Rondando la muerte

No debería ser posible que el miedo rondara mi mente aún más cuando se trata de realizar una actividad para el disfrute y la felicidad. Es como si piensas, cuando te vas a comer algo que te apetece mucho, en todo lo malo que ello conlleva. Seguramente el mordisco no conllevará tanta satisfacción, piensas en que puede finalizar todo eso.

No tengo miedo a que maten pero realmente sería una putada porque me lo estoy pasando bastante bien y creo que aún me quedan muchas escenas por interpretar, actos que realizar y guiones que teatralizar. Y jamás hubiera pensado en relacionar ciclismo y muerte más allá que en desgraciados y casuales accidentes o caídas fortísimas relacionadas con la propia e inocente actividad que es montar en bicicleta.

No tengo miedo a que me maten pero siento más respeto por las carreteras cuando ejerzo de conductor de coche que como ciclista. Por lo tanto esta doble perspectiva me permite afirmar sin dubitaciones que la convivencia entre ambos medios es posible y además que será inevitable. Donde yo veo un metro estrecho de asfalto yo veo un suficiente espacio para circular en condiciones de seguridad con mi bici. Hay que entender que un ciclista tiene que realizar gestos que puede que le hagan perder la linea recta pero que si un conductor respeta la distancia de seguridad ese desvío no tendrá consecuencias fatales.

No tengo miedo que me maten pero si eso sucede además de matarme a mi matan a mi familia, a mis amigos. Eso si que es una gran putada. Y no se lo merecen.

No preparo una salida en bicicleta esperando la muerte pero nos hacen pensar en ella más de lo necesario después del gran aumento de accidentes en los últimos años. Es más casi ni lo pienso pero si que hay momentos en los que te hacen reflexionar seriamente si merece la pena intentar ser feliz.

La bicicleta de carretera, el ciclismo me genera una felicidad enorme ya sea en épocas que estas preparando una prueba o simplemente por uso y disfrute de un deporte tan hermoso y que te lleva tan lejos en todos los sentidos. Hace que fisicamente estés fino y mentalmente ocupado. Eso si, aunque hay días que hubiera sido mejor no salir al día siguiente tienes el beneficio de esa salida tan mala.

No podemos dejarnos vencer por el miedo. Tenemos derecho ser felices, todas y todos.

La vida sobre dos ruedas

La bici del nieto del del estanco

Es muy difícil encontrar un coetáneo a mi que no se haya criado con una bicicleta. Porque aunque fui un niño urbano, cuando arribaba el verano, ir al pueblo era sinónimo de fútbol, campo, jugar, abuelos y para todo esto, una bicicleta. No es posible entender mi presente sin echar un ojo al pasado pueblerino, con aquella bicicross BH de mi compadre Carlos.  Sagrados eran los finales de etapa de la Grand Bouclé, el Tour de Francia, en casa de mis abuelos. Los días de verano la bicicleta era el bien más preciado por cualquier niño. Esa que te llevaba a la era, al campo de fútbol, a la ermita o a cualquier camino de nuestra inmensa llanura. Se cumplía de inicio a fin ese dicho que las bicicletas son para el verano.

Llegado a la treintena no recuerdo porqué me compré una bicicleta de montaña. Si, fue cierto que compré la más económica de la franquicia francesa y con la premisa de que si me gustaba me compraría otra. Efectivamente, no tardé dos meses en vender ese armatoste porque ya descubría día a día con Rosendo y los fin de semana con Chuchi que la bicicleta, en este caso, de montaña me gustaba. Que no había sido un capricho como otros tantos.

Afrontamos por entonces el Camino de Santiago por su vía sanabresa y fue de tal magnitud la aventura a nivel emocional que seguí practicando ciclismo. Algún tiempo después el promotor oficial y emocional de nuestras aventuras, mi compadre Barros, nos retó a mi compadre Arenas y el arriba firmante a realizar un triatlon. Yo, pasados los treinta, pasado de peso y sobrante de ilusión nos embarcamos en aquella pequeña locura en tierras sevillanas. Aquella prueba es la única que jamás olvido. Aquel grupo de amigos que se acercaron a la ribera del Guadalquivir y recibirnos en la meta fue algo inolvidable y que dió pié a una de mis fotos preferidas. Y después? Pues llegaron mas carreras, mas dorsales… pero lo que llegó que me cambió la vida fue mi primera bicicleta de carretera. Una reliquia. Una macario de acero que, debido a mi ignoracia, claramente me quedeba pequeña pero que me hizo descubrir una nueva dimensión: el ciclismo en ruta.

El triatlon había sido la excusa para comprarla y no hay mejor excusa que la que no se puede justificar. Con todo ello, hice mi primer triatlon sprint con mi macario también en mi querida tierra sevillana con la causa benéfica “Yo corro, tú donas” que creo y promovió mi compadre Barros. Y además de cumplimentar aquel reto con nota sobresaliente corriendo con mis amigos lo que derivó fue que aunque mi intención era seguir haciendo triatlon, la bicicleta era mi deporte preferido de los tres que componen esa exigente disciplina.

No existe mejor acuerdo que las dos partes cumplamos el código pero sabiendo que yo soy más débil.

Llegada a meta del Triembolao

Fran tenía experiencia ciclista en edad de formación, hasta juveniles y Chuchi rodaba de vez en cuando con los compañeros del club de triatlon. Y yo….yo seguía rodando la mayoría de los días solo. Y surgió la oportunidad de comprar una bici buena. Una de esas que la deseas. Una bici, que aunque de aluminio, tenia unas prestaciones bastante solventes. Y ahí, con el gran favor que me hizo mi compadre Arenas, la tenia preparada en su casa sevillana. Y como una primera cita, un primer beso. Así e igual de nervioso. Así, di mis primeros kilómetros con una bici de verdad por carreteras hispalenses. Y así andamos. Fascinado como entonces ante una pedalada. Feliz, dichoso y afortunado de poder practicar un maravilloso deporte, una jovial afición y una sana ocupación.

Porque otros no pueden decir lo mismo. Ya no tienen voz para contar su dicha.

No tenemos que discutir para llegar a un acuerdo. Solo tenemos que comprender todos que el ciclista es el más débil en una carretera. Automóviles, camiones, furgonetas… todos ellos nos pueden tumbar con un simple rebufo, con una imprevista maniobra, con un giro crucial. Y esto no es discutible por que es una obviedad. Yo no tengo nada que me proteja. Solo mis huesos. Solo yo.

No existe debate ante tal afirmación. Si debemos la sociedad crear una serie de conductas que eviten esta rotunda verdad. Y no es más que el civismo. Ser cívico y respetuoso. Los unos con los otros, los otros con los unos. Eso sí, debemos cada parte conocer a la otra. Porqué? Porque el conductor de vehículos motorizados debe comprender mi aseveración anteriormente expuesta.

El cumplimiento de las normas del código de circulación debe ser incuestionable, pero con matices. Porque lo que deben entender  es que hay situaciones en que el cumplimiento por mi parte conlleva un riesgo para mi integridad física. Paso a explicarme. Si bajo, por ejemplo, por una gran avenida, sin dar muchos pedales pero dejándome ir tengan por seguro que alcanzo fácilmente los 35 kilometros por hora. Repito, sin prácticamente pedalear. Si a menos de 50 metros el semáforo se pone ámbar y después rojo, mi brusca frenada puede llevarme al suelo además de que si llevo a otro vehículo a mi espalda y ,al no llevar las bicicletas luz de freno, tengo el riesgo de que me embista y propicie un grave accidente. Es mucho más seguro para mi y para el entorno de circulación seguir circulando con extrema precaución y sobre todo si hay pasos de cebra en torno a dicho semáforo.

En otras ocasiones nos encontramos semáforos y pasos de cebra en calles con pendientes, en subida. Sepan ustedes que no es fácil quitarse el pedal, desenganchar mi pie del artilugio en cuestión no es sencillo. Eso hace que si no avanzo, me caiga. A veces hay que seguir pedaleando para buscar un lugar más llano para poder deshacerme de mi pedal.

Y como estás hay muchas más situaciones en las que no nos sentimos comprendidos los ciclistas. Eso si, es injustificable numerosas actitudes de ciclistas. No es negativo que se denuncien y sirvan de elemento pedagógico para todos nosotros.  Pero solo estoy incluyendo a los ciclistas que salimos a practicar nuestro deporte, no a los usuarios urbanos de bicicleta. Esos que van circulando indistintamente por aceras o asfalto, usando el móvil y que no les importa un rábano el codigo de circulación. Esos no son ciclistas.

Desde hace un tiempo vengo demandando que por parte de la radio y televisión publica se cree y difunda una campaña que conciencie del respeto entre biciciletas y vehículos, entre ciclistas y conductores de forma pedagógica y constructiva. Existe un amplio desconocimiento, por ambas partes, de como debemos circular, de nuestros derechos y obligaciones.

Espero que nuestra sociedad avance y madure en el sentido del respeto y no haya que lamentar más accidentes evitables.