"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

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No volverá a suceder

No volverá a suceder.

Empiezo a estar reñido a abandonar el barco, a engañarme en cada gazapo. De modo que si oyes otra vez mi argumento, mis excusas y mis plegarias no hagas más caso del daño que nos hace la rutina. Te voy a llevar a llorar por las esquinas de siempre porque estos años lejos de aprender nos apuñalamos y nos hacemos tan extraños. Obvio que si he llegado a tal extremo es porque solo nos queremos lejos, acuerdo tácito de futuro. No confíes más en mi. No merece la pena.

Es otra mentira, la misma que cada vez repito sin propósito de enmienda. Mentiras que ya no te hacen sonreír cuando las lees, mentiras que suplican permiso o perdón. Permiso para no cerrar puertas y perdón por invadir el espacio vital.

Mentiras que aún no las conoce el cura que ha de absolverme, el que debe concederme el descanso eterno y la reencarnación en un tipo inmortal.

He consumido todos los halagos, se me ha secado la boca de explayarme al mostrar todo mi respeto y admiración pero los cimientos de algo puro son intenciones transformadas en mentiras disfrazadas. He reventado de quererte tanto. Ahora quien se salve se tendrá que arrodillar.

Son mentiras disfrazadas de ilusiones perdidas que convierten las calles en curvas que me hacen ir de lado a lado, encajando con deportividad los ganchos de izquierdas y con un agotado juego de piernas huyo del latido tan agónico. No te parezcas a mi.

Son mentiras tan ingenuas que disimulan inocencia, no hay maldad en el valor añadido de las palabras que forman el engaño. No hay fobias en las letras que conforman mi mensaje, uno tras otro siempre con el mismo fin.

Habrá varias maneras de zurcir un descosido y la que escojo yo no es ni buena ni mala. Es la mía. Tan sorda como mi sordera, tan real como que es la mía y la personal porque la voy a ejecutar yo.

Siempre tengo un plan y luego hago caso a nadie. Te vuelvo a mentir. Con reiteración y sin arrepentimiento. Para que negar una evidencia. No voy a olvidar tu nombre. Sé que me perdí pero no se ni cuando ni donde. En la garganta tengo un nudo, que se aprieta a cada mentira.

No hay nada que me salve. Sálvate tú. Lo siento. Nunca fue suficiente las veces que me callé y no oíste lo mucho que te quiero. Era hermosa la ceremonia de la confusión.

Y miro a un lado. Ya no tengo tiempo de esperar. No tengo nada que decir. Mejor. Quien sabe si es otra mentira más.

Canción para hoy: «Vamos a hacer…» Viva Suecia (ver)

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