"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

feminismo
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Yo soy una puta

Lista, atrevida, brillante, emprendedora, valiente, perezosa, vital, vaga, sucia, sensible, enérgica, constante no son los adjetivos que más he escuchado cuando alguien se refería a una mujer. Desde cierto momento de una vida parece que escuchas puta y ya sabes a que se está refiriendo. A una mujer. Y si no es puta, en nuestro léxico aparece como segunda acepción zorra. Palabra igual de hermosa, qué digo. Fina donde las haya. Propone lo mismo. Identifica lo mismo. Nos sugiere lo mismo.

Desde que uno llega a cierta edad perdida la inocencia resulta muy difícil abstraerse o evaporarse de la atmósfera machirula que nos empapa en un momento de nuestro crecimiento donde el aire de superioridad y dominio está patente en cada comentario y cada acción por muy trivial que resulte.

Lo más casposo de todo es el día a día, las rutinarias conductas por muy insignificantes que resulten y aunque lo encajemos dentro de “toda la vida” y que a veces hasta nos da vergüenza hablar de ello. Si uno ,humilde y honestamente, examina su día habrá encontrado, creo que no me equivoco, algún gesto, algún comentario, alguna conducta, algún hecho que resulte machista. Y eso que estamos en la época de la exageración hiperbólica, discúlpenme la redundancia, y a cualquier cosa lo llamamos machismo hasta que nos damos cuenta que esa cualquier cosa denota desigualdad.

Ya decía Sabina eso de que “las mujeres ya no quieren ser princesas” y digo yo si es que hemos ido preguntando una a una si quieren ser princesas o plebeyas, nobles o mineras, modelos o futbolistas. No se. Me pregunto si hemos empezado a dejar de identificar el genero con las conductas, con las costumbres, con las poses.

La igualdad empieza por los gestos y conductas más triviales

Por no seguir con el concepto de dominio o sumisión. No era difícil hablar en el instituto de tal puta porque a mi no me hacía ni caso. O que zorra que hoy se ha liado con el de la clase de al lado y no conmigo. Y el porqué seguimos creando chascarrillos, si, hoy en día, cuando vemos a una mujer madre soltera intentando ligar con un tipo. Pero claro, ella es una zorra. No lo olviden. Sin embargo si yo lo hago todos los sábados en los muchos bares que visito no con una sino con varias en la misma noche, dejamos vislumbrar muy fácilmente el comentario que es muy normal y lógico lo que yo hago. Y ya no digamos cuando llegamos a casa y decimos a nuestra pareja, mujer o acompañante; cariño, me voy a jugar al padel y luego a tomar una cañita. Eso está fenomenal pero es que si eso lo hace una mujer madre parece que está pensando en dejar su casa y que es una fresca. Y por supuesto, el comentario estrella, estamos en el gimnasio y si yo hago un estiramiento abriendo los aductores de par en par es lo que debo hacer pero si lo hace una mujer ya se nos pone en los ojos el mantra: ¡quiero guerra! y a renglón seguido blasfemamos sobre esa zorra.

Si creen que resulta exagerado no tienen más que abrir un poco más los oídos, fijarse en el día a día con reiteración y encontrarán las conductas que nos hace tan desiguales en el orden social.

Aunque suene extraño, no me falta mucha razón. Y por mucho que lo intentemos un hombre nunca podrá ser feminista porque estamos en diferente posición de origen. Es muy moderno y muy actual decir que un tipo es feminista. Todavía tengo que encontrarme alguno.

No las quiero guapas o feas, ni inteligentes o torpes, ni de apariencia agradable. Ni listas ni aprovechadas. Las quiero a todas. Ni que los supuestos feministas fuéramos el arcano indescifrable de Eva.

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