Amaia, yo tambien soy gordo!

No importa que tengas una voz exitosa, una voz que te ha llevado a vender millones de discos, a actuar en cientos de lugares increíbles y una voz que pone altoparlante a decenas de canciones que hacen felices a un montón de gente.

No es momento de juzgar de tu obra, no. ¿Para qué? No es momento para escuchar tus nuevas canciones, para intentar prestar atención a tus letras. No, no es momento para evaluar si me gusta tu puesta en escena.

Pero si es oportuno hablar de lo gorda que estás. De lo deforme que pareces. De lo imperfecta que encuadras en televisión y del susto que me produces al verte después de tanto tiempo desaparecida. De vagar por programas de segunda linea en formatos basureros.

Con o sin redes sociales el marujeo no cesa. Es el deporte nacional, con una implantación uniforme por todo el territorio. Y además no requiere esfuerzo.

Te diré una cosa, mi desconocida Amaia. ¡Yo también soy gordo!

No me gano la vida con mi voz, ni con mis letras, ni con mis conciertos. Vivo fuera del mundo del espectáculo, de la imagen y de la persuasión. No ensayo ni aprendo técnicas nuevas de vocalización. No me esfuerzo en crear canciones que me hagan feliz y también que haya personas que tengan la osadía de escucharlas y disfrutarlas. Pero soy gordo. Soy gordo porque quiero.

Hazlo tu también. Y si quieres, claro. Y si te apetece.

Hay muchas y muchos sujetos que prefieren hablar de lo ajeno. Déjalos. Que vacíen su minúsculo intelecto hablando de la forma física de una persona. ¿Alguien te ha preguntado el porqué estás así? ¿tiene que haber una respuesta? ¿necesitas otra apariencia para cantar bien?

Detesto estos tiempos de enviar al cadalso a una persona por su imagen, por su condición. Atrapados viven en el mundo de la perfección pero mirémonos. Criticas a alguien por su anchura y tú tienes unas lorzas hermosas adosadas a tu cuerpo. Criticas a alguien por unos supuestos arreglos de taller pero tú te maquillas todos los días hasta cambiar tu expresión o te peinas de tal forma que deformas tu nacimiento natural.

Serán tiempos que fusionamos la frustración y la ilusión. Querer formarnos una imagen encuadrada dentro de  los cánones de la belleza perfecta actual pero mostramos las imperfecciones más hermosas que nos podemos regalar.

Y asimismo es tiempo de ir contra la escaleta esterotipada de vida. LLegar a una edad con los “deberes” hechos.

No fue el 8-M un día en vano. También sirvió para visualizar la frivolidad con la que juzgamos la apariencia femenina y la condescendencia hacia lo másculino.

Amaia, yo te animo! #vivecomoquieras

Opinadores

No se cual es el límite del bien y del mal pero si donde está la envidia y el compañerismo. Se puede ser compañero y ser envidioso.
Una mezcla peligrosa. Jordi Évole tiene compañeros envidiosos, sanos, claro está.
A los que nos gusta su fórmula en “Salvados”, el programa que dirige y edita maravillosamente los domingos por la noche en La Sexta podríamos caer en el juego fácil de las loas y alabanzas por su escenificación inverosímil del 23-F y dejar claro que mostró el camino al engaño del espectador. Podríamos, otros, criticarlos por jugar con tan importante acontecimiento histórico.
Personalmente, me ha gustado todo lo que ha rodeado su programa, el cuál no he visto, ni pienso verlo completamente porque con diez minutos del principio y cinco del final me ha bastado para entender todo el revuelo de opinión en diarios, webs y redes sociales.
Yo le felicito. Me gusta su forma de haber orientado el engaño. Y me jacto de columnistas y opinadores profesionales que sin talento defienden su audiencia y lectores con el argumento de la descalificación y fácil inquebrantamiento de la historia.
Me gusta que Évole esté por encima de ellos.

El tiempo entre costuras de Adriana Ugarte

Se acabó el amor. El idilio puso a prueba mi fidelidad. El duopolio Sira-Adriana llegó a su fin.
En un aburridísimo y decepcionante último capitulo del serial Sira Quiroga pone punto y seguido a una época de su vida, narrada y mostrada en la serie de manera emonocionalmente desigual a través de once capítulos que han demostrado el torrente de talento que derrocha la brillantísima Adriana Ugarte, adalid de esa historia espléndidamente producida por Boomerang Tv y exhibida por el grupo Atresmedia de forma arrolladora en cifras de audiencia. Una serie que con sus aciertos y errores, con sus licencias para crear tramas no incluidas en la novela homónima de María Dueñas ha generado en mi una simpatía hacia la misma que se origina en un maravilloso primer capítulo inspirado en varios aspectos fundamentales en mi vida: la belleza femenina, la música y la luz.
La belleza femenina ilustrada en un personaje llano como Sira Quiroga cargado en la pantalla de lenguaje ágil para el espectador, con una alegría propia de su edad, ligero de elementos barrocos y muy reconocible en gentes de la época. Un rostro desnudo de rimbonbantes máscaras femeninas y con voz agradable y dulzura angelical que invitan a seguir a la chiquilla que va ganándose el afecto de los televidentes masculinos gracias al derroche de pasión y entrega hacia la otra parte del trato del amor: el hombre. Sira Quiroga se va transformando en una mujer segura de si misma, instintiva y sobre todo persuasiva que conquista poco a poco con su elegancia, clase y pose a todos los que la contemplan; personajes, hombres, espectadores e ingenuos. Me incluyo en estos últimos. La historia se desarrolla mientras esta chica muestra poco a poco una imagen más madura y menos ingenua sin perder un gramo de belleza más al contrario, van imponiéndola un aire de grandeza, de mística clásica que la engrandece y la lleva al olimpo de las divas. Y así… fin de la serie.
Belleza femenina real sin interpretaciones por parte de Adriana Ugarte.
Adriana., es para el arriba firmante, el claro ejemplo de que una mujer no necesita estar buena para mostrarse como maravilloso icono de la belleza y ejemplo de lo que uno quisiera para si mismo como compañera de viaje. Como esta chica queda un poco lejos para mi y a decir verdad no creo que nos conozcamos, puedo derramar muchos elogios que nunca se volverán en mi contra.
He definido muchas veces a la mujer ideal, la perfección no existe, y los adjetivos más importantes personalmente que resalto a una fémina es lo relativo al encanto. Una mujer con encanto lo tiene casi todo. Y apartado por desconocimiento de las connotaciones personales de la señorita Ugarte esta mujer genera encanto en su mirada, en su pose, en su persuasión, en su dulzura, en sus lágrimas, en su sonrisa, en sus labios. Me encanta idolatrar a mujeres que no están buenas y que con un plus de naturalidad enjuagan sus supuestos defectos físicos. Chapeau por esta chica porque en la serie y en muchas de las promociones que la misma ha exigido en los canales de Atresmedia a explotado y mostrado una imagen muy beneficiosa para su carrera.

La música es sin duda alguna uno de los motores de mi vida.
Una melodía de piano encubre los primeros pasos de la serie. La música que inspira tanta calma es un remanso de paz que tanto disfruto en mi universo. Seguía la serie con una ganas inmensa de escuchar la edición de su banda sonora. Con gran entusiasmo hace un par de semanas encontré por fin la música creada por Cesar Benito para la producción. Sólo puedo dar las gracias al compositor por crear una música tan maravillosa, tan cercana a la belleza inspiradora, tan cercana al elogio indefinido.
La luz. No puedo esconder que al ver una promoción de la serie ver pasear a una chica por una playa infinita con poca luz, vestida de forma casual y hasta descuidada posar sus pies sobre la arena y mojarse los pies en un paseo desgarrador inspiró una empatía tal que no pude deshacerme de ella hasta ayer noche. Será porque me transportó a hace algo más de tres años en el mismo país donde está rodada esa escena aunque un poco más al sur, que me hizo imaginar que volveré a Essaouria y su playa mágica y mística bañada por mujeres que desgraciadamente van a la playa con enormes telas cubriendo sus cuerpos. Será que aquella playa sin fin pudiera ser otra vez caminada por mi.