo ni de pasar por el servicio, apenas de pedir nada. Me vi hundido en su mullido y acogedor colchón debajo de ese cuerpo bendito que tanto se perfila y moldea a su gusto. De actitud cariñosa a la más lasciva de sus intenciones. Enredado entre sábanas, besos y revolcones se pasó la noche hasta que a el día le dio por nacer.

Apoyado sobre el cabecero de su cama, observándola durmiendo y apurando mi primer cigarro del día me preguntaba una y otra vez como esa mujer de tan suntuosa cultura que no dejaba nada al albur podía haber consumado conmigo esa noche de otoño, fría. La mañana parecía igual y yo sin apenas hacer ruido me vestí y me fui impresionado y con una antinomia infinita.

Al llegar a casa, cansado y aturdido, hice le desayuno lentamente para intentar digerir lo sucedido. Cuando sentado en el salón mirando hacia la ventana, degustando mi café con tostada el inmisericorde teléfono sonó insistentemente en forma de mensajes de WhatsApp. Los obvie, no quería leer lo que ella, lo que supuestamente ella me decía y que yo quería dejar pasar. No era mujer para mi, pensaba contradictoriamente. Me desentendí de mensajes sucesivos, hasta casi diez.

Acabé el café, encendí un pitillo y me quedé dormido.

Casi a la hora de comer abrí un ojo y desorientado me vi vestido y abrumado. Como si el alcohol a raudales hubiera invadido mi mente tuve unos segundos que no sabía ni donde estaba ni que hacía. Pero era mi casa, mi hogar, mi sitio. Por un instante, todo volvió al orden. Pero no recordaba que no quería leer los mensajes que me habían llegado al móvil y volviendo al ritual de cada despertar vi que había casi diez mensajes de alguien tan especial como misteriosa para mi. Tan prohibida como deseada. Y nada más y nada menos que en sus mensajes me lanzó la invitación a quedar por la tarde a tomar unas cervezas….

continuará

 

Un tipo normal

M inutos antes de que sonara el despertador he abierto el ojo, me he girado y he puesto mi mano sobre tu barriga.

Ha sonado el reloj, me has dado un beso y hemos jurado en hebreo por tener que levantarnos.

He subido la persiana y sin acabar el bostezo he tropezado con tus zapatillas de andar por casa.

He despertado, he intentado mejor dicho, despertar a los niños.

He preparado tu vaso de leche con Cola-Cao en el microondas y también el de los enanos. Ellos han tomado Eko.

He preparado mi café, mi zumo natural y mi tostada de tomate, jamón y aceite. Y con estas nos hemos sentado a desayunar juntos.

Despúes de pelearme con los críos por no querer vestirse has llegado tú como cada día a conseguirlo. Y ya estabas radiante cuando has ido a su habitación.

Te has ido a llevarlos al cole y mientras yo he recogido la casa, un poco por encima.

Me he ido a trabajar. He trabajado. He salido puntual para llegar al colegio pero no resultó sencillo aparcar y finalmente he llegado con el tiempo justo para saludar a otras madres y padres mientras los peques salían recordándome lo que teníamos que hacer hoy.

Les he dado la merienda en el parque y les he llevado al conservatorio.

Me he ido a casa y ya habías llegado tú. Estabas radiante.

He ajustado la tornillería de una estantería que estaba medio caída y he salido a por los niños al conservatorio.

Al salir se me ha olvidado darte un beso aunque te he visto y te he oído.

– Un beso! No tardeis!, me has gritado.

Hemos regresado caminando lentamente desde el conservatorio a casa pasando por el supermercado para comprar unas cuantas cervezas y algo para completar la cena.

Al llegar a casa los niños te han comido a besos, estabas radiante.

Me he sentado con la niña a hacer unas pocas tareas mientras me contaba lo que había hecho en clase.

Ya empezado el partido de fútbol me he sentado para verlo mientras abría una cervecita con su trocito de queso.

En el descanso he acostado al crío previa lectura del libro del camión de bomberos que tanto le gusta.

He vuelto al salón para ver finalizar el fútbol y cuando eso pasó tú estabas en tu escritorio escribiendo algo en tus apuntes.

Me he sentado en la mecedora a leer el libro que estoy leyendo y a la cuarta página me ha entrado el sueño.

He ido a la cama y allí estabas, dormida y radiante.

Y así casi sin hablar se ha pasado el día. Y quien sabe si otro. Y el siguiente del otro.

La naranja podrida

A los que hemos nacido bajo el inigualable cobijo de la democracia siempre nos han educado en el respeto a las ideas de los demás y a los que antes o después nos ha interesado la política dentro del régimen de convivencia y decisión nos atrae saber que piensan unos y otros y lo que dicen los otros y unos. Resulta necesario construir un pensamiento, un criterio y un ideario para ser fiel y poder realizar tu camino de vida con unos principios definidos y luchar por lo que uno cree. Tener el poder de creer cambiar tu entorno con ideas. Y ese area cada vez es más grande y más y entonces afecta a un grupo de población.

La breve historia democrática de nuestro bendito país nos ha deparado un bipartidismo solo salpicado por los años de gobierno de la UCD. Desde 1982 había un escenario demasiado delimitado. El PSOE, el PP, el PC y después Izquierda Unida y toda una retahíla de partidos nacionalistas, regionalistas e independentistas favorecidos por la ley D’hont para elegir los representantes en el Congreso de los Diputados han habitado con cierta comodidad en la vida parlamentaria y política. Durante lustros la resignación habitaba en el pensamiento de las personas que ansiaban un cambio radical en las políticas de unos u otros. O gobernaban los socialistas o gobernaban los conservadores y en las regiones con fuerte presencia de partidos locales, el poder y mando estaba de su lado. Los 21 escaños de Izquierda Unida en 1996 resultaban unas cosquillas en la democracia bipartidista. Para nada valían los millones de votos de estos partidos porque la ley estaba también del lado de los partidos hegemónicos.

Afortunadamente, mediada la primera década del siglo XXI irrumpen desde los más bajo de la repercusión mediática Ciudadanos y UPyD que consiguen representación en los parlamentos regionales y nacionales. Tras el huracán del 11-M, nace Podemos. Parece que el circo va a tener más artistas. Ya son más protagonistas en el arco político con lo que ello conlleva.

Ciudadanos es uno de estos nuevos protagonistas en la vida política española y Albert Rivera el aglutinador del carisma del partido naranja. Durante muchos años se conocía “siutatans” (sic) como el partido de Rivera. No había ningún otro rostro que personalizara la idea de Ciudadanos. Ese joven y guapo apuesto hombre era la cara que la política no tenía. Un tipo que desde el principio destacó por una telegenia abrumadora, un discurso ágil, fresco, rápido y enlazado aunque fuera a costa de decir contradicciones que se pasaban continuamente por alto. Un juego de manos más rápido que el de cualquier boxeador y un léxico amplio y sencillo de entender y una elocuencia demagógica inmensa le proporcionaban muchas horas en los medios de comunicación nacionales. Resultaba paradójico su discurso plano en emoción porque ese nivel aún siendo continuo en entonación era tajante en afirmación.

No hay mayor populismo que llenar de posverdades el oído del ciudadano. Que pena que en este país hay un nulo sentido crítico de la política

Cuando ya el poder no se asentaba solo en los dos grandes partidos históricamente gobernantes Ciudadanos siguió un camino fácil. Apoyo donde me convenga, con quien convenga como convenga. Que más da que en algún momento nos declararamos socialdemocrátas si podemos fusionarnos o absorber a un partido que abraza principios de todo tipo.

Cuando en las elecciones regionales de 2015 el panorama quedó tan disperso en cuanto a voluntad popular el partido del amigo Albert no dudó bajo el falso e hipócrita argumento de la regeneración tomar decisiones y posiciones diferentes en función del territorio y de los cabecillas a los que tenía que apoyar. Que más da Madrid que Andalucia, La Rioja que Castilla y León, Salamanca que Santander.

Resulta preocupante, desde el punto de vista ideológico y de principios, el barco en que se ha convertido Ciudadanos. Nunca mejor dicho, a la deriva y según el oleaje golpea su casco dicen o hacen diferente. Todas esas virtudes que Rivera posee desde el inicio de su vida política son hoy un lastre para la dignidad política. Un populismo emborrachado de bandera rojigualda embadurna sus continuas contradicciones que regularmente expone en los medios de comunicación. Recién le llegué a oír decir que el rey representaba la soberanía popular. No podía creer que ninguno de los periodistas que estaban en esa tertulia le apercibiera de su error, no se si voluntario o inconsciente pero cometido dentro de esa verborrea sin sentido político y solo demagógico. Así mismo el ciudadano Rivera acusa constantemente a los políticos de un lado del arco parlamentario de populista sin caer en la cuenta que hoy día no hay mayor populismo que llenar de posverdades el oido del ciudadano. Que pena, eso si, que en este país hay un nulo sentido crítico de la política como ideario a seguir.

Mira que está mal votar al Partido Popular pero votar a Ciudadanos es sin duda la decisión más errónea que hay hoy. Un partido lleno de rebotados con carrera conservadora que están dentro de una organización que dicen ser progresistas liberales. En fin, un cúmulo de despropósitos. Un vacío ideológico y un postura antinómica, repleta de intereses y contradicción.

Loquillo, sin novedad en el frente

Loco

El Loco en Salamanca, de nuevo. No es extraño afirmar que es el artista musical que más veces ha visitado la capital charra y provincia en los últimos 12 años. En conciertos gratuitos y de pago, de todas formas Loquillo visita Salamanca en todas giras. El público es numerosísimo, de edades talluditas en su mayoría y muchos de ellos con la sempiterna apariencia de rocker setentero. El Loco, con su cada vez menos poblado tupé y su enorme presencia sobre el escenario, de negro, con un juego de pies de movimientos seguros pero lentos. Y como dijo él en una de sus visitas, siempre en plan chulo, pero claro para él ser chulo es un arte.

Loquillo ya no impresiona. Siempre contenta a la plebe pero parece que la repetición de su espectáculo durante tantos años acaba por pasarle factura, o no, porque la asistencia fue importante, sin llenar el Multiusos Sanchez Paraíso pero con una importante presencia que rondaría los tres cuartos del aforo a pesar del elevado precio de las entradas, treinta y cinco euros la más barata para ver algo que hemos visto ya muchas veces aunque eso si, con una novedad reseñable; cada canción iba acompañada en la pantalla del escenario de un video alegórico. Un acierto para una gira retrospectiva.

Que difícil es ser humilde cuando uno es tan grande

Hablar de Loquillo es hablar de un grupo importantísimo a lo largo de mi adolescencia y juventud. Nunca he dejado de escuchar a Loquillo y algunas de sus canciones son auténticos evangelios. En momentos de exaltación siempre hay alguna frase de una canción suya para utilizar e imaginar. No deja de tener para mi un punto nostálgico y en este sentido la obligación de ir a verle de nuevo, como las otras veces, era inexcusable y además acompañado por la gente que más quieres con lo cual el componente emocional fue tremendo, excelso y excitante. La banda sonora de muchos capítulos de mi vida estaba sonando y yo visitando a la felicidad completa.

Musicalmente, pocas novedades. Un repaso muy equilibrado a su carrera, un tímido acercamiento a una parte más rockabilly con pequeño escenario más desenchufado, unos músicos excelentes y una corrección que no se puede poner en duda. Y eso fue lo que vimos, un concierto ágil, entretenido, emocionante y animado. Pero yo muy contento por la música y sobre todo por la compañía.

Sin sorpresas musicales más que la colaboración de Nat Simons en una de las últimas buenas canciones del señor Sanz. Y ya es demasiado antigua. Sin duda que el Loco es un grande, repetitivo pero grande. Falta un gramo de ambición y sobra distancia egocéntrica.

Que nunca falta una canción de Loquillo en tu vida!

 

La belleza de Bárbara

Lennie

Hay actrices y actores que están dotados de un don que generalmente como algo intangible resulta inexplicable y difícilmente comprensible. No valoro si Bárbara Lennie es fea o es guapa, no me importa si cumple mis cánones de belleza tradicionales o los estereotipos tan odiosos de alguien como el que puede leer estas letras o si está dentro del círculo de dimes y diretes de la sociedad. No cuestiono sus curvas, su constitución ni su aspecto. Lo que me deja perplejo de esta actriz es su talento y su empatía para representar sus papeles como intérprete. Puede que sus ojos almendrados colaboren en fijar la mirada en los objetivos que sus directoras y directores la marcan, pero ella y solo ella puede describir y definir con incuestionable certeza su enigmática mirada en sus papeles a lo largo de su carrera.

Lennie es magnética, atrae los silencios y la calma como pocos actores y actrices. Mimetiza todo lo concerniente a su expresión. Sufro de una atracción, no se si fatal, hacia este tipo de personas pero  ella consigue que varias de sus películas supongan un áurea profesional. Con ella me sucede algo que también me ocurre con compañeros de profesión. Por ejemplo con David Trueba, León de Aranoa, Javier Bardem y en menor medida con George Cloney o Brad Pitt. Hagan lo que hagan estos tipos se que me va a interesar su trabajo. Luego me gustará más o menos pero me han convencido tanto hasta ahora que tengo una predisposición positiva para ver sus trabajos.

La belleza de Bárbara lo justifica todo

He visto Petra y me ha sucedido igual que en otras películas suyas como Magical Girl, María (y los demás) o Contrapunto donde su personaje centra gran parte de la trama y absorbe una gran cuota de protagonismo, a veces inmensa. Tiene una capacidad extraordinaria para hacer creíble un dialogo absolutamente trivial, como si fuera la vecina del tercero o como si fuera cualquier madre imberbe joven o una mujer sin ambición ninguna. Da igual. Ella transmite esa sencillez en algo tangible. Uno ve sus actuaciones y cree que lo está haciendo una actriz no profesional y lograr esa ingenuidad me parece algo totalmente destacable. Pero sobre todo, logra una involucración del espectador en su personaje. Cuando sales del cine uno no sabe muy bien cual es su realidad.

Lennie me hipnotiza, lo reconozco. Me predispone a pensar lo mejor de ella en cada papel que desarrolla. Generalmente, y no se la razón, me acaban gustando más los que se desarrollan de forma lenta, pausada, lánguida. Percibo más su gran personalidad como actriz que en papeles más acelerados, de más energía activa. Estoy seguro que llegarán papeles de los que no podré sacar este tipo de conclusiones.

No pretendía hacer una revisión hagiográfica de la aún muy joven Bárbara Lennie pero reconozco que en mi exceso habitual con las personas que admiro puede acabar en una valoración absolutamente subjetiva. Su eclecticismo en cientos de planos me vuelve loco. No se si ser hombre me perjudica para crear estas líneas. Me da igual. La belleza de Bárbara lo justifica todo.

Epístola a un amor abandonado

amor se escribe

Te dejé marchar. Me dejaste ir. No busqué cadenas que apresaran nuestro amor, no buscaste paredes que acotaran nuestro espacio. Hilvané despropósitos emocionales, cicatrizaste mi vacío con tu espacio. Pero no varió la forma de hablar, de expresar unos latidos beligerantes contra la cordura, hipnóticos destellos de amargura, vacíos versos digitales carentes de valor. Pero no encontraba el momento de rendirme y caer ,tentado por la falta de valor , al sumidero del orgullo.

No tuve miedo de silenciar por voluntad ajena cualquier cuestión que tu me escucharías, tu me aconsejarías, tu me abrazarías. Puse tu nombre en vacío , a grito pelado, reclamando tu presencia porque también sería la mia sentados al cómplice sabor del café o quien sabe de cualquier espirituoso que me alterara la parsimonia que habitaba en esta distancia tan absurda como innecesaria, carente de sentido y con la necesidad vital de abrir una senda de vuelta a la complicidad.

Y porque diste en la diana con apenas un trio de palabras que sabías que cocían algo en mi pensamiento, lo suficiente como para enganchar tus giños y focalizar lo importante de la vida. Lo importante eres tú.

La justicia poética del Bala

No pude contener la emoción y los nervios mientras veía el desenlace del Campeonato del Mundo. Junto al Comando Batuecas era incapaz de permanecer quieto durante los último veinte kilómetros del mundial. A falta de televisor en el restaurante donde me encontraba tiré de teléfono y de conexión de banda ancha para poder ver ,no sin cortes debido a la falta de cobertura, el desenlace de una de las alegrías deportivas más grandes que me he llevado. Una emoción incontenida gracias al campeonisimo resilente Alejandro Valverde.

Llevábamos mis compadres del Comando Batuecas toda la semana hablando del mundial, criticando la preparación española y analizando el recorrido. A mi me parecía excesivamente duro para el Bala, esperaba un desenlace con escaladores puros, potentes pero clásicos. Que más creer que sabes algo cuando en realidad quedó demostrado que no se nada. Valverde se coló en la terna de candidatos a diez kilómetros de meta y hasta el final fue un sin vivir que acabó de la mejor manera posible, ganando.

Valverde ha peleado el maillot arco iris siempre que ha podido, por ello es el ciclista con el mayor número de medallas, hoy ya siete. Pero unas circunstancias u otras le habían impedido siempre entrar en el sprint final para intentar acabar con el oro colgado al cuello. Ayer, lo consiguió.

La cuestión no es baladí. No es que un ciclista gane un número de medallas determinado, es que este tipo, este murciano de pocas palabras, lleva quince años ganando. Gana cuesta arriba, bajando o en plano. Compite ganando, lleva ya la friolera de ciento veintidós victorias como profesional, podiums en la tres grandes pruebas de tres semanas, ganando clásicas, peleando clasificaciones generales. Un superclase, un dotado de la naturaleza.

Es merecido que Valverde sea situado en el olimpo de los ciclistas españoles, póngale en el lugar que quieran pero no olviden como ha ganado durante toda su carrera.

Y eso que ha tenido que luchar contra el estereotipo del ciclista español y que tanto gusta al gran público, al ignorante gran público. Parece que no haber ganado el Tour de Francia es sinónimo de no ser nadie en el ciclismo. Pero se olvidan que ha ganado una Vuelta a España y que ha hecho podium en el Tour de Francia y en el Giro de Italia. Mala broma! Eso si, en el Comando Batuecas afirmamos que si no hubiera corrido a las órdenes de Eusebio Unzué habría ganado muchas más carreras. Esta sospecha no se puede demostrar pero es absolutamente verídico que la forma en que plantea las carreras el navarro le ha perjudicado en numerosas ocasiones aunque a priori resulte difícil defender tal afirmación después de superar la centena de victorias con el equipo pamplonica.

Y si, el Bala es un resilente. Ha superado una grave caída hace apenas dos años en el Tour y ya para muchos sería el ocaso de su carrera y sobre todo una suspensión de dos años por un caso muy oscuro. La gran diferencia entre Valverde y otros ciclistas que han pasado por esa condena es que Alejandro ha ganado por igual antes y después de la sanción. No puede haber sospecha cuando después de volver a la competición este tipo sigue ganando.

Llevo defendiendo tiempo que a Valverde habría que situarle a la misma altura que Indurain. Lo reitero. Antes y despúes, siempre.  Y sigo añadiendo a Contador a este trio de genios. Realmente creo que es merecido que Valverde sea situado en el olimpo de los ciclistas españoles, póngale en el lugar que quieran pero no olviden como ha ganado durante toda su carrera y la clase que destila en cada una de sus apariciones. Un genio que ,aunque sea a ojos del público no entendido, va a terminar su carrera con un triunfo mundial totalmente merecido y el inigualable honor de portar durante todo un año el maillot más bonito del mundo ciclista, el arco iris.