Si, ahora que me hago amigo de las floristas aunque no me doctoro en lenceria, he adquirido una sana y nutritiva costumbre y es hecharme cremita despues de cada ducha. Si, no se sorprendan; ¿cuantos tios se hechan cremita despues de cada ducha? Yo que tengo un recuerdo muy negativo de la primera vez que usé crema, me cuesta asimilar este cambio. Era un chaval, más o menos de 6º de EGB cuando llegó el listo de la clase y nos comió la cabeza a todos los peques para que nos untaramos las manos de la nivea de la playa y ejercitaramos nuestra indolente mano derecha en el sano ejercicio de la masturbación ingenua del aparato masculino. Nos prometió que nos gustaria mucho más porque al resbalarse lascivamente nuestra mano sentiriamos una sensación indescriptible. Lo que yo recuerdo es que ese fue un dia que hice más ejercicio que en la clase de gimnasia, que no pude escribir nada en lo restante de la tarde y que al dia siguiente yo como el resto de los niños nos fuimos a comer al listillo porque el fracaso se había apoderado de nosotros. 20 años despues, utilizo la crema para otros menesteres, menos lascivos pero más eficazes para el tacto de nuestra piel. Y ahi que joderse que esto lo he copiado de una mujer. Hace unos dias cuando mi horrenda figura salió de un aplique continuo de agua y jabón, mi piel enfurecia mis manos pues estropajo parecia. Y recordé a esta amiga de nombre de cuento y de amor en vena, lo suave que tenía la piel. Claro, el fin no va a ser el mismo pues los osos no tenemos el mismo tacto que las princesas pero podemos tener tambien, nuestra piel, perfectamente sana y equilibrada. Menos mal que la crema no la extiendo por la manguerilla, porque sería recordar aquella fustrante tarde de un colegial. Con crema y sin crema, seguimos abordando esta odisea solitaria al abordaje. Bencida me quita la vida, es misma que me regala cada día Naïf. El día está más cerca: sueños, ilusión, pasión, entrega….. Aún nos queda mucho por hacer.
Canción para hoy: «Escenas», Naïf

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