Tengo la necesidad de hacer un viaje. Perder por unos días la perspectiva de la realidad. La comodidad de esta vida inoperante, sosa y reprimida. Y poder observar con mis ojos y sentir con mis manos que hay millones de personas que le importa un pimiento que gane Zapatero o Rajoy, Obama o Hillary, Berlusconi o Prodi, Bush o Laden… Mañana seguirán teniendo sólo frijoles y arroz para desayunar, frijoles y arroz para comer y frijoles y arroz para cenar. El cambio no está en sus manos; está en tu cerebro y en tus principios que, por cierto, no son ni los de rajoy, ni los de zapatero, ni los de llamazares. El cambio y el pecado está en la hipocresía, encabezada y liderada por este servidor de la ignoracia. Decía Socrates que “aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar a cambiarse a si mismo”. Yo debo llevar cambiando unos años, desde que percibí que el primer mundo es complice de la miseria del tercero, no el único culpable pero si cómplice del olvido. Y digo yo que ni Rajoy ni Zapatero van a cambiar el mundo. No quiero que lo hagan, pero si que alienten mentes cambiantes, mentes que evolucionen y que vean más allá del egoismo el beneficio mundial. Y hay mentes en las que me permito no entrar pues no quiero alimentar su fanatismo. No quiero influir en nadie más que en mi mano al depositar mi voto. Por que además sólo estoy pensando en mis vacaciones en el mar, en el deseo de besar a esa mujer que me olvida cada día, en poder hablar con mis cohermanos hondureños, en aprender cada día un poco más de logaritmos, en intentar leer unas páginas de Machado. Pero con enorme decepcion leo los comentarios vertidos en este blog. Las mentes fanáticas sólo alimentan distancias. Y yo quiero estar contigo.
Canción para hoy: “Everybody hurts”, R.E.M.