Hay un viejo letrero en la calle de la ciudad sin pena que lleva tu nombre, esperé a que cayera y lo recogí para llevarlo a un cofre. Quise esconderlo sin que me observaras y vi tras esa mirada una reina de ojos dulces y mano en firme. Este es mi fin como amante de lo ajeno; soy veraneante accidental en tu ciudad sin tristeza pero siempre me acompaña la forma de un pañuelo para saber que por cualquier camino puedo necesitar de su cariño. Hay un carta en un buzón de la calle de la ciudad sin pena y un simple rescate te pide el remitente: que me devuelvan toda la felicidad que me arrebataron!! El abajo firmante es un viajante en la ciudad sin pena que en la calle que hay un letrero que lleva tu nombre me dice que es la calle de la dulzura, y yo me pregunto, si estoy en lo cierto o media vuelta y escapar, huir, gritar, miedo…. mucho miedo. Instinto, mi instino no me va a fallar. Desde este santuario de una plaza cualquiera te pido que acudas al rescate, que no pagues por mi ni un céntimo mas de lo que valgo, que es nada; porque nada soy, donde iré calculando el vertigo? Esto es lo que hay, será definitivo, será para volver contigo otra vez.
Canción para hoy: «Caminando en circulos», Quique González

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