A sangre y fuego

Chaves Nogales

Ando en las últimas semanas enganchado a un libro de un periodista y escritor sevillano de la primera mitad del siglo XX, Manuel Chaves Nogales y a cuya conferencia sobre su persona pude acudir hace unos días con un previo interés inusitado por su libro “A sangre y fuego”, una obra breve pero intensa  con nueve historias verídicas sucedidas en los primeros tiempos de la Guerra Civil española.

Un libro que me gusta por varios aspectos pero sobre hay uno que me cautiva sobre manera y es la fascinante variedad léxica y riqueza de un vocabulario que se hace inabarcable para la memoria. Una exigencia continua de comprensión es ejercida con pasión por mi cerebro durante la lectura de este pequeño gran libro. La visita al diccionario de la Real Academia de la Lengua se hace completamente necesaria al menos un par de veces por cada página porque los registros del autor son inmensos. Son nueve historias, de toda índole, que sucedieron durante los primeros meses de la guerra en España vistos desde los ojos de un periodista cuyo prestigio era incuestionable en los años treinta y que dirigió el periódico de mayor tirada de la época, Ahora.

Nueve relatos, nueve historias, nueve lamentos, nueve crónicas de episodios triviales, habituales, únicos, diarios que tuvieron lugar en los meses primerizos de la guerra incivil española que son relatados con una minuciosidad y exquisitez sobre el terreno que resulta muy difícil comprender que el autor sea capaz de contar historias que suceden durante una barbarie. Contadas con ritmo, con una profusa variedad de palabras, de conocimiento del medio en el que se desarrolla cada historia, cada aventura.

Una vez más la contradicción reina en unas páginas donde la crueldad de sus desenlaces son contados con una envergadura brutal fuera de todo amarillismo y con una neutralidad riquísima en relatos. Sin posicionamientos. Sin obstinaciones. Cuenta la crueldad de una guerra de unas vidas, ambientada dentro del relato que a veces hay que pellizcarse para comprender que lo que cuenta ocurrió. Una guerra, una tragedia, una vida o una muerte contada con todo detalle, como buen periodista en el terreno. A eso fue Chaves Nogales, a contar la vida de España. De la terrible hostilidad y de la miseria humana que recorrió el país. Y en todo este escenario lúgubre, relumbra la pluma de Chaves Nogales para dar visibilidad a estos acontecimientos y que tiempo después el lector pueda disfrutar del noble ejercicio de escritor con una belleza patente en todos sus textos.

“A sangre y fuego”, un libro excelso de un tiempo trágico.

Y sobre todo enriquecedor para saber lo que no debemos hacer en un tiempo próximo. Entre hermanos es mejor que no ocurra nada de lo que relata el autor sevillano. No lleguemos a esos extremos. Para saber adonde no debemos ir, leanlo.

Vivir, mirar, escuchar mi voz

Tiene que ser horrible, asfixiante querer contar una historia y no tener capacidad de llevarlo a cabo. Ya sea porque no encuentras el modo de hacer un relato brillante debido a incapacidad o por que no se hilvanan las letras correctas de manera ordenada. Sea también porque no hayas la relación necesaria entre el guion mental y la inspiración instantánea. Tiene que ser como un dolor en el pecho de los que no permite dar ni una inhalación demasiado profunda para no perder el conocimiento mientras la mente emite zumbidos continuos como si dos polos hubieran tocado sus superficies y emitieran una señal salvavidas.

Sin querer mostrarme pretenciosamente como un escritor, generalmente, se de lo que hablo.

Entablar diálogos ,creando las preguntas y respuestas, con uno mismo no sabiendo que papel estás interpretando si el real o el mundano. Una gran dicotomía.

Un libro deber ser algo muy hermoso. Escribirlo digo. Un libro de poemas, un libro con una novela, un libro para divulgar un hecho histórico. Debe ser como un hijo. En ocasiones engendrado unipersonalmente y otras en comunidad. Porque para buscar una historia habrá que vivir y entonces habrá que mirar esas vivencias de lo que sucede a tu alrededor y entonces habrá que escuchar tu propia voz y darle salida de forma estruendosamente silenciosa al son de las teclas tu vieja máquina de escribir o de un teclado de ordenador. Ser un vividor, ser un observador y ser un oyente.

Tiene que ser un pequeña locura. Escribir algo que no te corresponde. Que no lo hace porque no es tu mundo o por que no te sucede pero eres absolutamente capaz de integrarte dentro del cerebro de tu personaje. Y en menos de una linea también ser ducho para pensar como un opuesto o como un rival o como un amante o como un socio. Trazar un hecho y proyectarlo en una linea de tiempo. Un guión elemental pero de tan difícil ejecución que puede acabar en un suicidio involuntario. Ser muchos en un solo yo.

Un libro no desmerece a una canción, a una estatua, a una pintura.

No desmerece «El autor» ninguno de mis halagos aunque sea antes de expresarlos. Será porque como un un escritor, obviemos si malo o bueno, tengo un vacío inmenso que no me deja continuar.