Suponemos que el hombre nace libre, agnóstico y en paz. No tengo duda que en una parte del planeta así es. Pero hay otra parte en la que, excepto agnóstico, el hombre nace con unas voluntades que no son ni de libertad ni de paz. Quienes la visitan hablan de sus virtudes y escoden sus temores. Quien habla de ella suele hacerlo con desprecio por su sentimiento. Quien tiene ese espiritu, sobrevive. No es fácil ser vasco. El excesivo celo con el que se enorgullecen algunos de los mismos representa un rechazo a parte del resto de la sociedad española. Y en contrapartida, parece que presumir de ser español rebaja la calidad de su pureza. No es una raza, ni una religión. Pero ser vasco es sin duda, un ejercicio de coherencia politica. Como no ser nacionalista y ser vasco, como ser euskaldun rechazando lo español. Pero lo que no conoce de banderas es la paz y la libertad, no necesita carnets identificativos para obtener esos valores. Sólo conoce voluntades. Espero que López aúne todas estas y de una vez por todas podamos ir a Euskadi y no tener miedo de hablar o callar.
Canción para hoy: «Salvador», Loquillo

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