"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

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Un tipo normal

M inutos antes de que sonara el despertador he abierto el ojo, me he girado y he puesto mi mano sobre tu barriga.

Ha sonado el reloj, me has dado un beso y hemos jurado en hebreo por tener que levantarnos.

He subido la persiana y sin acabar el bostezo he tropezado con tus zapatillas de andar por casa.

He despertado, he intentado mejor dicho, despertar a los niños.

He preparado tu vaso de leche con Cola-Cao en el microondas y también el de los enanos. Ellos han tomado Eko.

He preparado mi café, mi zumo natural y mi tostada de tomate, jamón y aceite. Y con estas nos hemos sentado a desayunar juntos.

Despúes de pelearme con los críos por no querer vestirse has llegado tú como cada día a conseguirlo. Y ya estabas radiante cuando has ido a su habitación.

Te has ido a llevarlos al cole y mientras yo he recogido la casa, un poco por encima.

Me he ido a trabajar. He trabajado. He salido puntual para llegar al colegio pero no resultó sencillo aparcar y finalmente he llegado con el tiempo justo para saludar a otras madres y padres mientras los peques salían recordándome lo que teníamos que hacer hoy.

Les he dado la merienda en el parque y les he llevado al conservatorio.

Me he ido a casa y ya habías llegado tú. Estabas radiante.

He ajustado la tornillería de una estantería que estaba medio caída y he salido a por los niños al conservatorio.

Al salir se me ha olvidado darte un beso aunque te he visto y te he oído.

– Un beso! No tardeis!, me has gritado.

Hemos regresado caminando lentamente desde el conservatorio a casa pasando por el supermercado para comprar unas cuantas cervezas y algo para completar la cena.

Al llegar a casa los niños te han comido a besos, estabas radiante.

Me he sentado con la niña a hacer unas pocas tareas mientras me contaba lo que había hecho en clase.

Ya empezado el partido de fútbol me he sentado para verlo mientras abría una cervecita con su trocito de queso.

En el descanso he acostado al crío previa lectura del libro del camión de bomberos que tanto le gusta.

He vuelto al salón para ver finalizar el fútbol y cuando eso pasó tú estabas en tu escritorio escribiendo algo en tus apuntes.

Me he sentado en la mecedora a leer el libro que estoy leyendo y a la cuarta página me ha entrado el sueño.

He ido a la cama y allí estabas, dormida y radiante.

Y así casi sin hablar se ha pasado el día. Y quien sabe si otro. Y el siguiente del otro.

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