Uno a lo largo de una vida tiene sus desgracias, sus hechos menos afortunados. Otros literalmente los vemos como acontecimientos capitales en nuestra vida.

Mira que lo he pasado mal de verdad en el amor, la cabeza es muy mala compañera en ocasiones, se me fue demasiado pronto mi padre, se me murieron amigos que no tenían que haberse ido… Todavía la cabeza apoya en la almohada de ellas, de mis bendecidas que decidieron abandonarme.

Nada es comparable con la tristeza que me supone no poder hacer deporte, no poder jugar en el parque con mis sobrinos, no poder ni dar un pase a los chicos con los que entreno. Nada. Nada es igual.

Lo que yo he sentido encima de la bicicleta no lo he sentido nunca y me elocuencia es insuficiente para transmitirlo correctamente. Esa sensación de libertad, del aire en la cara, de sufrimiento, de la belleza de los paisajes, de ir donde uno quiere solo con la fuerza de tus piernas y hasta donde el cuerpo aguante….esa sensación….esa sensación es diferente a todas las que he tenido en la vida.

Esta lesión que ya va para siete meses me tiene como un paralitico sin poder bajar las escaleras de casa, no me puedo dar paseos largos y no puedo ni arrancar a cruzar un semáforo deprisa. Y lo peor, no se vislumbra remedio a corto plazo.

Me has jodido la vida, me has robado un tiempo que jamás volverá. Mi cabeza está absolutamente bloqueada, golpeada, marchita y agotada. Intento no perder la cordura, esa que nos hace no desviarnos del camino correcto pero te juro que vivo al limite cada vez que siento dolor. El suplicio de las agujas en mi tendón no podré devolvértelo pero te juro que estoy buscando venganza. Piensa con cuidado porque equivocarse es pedir un justo castigo.

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