¿Donde está Jaime?

Quiero comprar un disco. Pero no un disco cualquiera, ni siquiera un disco de mi artista favorito. Quiero ir a la tienda, a mi tienda, echar un ojo, ver sus caratulas, trastear, revolver, preguntar, escuchar. Quiero un disco que me entre por los ojos pero también que sólo me entre por los oídos porque en ese momento ambienta el local. Quiero que alguien no me moleste mientras indago en los discos de una banda que tiene elepés de todo tipo y demoro mi decisión, si es que la hay.

Jaime me llegó a caer mal, lo reconozco. Quizás fuera su sobriedad o fuera quizás sus parcas palabras. En las primeras visitas me surgían las dudas acerca de como un tipo como él podía vender un disco. Si entraba alguien hasta el fondo no sin dificultades en Radyre el tipo rubio con gafas se dirigía con rapidez y seguridad hacia el disco o película que el cliente buscaba. Esto es, no podía ser posible además que le preguntaras sobre cualquier artista o banda el tendero de discos conocía absolutamente todo, permítanme la exageración, de la búsqueda del cliente.

Mi admiración iba creciendo poco a poco, visita a visita. No llegó a conocer mi nombre ni creo que le importara, era el seguidor fanático de Héroes del Silencio o Bunbury. Y mi admiración era inmensa cuando pasaba unos minutos buscando en sus muebles llenos de discos algo que me podría interesar porque a la vez que esperaba mi decisión era capaz de atender a expertos compradores de música y como sabio que era, establecía dialogo sobre tal artista durante unos minutos.

Cuando Radyre cesó el negocio un telón negro se zurció en la sociedad salmantina aunque por suerte fue capaz de alzarlo en un nuevo establecimiento, la mítica Librería Hydría. Un nuevo enfoque a la cultura musical orientado aún más al disfrute del espacio como coartada. Un café, una revista y poder escuchar música mientras, ahora si, con un stock más reducido, le pedías cualquier disco que él te lo conseguía.

El friki de Heroes intentaba ir al menos una vez al mes, mínimo. Y en más de una ocasión, sentado tomando un café leyendo un revista, le preguntaba por la música que sonaba. Gracias a eso, conocí algunos discos que ipso facto compré gracias a Jaime. No sabía quien era el artista, tampoco me importaba. Aquello sonaba que agradaba a mis oídos. Me lo llevo, le dije tres o cuatro veces . Fuera el disco, vinilo o material que estuviera a su alcance, te lo conseguía. En Hydria pudimos ver un Jaime muy cercano, yo diria que encantador.

Pero el cierre de Hydria ha supuesto una tragedia en la cultura salmantina, en su escena tanto comercial como ilustradora. En su corriente transmisora de espacio cultural y en especial el espectro musical está vacuo de gente experta. Jaime sabía pero no era pretencioso. Jaime sabía pero preguntaba lo que podías aportar sobre el disco que te llevabas y que no conocia mucho. Jaime era….

Resulta complicado comprar un disco hoy porque apenas, sin el apenas, hay lugares interesantes para ello. Un lugar alejado simplemente de ser un colmado de novedades comerciales. Porque el último lugar donde estuvo Jaime era la panacea cultural. Una delicia para los sentidos donde un libro o un disco significaban un momento de felicidad. Al menos, han surgido algún comercio especializado en vinilos mal llamados de colección que son un pequeño rayo de luz en este sótano de la música salmantina.

Espero que algún día Jaime vuelva. Y cuanto antes… más música compraré.

El orgullo de Salamanca

Desde que los tres amigos nos hicimos socios en la preferencia de El Helmántico, Pablo iba con una bufanda blanquinegra ya fuera primavera o invierno, agua o niebla. Se la hizo su abuela. Abrigaba el sentimiento charro hacia la Unión.

Tiempo después, en la que a posteriori fue la penúltima temporada de vida de la Unión Deportiva Salamanca le pedí a mi madre que me tejiera una igual que la de mi amigo Pablo. No llevaba ninguna leyenda, ningún mensaje, ningún escudo. Solo unos colores; el blanco y el negro.

Este fin de semana empiezan a jugarse la eliminatoria decisiva de ascenso a la 2ª Categoria B del fútbol español. Algo inimaginable apenas hace cinco años y por otra parte algo no deseado por muchos charros.

La escisión en el sentimiento charro nació a la par de la creación de ambos clubes en el año 2013. Dos ideas, dos conceptos, dos ilusiones, dos corazones totalmente diferentes e incompatibles.

Hoy no es día para analizar a cada club. Es el día de desearles suerte.

Unionistas se merece el ascenso. El buen hacer de una directiva merece su recompensa en el terreno de juego. El fútbol popular sin pretensiones megalómanas con un olor perpetuo a nostalgia. Con un equipo experimentado y con mucha calidad de medio campo para adelante, los unionistas tienen la condición física como mayor enemigo. Con la confianza recuperada le espera un campo difícil y un rival envalentonado.

El Salmantino llega con mas vidas que un gato. Después de un curso surrealista, irregular y con un final afortunado sobrevive en estas eliminatorias a base de fe y esfuerzo. Su debilidad defensiva se compensa con la facilidad para llegar al área contraria. Su estado de ánimo es una avalancha.

Les deseo suerte a los dos. Porque los dos visten unos colores que amo y aunque defienden diferentes valores hoy es momento de desearles que asciendan a la categoría de bronce. Una ciudad futbolera se merece fútbol de quilates. Vamos a por ellos!!

Joaquín Sabina, el eterno firmante de emociones

Joaquin Sabina

Niego que albergara esperanza de verle alguna vez. Niego que me haya emborrachado escuchando sus canciones. Niego haber cantado sus canciones en el karaoke. Niego haber enviado mensajes a horas inoportunas con alguna de sus frases. Niego haber llorado con sus versos. Lo niego todo excepto que lo citado es verdad.

Cuantos millones de personas han recitado alguna de sus canciones, han bailado con algunos de sus rockandrolles o alguno de sus valses o rumbas. Las heridas que Sabina ha cicatrizado con sus temas se han abierto en canal en otro frente, cualquiera.

El superviviente Sabina se presentó en mi vida apenas una hora antes del concierto. Es por eso que la sensación que me dejó el haber perdido la virginidad sabinera de manera tan sorpresiva ha sido fascinante. Se palpaba entre los asistentes, en su gran mayoría talluditos, un presentimiento de alegría y disfrute y por mi parte un aire burlesco de encontrarme, por fin, cara a cara con quién tantas horas ha llenado mi vida y con quien tantas veces he buscado cobijo para expresar como él solo sabe los más variados sentimientos.

Desde una posición privilegiada gracias a un buen amigo pude observar como con apenas diez minutos sobre las diez de la noche salía el de Úbeda al escenario de Multiusos Sánchez Paraíso ataviado con traje verde casi azul y bombín. Acompañado de siete formidables músicos no tardó en entonar sus primeras canciones de su último y estupendo disco “Lo niego todo”. Con los primeros acordes pude comprobar que su directo tiene intensidad aún. Que su voz rota tiene magia y que, que carajo, emociona un montón.

Aunque intentara negarlo todo al segundo tema hizo un de sus parlamentos. Y yo ahí me emocioné. Esas palabras adecuadas, sin sobrar ni una. Esa forma lenta pero enlazada de hablar. Me da igual que cante a que hable. No hay nadie que en el idioma de Cervantes utilice el español de forma más elegante, más variada, más burlesca, más canalla, más metafórica. No tengo duda en afirmar que Joaquín es el más grande de los letristas en español. No la tengo.

Es único. Un genio. Un hombre que con tres versos dice más cosas que muchos en tres folios. La elocuencia es su mayor virtud. De ahí al cielo tu boca, al cielo de la emoción, al agujero de la nostalgia, al consuelo inapetente. Sabina infinito.

Sonó bien el concierto. Quizás faltó un poco de volumen, no boicoteaba el sonido mi cerebro pero fue suficiente para sentir muy dentro de mi la intensidad de su voz rasgada, la ternura contradictoria de sus versos, la ausencia de Bendecida, la llamada del bien y el mal.

Fue introduciendo clásicos y superclásicos de esos que bailamos en las fiestas del pueblo, combinó actuaciones de la gente de su banda. Superbanda absolutamente consagrada y que no necesita presentación. Y claro, al ser mi primera vez, mis canciones preferidas que sonaron fueron como un beso dulce y largo del que nunca quería desprenderme. Un abrazo eterno a esas emociones que braman de canciones hermosas y malditas.

Sus continuos guiños a la ciudad charra fue un puente de conexión con el artista, con el cantante, con el poeta, con el trovador, con el vividor, con el superviviente. Y con una retaila de canciones muy conocidas que no voy a citar para no anticipar las posibles sorpresas en los próximos conciertos de quien pague una entrada se fue Joaquinito y su banda dos horas después de iniciar el espectáculo.

Ya me puedo morir tranquilo y puedo jurar que en casa tengo un tequila mejicano que resucita a un muerto y que, además, será con el que brindaré por tus canciones.

Gracias Joaquín

Vetusta Morla. Directos al punto sin retorno, la inmensidad.

Vetusta Morla

No busco la felicidad con cualquier música, sólo la que me emociona, la que hace palpitar este pobre corazón, la que saca a recoger un cántaro de lágrimas. Con una expectativa brutal se presentaba Vetusta Morla en Salamanca, nada menos que para comenzar la gira ibérica de presentación de “Mismo sitio, distinto lugar”. Absolutamente increible que fuera mi ciudad la escogida para tan privilegiado acontecimiento.

Debería ser un crónica hagiográfica. Un cúmulo intempestivo de alabanzas. Y puede que las merecieran. No lo dudo. Pero tuve la sensación que algo se había quedado en el camerino y no salió a envolver el genial regalo que el sexteto madrileño nos dió.

Pero Vetusta tenía un hecho que jugaba en su contra antes de comenzar. 15151 fue un espectáculo único, grandioso, temperamental, emocionante, excitante. Sin dudar ni un ápice, una de las presentaciones musicales más arrolladoras jamás vivida. Esto mismo, creaba una sensación de incuestionable duda de como podían superar aquel orgasmo musical.

El atestado Multiusos Sánchez Paraíso hirvió cuando puntuales comenzó el espectaculo sorpresivamente con la última pieza del disco que da nombre al mismo. Y sorpresivamente aquello no sonó excelso. Bien que ese pabellón no es el mejor para un concierto pero algo estaba desencajado. No me pareció dificil entender que si juntamos que era el primer concierto en donde el espectaculo visual que les acompaña tiene que encajar y cuadrar con sus temas, arranque de concierto y que no es lo mismo una prueba de sonido con el local vacio que con 5500 poseidos, podría no salir todo a las mil maravillas.

Ya en los siguientes temas el sonido se fue estabilizando y la brillantez fue ganando sitio en el espectáculo. Se sucedian los temas, tocaron el disco completo, intercalando piezas antiguas dejando a las claras que La Deriva es su disco más perturbador para las emociones, el disco que en directo levanta pasiones y que excita las sugestiones.

Su acompañamiento visual no me absorbió , no me envolvió el sentido para alejarme de todo lo externo. Es llamativo pero no embauca. Y lo que me desconcertó sobre manera es que utilizaran pequeños tramos de el espectáculo de 15151 para esta gira como se pudo ver en La deriva o El hombre del saco. Si, los montajes que se muestran en la pantalla principal siguen la linea creativa de siempre pero no me parecen estratosféricos.

Y otro detalle que también me alteró el pensamiento fue que ninguna canción de sus discos previos fuera presentada con un pequeño giro, una vuelta de tuerca, una forma diferente de cantar esa canción. Pensé que como banda creativa buscaría ya con sus cuatro discos publicados mutar alguna de las canciones para presentarla con otro pelaje.

Musicalmente el concierto iba ganando enteros. Brillantes. Mención especial para “Al respirar” y “Te lo digo a ti”. En esta ocasión su presentación en vivo con su acompañamiento audiovisual hizo ganar quilates a las canciones.

Y para concluir otra sorpresa. Algo que no fue nuevo y es que volvieron a escoger “Los días raros” para finalizar. Toda persona que haya visto, sentido y oído lo que supone que este tema cierre un concierto entenderá que no puedo expresar con unas pulsaciones a unas teclas lo que sentimos con esa canción. Lágrimas, palpitaciones, rugidos. Una eyaculación de emoción que conduce al éxtasis y que conlleva finalizar el espectáculo con un estado de ánimo infinito de alegría.

Al día después amigos míos me preguntaban si no me había gustado el concierto al leer mi primera breve valoración en alguna red social. No hay que confundir. El concierto me encantó porque Vetusta Morla me encanta, me emociona, me hacer llorar, me hace reir. Pero que le faltó algo que no se que es para catalogarlo de excelso, sublime.

Y cuando pensé que todo había acabado unas cuantas horas de la finalización del concierto, entraron cuatro de los componentes de VM en el bar que me encontraba. Tuve durante unos veinte minutos a apenas dos metros al creador de mi canción favorita del disco “Punto sin retorno”. Ahí estaba Juanma Latorre con su gente aguantando pesados y pesadas que en un lamentable estado le decían algo. El alcohol que había invadido mis neuronas no me dejó acercarme a él, afortunadamente la cordura no la abandoné. No quería una foto con él, no quería una firma. Solo me apetecía abrazarle como abrazo su canción y darle las gracias por ser tan grandes y hacernos tan inmensos durante las algo más de dos horas de concierto.

Hala Unión!!

El domingo hemos vivido un partido de fútbol que nunca se tendría que haber jugado. Dos clubes que quieren ser uno pero que en realidad no son el que añoran ser. Salmantino UDS y Unionistas de Salamanca cf saltaron al verde de El Helmántico en medio según cuentan las crónicas y los testimonios de los allí presente de un ambiente futbolístico de los de antes.

El arriba firmante, antiguo socio de la Unión Deportiva Salamanca (1923 – 2013) no acudió al estadio. No fue ninguna cuestión sentimental, simplemente obligaciones personales impidieron mi asistencia con la bufanda que me hizo mi madre en la última temporada en competición de la UDS hilvanada con los colores blanco y negro.

Son diversas las opiniones que hay en torno a la existencia cohabitando de dos clubes en la ciudad. Desde hace tiempo me piden que de mi punto de vista sobre este emocional tema.

Desde el fallecimiento, al menos deportivamente, de la Unión Deportiva Salamanca yo no escucho programas de radio locales o leo en prensa información alguna a discusiones relativas a la herencia del club. A lo que dejó y quien se lo dejó.

Por delante de cualquier interpretación, existe una relación sentimental con todo lo que rodea a la Unión. Fui niño que acompaño a su padre desde bien chiquito, mi primer recuerdo es de 1981 con cuatro añitos. Luego empezó a ir con amigos del cole, luego con los de la parroquia. Después se suceden unos años de antipatía general por el fútbol acudiendo al estadio esporádicamente. Fue con mi gran amigo Paco Matellanes con el que retorno de vez en cuando al fútbol hasta que el año que el club desciende al infierno de la segunda división B y la condiciones económicas lo permiten me hago socio por primera vez. Con el lema “yo no abandoné a la Unión en 2ªB” disfrutamos de el estadio. De su ambiente, de los domingos de comer rápido, del termo del café, de las bellezas que teníamos a nuestro alrededor y sobre todo de un éxtasis en el partido que dio fin a la temporada y que concluyó con el ascenso a la división de plata del balonpie español acudiendo toda la familia junta.

Hala Unión en familia!!

En segunda división nos juntamos los tres amigos; Pablo, Paco y yo en un abono con una ubicación preferente en nuestro “abono champions”. Si faltaba alguno el carné siempre era utilizado por alguna buena compañía. Eran tiempos de pasión por el fútbol, por la vida. Y no importaba ganar o perder aunque si sucedía lo primero las cañas de los domingos por la tarde entraban mejor.

He visto sobre el mejor césped de España a grandes jugadores, leyendas. Mi ídolo de la infancia fue Teo Abajo. Manolo Cervantes, el gran portero. Antonio Orejuela, delantero portentoso. Rodolfo, clase. Antonio Diaz, la elegancia. Martin Vellisca, el pulmon. Giovanella, la sangre. Taira, el director de orquesta. Pelegrin, el mariscal. Josema, el perseverante. Vela, el talento. Lopez Garai, el sostén. Kike López, la rabia. Y por encima de todos, Joan Barbará. El mejor jugador que vi vestir la zamarra blanca. Que manera de interpretar el fútbol a las órdenes de Juan Manuel Lillo. No encuentro palabras para definirlo pero sin él probablemente a mi no me gustaría el fútbol

Todos estos personajes, estos momentos forman parte de la hemeroteca del pasado.

Pero afortunadamente, después del final trágico de la Unión. Surgen dos iniciativas particulares, separadas en el tiempo. Unionistas y Salmantino. Y ahora la pregunta que muchos aficionados charros se hace: ¿de quien eres tú?

Empiezo por la respuesta. Yo de ninguno y de los dos. Desde el último partido de la Unión solo he ido a ver un partido del Salmantino UDS al estadio Helmántico y fue por acompañar a un familiar simpatizante del equipo contrario. Aquel día se me pasaron muchas cosas por el recuerdo pero tambien una cierta sensación de vacio que no consiguió llenar el equipo charro.

Unionistas. Es el club de la iniciativa popular. Me impresiona la dimesión que consiguió desde el primer momento y sobre todo la capacidad de involucrar a empresas que sostuvieran el club y poder dotarlo de elementos que contribuyeran decisivamente a los éxitos deportivos.  Consiguió ser un club cohexionado desde la participación. Impregnar a sus socios de carisma y pasión. Crear en un breve especio de tiempo de un club con todo su significado y que los socios elegieran el camino que el propio club quisiera llevar.

Eso si, aunque estuve muy interesado desde el inicio en sus pasos no compartí desde el origen ese carisma de tributo que quería y quiera ejercer hacia la UDS vetando la utilización de simbolos y vestigios de la añorada Unión. No comprendí nunca el planteamiento tan cerrado hacia la posible utilización de algo referente a la Unión a excepción de su sentimiento.

El Salmantino renace con el argumento de ser el heredero legítimo de la extinta UDS al poder extraer de la liquidación del club su naturaleza. Lucha, así, por emplear sus simbolos y hacer valer su historia para reafirmarse como club preminente de la ciudad. Tiene una gestión unipersonal, al estilo de hace años y totalmente opuesto a la del vecino del estadio de al lado.

Presentando esta realidad no resulta sencillo afirmar que me muestro ecléctico ante ambas propuestas.  Sencillamente porque no he convivido cerca de ninguna de las dos con lo cual alguna de ellas tiene que ganarme en base a afectos. Mi buen amigo Pablo intenta llevarme a Unionistas y el bueno de Carlos me asegura que el Salmantino es el camino correcto.

Ante tal actitud es incuestionable que el Salmantino UDS tiene un as en su manga. Tiene el uso del campo, de el templo, de el santuario. No es lo mismo ni se acerca jugar en otro campo en Salamanca que no sea el coliseo de El Helmántico. Creo que a la larga si la gestión del Salmantino es la mínimamente correcta se llevará el gato al agua. Aunque para ello debe echar un ojo al vecino de al lado porque el modelo de gestión es mucho más seductor para el amante del fútbol popular.

Existe la idea romántica de una fusión entre ambas entidades para aunar aficiones, entusiasmos, recursos y fortalezas. La veo totalmente utópica. Mayormente porque toda iniciativa individual me parece respetable y si han sido capaz, cada una, de persuadir a cientos de personas habla bien de su audacia para ello. Pero realmente no lo veo posible…eso si, ojalá mis ojos vieran un solo grito y una sola voz, Hala Unión!!

El arte de la felicidad

Nunca dudé de tu forma de ser. Si no lo puedo llamar amor a primera vista lo denominaré admiración instantánea. Fui sin duda el cariño con el que entrabas en casa a ver al hombre de la silla de ruedas o hablar un rato con la madre de muchos de vosotros. La ternura con la hablabas con aquel hombre mientras yo simplemente observaba fue lo que me hizo ver algo especial en ti. Lustros después he heredado ese cariño constante de mi progenitor y me tratas, nos tratamos con una enorme ternura, honestidad y sensatez.

Podemos aplicar a este camino decenas de canciones, alguna de ellas las escuchamos en los festivales a los que vamos juntos y bien acompañados. Versos que musicalizan nuestros corazones y purifican el alma que en algunas ocasiones a lo largo de año nos emociona escucharlas juntos. Has hecho de la música nuestra terapia ocupacional y has vertebrado a través del cariño y la generosidad algo tan hermoso como la amistad no sólo para conmigo si no para todos los que desde el “Teléfono de la Esperanza” han descolgado el auricular buscando tu auxilio.

Hay una opinión común, expuesta entre muchos de nosotros, y es que no conocemos alguien con quien te lleves mal. Nadie con quien confrontarse ferozmente. Nadie que te desee el mal. Hay que ser una persona muy carismática para ser el bálsamo de cualquier marejada. Tienes esa enorme cualidad que emerge por el corazón tan puro que tienes y que hace fluir la sangre desde lo más alto de tu persona hasta las catacumbas de la eternidad, donde quiera que acabe.

Porque emprendemos nuevos viajes extraordinarios
Porque perdimos el equipaje con nuestras rutinas
Porque la ruina trajo consigo y de la mano las musas
Porque me dejo querer por tí

No resulta ser fiel a la conciencia y durante mucho tiempo has sido fiel a la aguja hilvanada desde Castellón hasta Salamanca con visitas que no se demoraran en exceso, con esfuerzos enormes para venir a vernos y pasar unos días siempre bonitos haciendo las cosas simples de la vida y que tan felices nos han hecho como un buen café, unas buenas cañas y unas copas con sus excesos charro nocturnos. Y siempre, siempre ha habido música en nuestras vidas.

El trio
El amor para todos

Esas escenas que al fin y al cabo son las que siembran, riegan y florecen nuestros corazones. Esas escenas con letras y melodías que nos hacen enterrar vestigios de tristeza. Y ahora tienes mucho que elegir porque somos un grupo indivisible.

El amor. Esa cualidad innata que llevas en tu corazón se ha desparramado a tu alrededor en forma y manera grandiosa. Y no porque el hoy tu marido sea grande, que lo es, a todos los niveles, sino que te ha vuelto el boomerang cargado de buena gente, dedicación y ternura.

Necesito un manual de tus valores para que alguno se me pegue e infecte algunas de mis heridas para poder vacunarme con todo lo que llevas dentro y que nos contagias como un virus mortal de vitalidad.

Tus lágrimas son las mías, Hala Unión siempre.

Antes de nacer ya estaba concebido para amarte sin fisuras. Hasta el final de mis días que nunca supuse fueran posteriores a los tuyos. La ilusión de aquel padre ,que a su primer hijo varón le puso por nombradía el del astro portugués que vestía la casaca blanquinegra acompañada de sus inseparables guantes negros, nunca fue recompensada en forma de talento con el balón en los pies pero de sobra consumada en el amor, pasión y entrega a unos colores, los blanquinegros que hoy se difuminan y se pierden en el limbo pero que no se olvidarán nunca. Aquel primer año como unionista de Joao Alves fue espectacular 
y como homenaje llegué al mundo con su mismo nombre. Mi primer recuerdo fue en 1981, aunque no logro identificar el equipo contrario, cuando acudí por primera vez a El Helmántico. Y hasta mayo de 2013 han pasado muchos jugadores, muchos técnicos, grandes rivales y sobre todo hemos tenido muchas emociones. Era ineludible la cita ante el televisor los domingos por la noche cuando se emitían los resúmenes de la liga. Ya me podía ir a la cama para ir al día siguiente al cole. Se despertó en mi el interés por la lectura de los diarios. Su apartado de deportes era el primero que leía en la prensa local. Me emocioné sobremanera con los primeros mensajes de ilusión de JJ Hidalgo, el mismo que se ha encargado de su defunción, en el verano de 1989. Miranda, Cabrera, Teo Abajo… mi primer gran ídolo. Cervantes, que gran portero!!  

Pero fue en esa temporada la primera vez que lloré en El Helmantico. Apostado en el Fondo Sur junto a mi padre, vivimos el minuto de silencio más aterrador que jamás he sentido. Falleció el mítico José Luis Garcia Traid y su estadio era testigo de la emoción contenida y las lágrimas de los aficionados de toda la vida que habían vivido con el entrenador maño sus éxitos en la Unión. Los años 70, con él como entrenador, son sin duda, los de mayor enjundia de la historia del equipo salmantino. Pero yo me emocioné en grado superlativo pues fue la primera vez que vi llorar a mi padre. Aquello me hizo entender lo que era, es y será la Unión Deportiva Salamanca para nosotros. Porque atrás quedan sus aventuras junto con su “hermano” Juan en El Calvario y  todos los viajes que de jovenzuelo hizo para disfrutar de su Unión. Crecía y conmigo la ilusión por ver algún día a verdaderas estrellas en la UDS. Pero llegó aquel verano el año olímpico y con él apareció por nuestra ciudad un joven tolosarra que cambiaría la historia del club. Y llegó el disfrute. Vaya añitos. Y me impresionó. Vino a darnos una charla a la sede de mi equipo del barrio. Hablaba con una sabiduría bárbara y yo atendía a sus consejos con los sentidos puestos en el balón. Salí de esa charla y yo sabía que sería entrenador. Yo. Él. su segunda temporada marcó definitivamente mi admiración. Que brillante forma de jugar al fútbol. Y fue porque en ese equipo estaba el que para mí ha sido el mejor jugador de la Unión Deportiva Salamanca en mis treinta dos años de amor: Joan Barbará. Un exquisito media-punta, con mucha movilidad, genereroso en el pase, en el esfuerzo. Clave en el estilo Lillo, hijo de la filosofia lillista.

Me emocionaba el fútbol, tenía sentido todo el espíritu que vivía en sus comparencencias. Que fútbol tan honesto, que fútbol tan generoso, que armonía, que orquesta. Uno tras otro buenos resultados y en dos años en primera división. Vaya gesta en Albacete, remontando aquel 0-2. Dos goles de cabeza en dos suspiros igualaron la batalla y en la prórroga… el orgasmo. Patentó Lillo la gloriosa frase en su primer año en la máxima categoría del fútbol español. “jugamos como nunca y perdemos como siempre”. Su destitución fue el primero de una larga lista de errores de Hidalgo. Una comunión indisoluble en el vestuario propició lo que pocas veces se ha visto en el fútbol profesional; un comunicado de prensa de toda la plantilla unionista posicionandose a favor del técnico cesado. El cacique charro hizo caso omiso y se fue al hoyo de la segunda división. Pero al año siguiente llegaron jugadores que marcaron época en el club: Giovanella, Taira, Pauleta, Cesar Brito, Catanha, Michel Salgado… y en el banco el ídolo que casi veinte años antes había poblado de pañuelos el estadio salmantino, Joao Alves. Volvia a la patria charra. Diferentes técnicos pasaron en los sucesivos años pero fueron sin duda emociones inolvidables como sobre todo el regalo de reyes que nos hizo nuestro equipo imponiendose al Barça en el Helmantico 4-3 con un final antológico. Nunca vi a mi padre celebrar tanto un gol, jamás. Ese gol del Cuqui Silvani con pierna izquierda es sin duda unos de los momentos álgidos de la historia unionista. Los momentos de bonanza en el fútbol español se saldaron con traspasos muy sonados y obscuros también para la entidad unionista. Pauleta, Popescu, Giovanella, Makukula fueron víctima de las aspiraciones de Hidalgo. De esa época tenemos el lastre de Stelea. Llega el siglo XXI y aquel vagar por la segunda división la convierte en unos años sin mucha pasión en la ciudad que se consuma con el descenso, de nuevo al pozo de la segunda división B. Y he aquí el momento histórico. Por primera vez en mi vida podía acceder a pagarme el abono de socio y después de estar toda la vida acudiendo a mi estadio subvencionado por alguien en 2005 y en la tercera categoría del fútbol español me sumo al eslogan de las peñas: Yo no abandoné a la Unión en 2ªB.Volví a disfrutar como un crio porque además cada domingo que jugábamos como local iba al fútbol acompañado y acompañando a mi amigo Paco Matellanes. Ya teníamos excusa para pasar toda la tarde de domingo hablando de fútbol. Javi Lopez, Juan Ignacio Martinez, David Amaral…. vimos buenos cuatro años de futbol y grandísimos jugadores: Tortolero, Pelegrín, Vela, Braulio, Lopez Garai, Catalá, Quique Martín, Jorge Alonso, Hugo Leal, Toti….El útlimo gran momento de la Unión fue el gran final de año del míto charro Jorge D’Alessandro 

en el banquillo, salvando a la Unión en el último partido aunque lo emocionante se vivió en los partidos previos con la gran empatia que vivió la grada con su equipo. Realmente emocionante. Eso es el fútbol.  Y al final…. ya sabemos el final. Pero lo bonito no empañará a lo feo, la felicidad a la tristeza.  Quien quiera seguir viviendo el espiritu unionista debe leer este blog que es un elemento de memoria perenne. Y como epitafio sólo me queda darle las gracias a mi padre que me llevó bien chiquito a El Helmantico.

Gracias porque siempre estareis en mi corazón. 
Hala Unión!!