La felicidad

El riesgo es una incertidumbre que origina endorfinas cuando disfrutas de algo que aunque parece inseguro genera una felicidad tal que ponemos en una lista de prioridades los estados emocionales a los que nos exponemos y cuando la felicidad ocupa el primer lugar, lo demás no importa.

Como le explico yo a mi madre que soy feliz cuesta abajo a sesenta por hora dibujando curvas sobre un trozo de carbono y un par de ruedas que vaya a usted a saber estén bien apretadas, con dolor de manos de apretar el freno para no estamparme barranco abajo.

Y como hacer explicar que en el sufrimiento está el placer. Como le hago entender a alguien que no le guste que subir pendientes brutales con un calor axfisiante que no me da tregua y me lleva al limite es parte contratante e indisolube del sufrimiento que me llevará a los altares de la felicidad completa, a un extasis, a una paz y a una satisfacción indescriptible.

La felicidad es un estado demasiado breve

Tengo carencias de elocuencia para ser capaz de transmitir la felicidad del domingo en la Bragança Gran Fondo. Unas carreteras cerradas al tráfico, sólo para nosotros. Gestionando las curvas sabiendo que nadie vendrá de frente, un buen asfalto y sobre todo, una compañía, disculpen la ofensa, inigualable.Comando Batuecas

Cuando haces algo con la gente que quieres todo en la vida sabe mucho mejor y se disfruta mucho más. Yo generalmente iba cerrando el trio, seguía el sedal, me motivaban a seguir su estela, su ritmo, su figura tirándose carretera abajo y pincelando cada curva, su dolor de piernas cuando íbamos cuesta arriba. Indescriptible. Feliz. Porque son los mejores.

Y al final me dieron una medalla. Y esta no la voy a tirar.. cuando la vea, cada vez que la mire, recordaré que solo con el entreno y la constancia se disfruta. No gané nada, más que amigos, pero aunque sea de madera es la medalla que vas vale del mundo. Me lo he currado, me la he ganado.

El éxtasis

Vetusta Morla

Quién inventó la música, ya fuera de forma casual o provocada, fue alguien que seguramente no preveyó las consecuencias que tendría en la humanidad. La cantidad infinita de sentimientos que puede despertar una serie de sonidos, armonias, acordes y demás elementos musicales que eleva hacia la inmensidad la felicidad de los sentidos no los podemos meter en un solo saco.

Tengo la costumbre, creo que muy buena, de ir a conciertos que realmente me apetece ir con gente que quiero, que me importa. Compartir un deseado concierto es como compartir una buena botella de vino porque todo compartido sabe mejor. Y a este Interestelar de Sevilla he ido con la gente que, ciertamente, anhelaba volver a coincidir en un acontencimiento musical tan etéreo como ver a Morgan, Ivan Ferreiro, Mikel Erentxun…. pero sobre todos a Vetusta Morla.

A Vetusta Morla le había visto hasta entonces en cinco ocasiones, ya seis, obviamente, repartidas dos veces en cada ciudad mágica: Salamanca, Santander y Sevilla. En cada una de ellas la expectativa era diferente. En esta ocasión venía de la cara y cruz del año pasado. Musicalmente en Salamanca, el día que presentaron su disco, fue brillante y especial pero en Santander fue un calamitoso concierto a nivel músical, remendado por mi feliz estado emocional. Así que me presentaba en Sevilla a dirimir un empate. Y extrañamente en nosotros, nos postulamos muy adelantados entre la plebe, aprovechando la privilegiada posición en la que vimos a Erentxun nos hicimos fuertes en esa cuadrícula de terreno durante una hora si bien fue un tiempo entretenido con conversaciones apretados y a empujones con extraños y conocidos que dejarían de serlo en un rato.

Uno de los mejores conciertos en los que he estado. No se si musicalmente fue extraordinario pero emocionalmente siempre estuvo en la cumbre y de ahí no se bajó.

Una vez comenzó el espectáculo nos posicionamos de forma más amplia y espaciosa entre el apasionado público, entre los que nos encontrábamos. Ya desde el principio, como un flechazo sentí una conexión especial con lo que estaba sucediendo en el escenario. Percibía una energía muy empática en la banda que me llegaba a los sentidos mediante sus canciones. Y no lo tenían fácil puesto que ya con cuatro discos de estudio hay que elegir muy bien los temas a tocar. Parecia que me daba igual lo que sonara, lo importante es como me lo transmitían. Yo notaba un fuego queVetusta en Sevilla prendía la mecha de la emoción y que nunca se apagaba. Como me gusta gran parte de la obra músical de Vetusta Morla no me mostraba enfadado por la ausencia de algunos de mis temas favoritos, dígase «La deriva», «Rey Sol»o «Punto sin retorno». No me importaba, iba disfrutando una a una cada canción como si fuera la última y sobre todo recibía la energía que generaba Pucho en el escenario con su interpretación vocal y sobre todo con un movimiento encima del escenario, un ir y venir, una pasión que hacía que se infiltraran las letras de Vetusta en mi piel sin dolor alguno. Esos «Cuarteles de Invierno», esa «Copenhagen», ese «Fuego. Todas estas canciones hacia que nos miráramos entre nosotros y agitáramos las manos dando a entender el pedazo de concierto que se estaban marcando  y nos quedáramos mudos porque no acertábamos a articular palabra. Como punto álgido de esa emoción ya en la parte final del espectáculo Pucho se bajó a la arena y entre el público cantó «Mapas» y ahí estabamos nosotros. Pasó entre nuestro grupo y la sensación de tenerlo hombro con hombro mientras no dejaba de cantar fue una de las más brutales que he tenido como espectador de un concierto. Con la emoción a flor de piel enfilamos el final del concierto, intentado coger aire para los esperados «Los días raros».

Llegado a este punto cada uno de nosotros ya estaba desnudo, se había despojado de la carícatura que eramos hasta entonces. De esos problemas que lastran la felicidad o de esas ilusiones que se convierten en sueños, de esas penas, de esas mierdas, de esas nostalgias o de esos anhelos. A estas alturas con tantos versos ya cantados estábamos dispuestos a vaciarnos. Y puede ser difícil explicar que alguien llore con la música. Y no se el como ni el porqué pero había alguien abrazado a mi que aunque parezca mentira no me impedía disfrutar de mi tema favorito. Su abrazo buscaba un consuelo que era irreal pero ese desahogo me servía para contagiarme la energía de los momentos únicos. Yo no estaba pasando por el trance pero le comprendía. Quien soy yo para preguntar el porqué de su desconsuelo pero emocinado estaba de ser yo el que soportaba esa gran mole de humanidad que buscaba un hombro mientras «nos quedan regalos por abrir». El éxtasis fue inmenso, incuantificable e indescriptible. Me quedé vacio. Vacio de nostalgias, de recuerdos, de discursos. Pero lleno de energía.

El concierto fue una epopeya. No quiero estropearlo con más palabras. No debes perderte un concierto de Vetusta Morla.

Madrid, ciudad inmortal

elambulante en Madrid

Resulta extraño hablar con mesura de algo que amas y odias a partes iguales. Y que dañino es el odio. Cuanto mal hace al humano. Porque algo que en un momento odias pasas a amarlo apasionadamente.

Bien, soy un exagerado. Pero Madrid mola. A finales del siglo pasado con excusas parroquianas empezaron las visitas de fines de semana. Nuestra voracidad y la ausencia de dinero en los bolsillos convertían las noches de Madrid en ejercicios de supervivencia y de divertimento calimochero. Y cuando poco tiempo después mis mejores amigos de la parroquia emigraron a Madrid mis visitas fueron aumentando exponencialmente al deseo de descubrir una vida que no teníamos en nuestra ciudad. Fueron años de excesos, de goce y disfrute, de exaltación de la amistad, de pateos inmensos para evitar las tarifas nocturnas de taxi. De bares de yonkis, de bares de pijas, de bares cutres, de bares. De bares.

Con mi nulo sentido de la orientación las cabalgadas nocturnas por Malasaña en los últimos tiempos de botellones, de jóvenes en la calle, de las cervezas más baratas que en otros bares de Salamanca, de música, la vida madrileña se resumía en las horas que estábamos despiertos y siempre juntos. No perdíamos el tiempo con los móviles ni las jodidas redes sociales. El late motiv era vivir. Y conmigo mis amigos fueron muy generosos. La cuestión era llegar al Only You y mover la melena mientras compartíamos los litros de cerveza. Era el piso de Conde Duque, luego el de Argensola.  La melodías del rock y del pop era nuestra compañía en toda la calle La Palma hoy convertida en una calle sin alma. Los bares en los que habité y que por supuesto no recuerdo sus nombres fueron testigos de años felices.

Pocas ciudades han aportado tanto al relato musical. De una manera u otra Madrid fue, es y será un escenario imprescindible para quien quiera vivir de la música.

Y luego vino mi mudanza laboral. Y cuando parecía que vivir con ellos, en Madrid, lo que siempre habíamos hablado y sumarme a su convivencia de algunos años a los tres meses supe que Madrid no era mi sitio. Madrid, su jungla; La jungla me animó a escribir los primeros artículos de este vocerío que tengo por web. Madrid, tus bares ya no era mi salvación. Ni tampoco los locales de dudosa moralidad ni la compañía de señoras que eran señores con voz de Manuel, de Pepe o de Javier. Madrid, me agotaste aunque me devolviste a mi amigo de siempre de mi pueblo. Fue bueno por eso. Madrid, te odié. Y huí. Me fui a los pocos meses y la distancia que empezó a haber entre tu y yo era proporcional a las visitas que durante años te hice.

Y Madrid, yo aposté por ti. Jugué fuerte. Quería devolver a la verticalidad las torres de la Plaza de Castilla. Madrid, fuiste la diana equivocada. Pero volví a pasear sin ninguna prisa y sin tristezaheroes del silencio alguna por tus calles. Ese enjambre de vías que te llevan a donde quieres estar.

Madrid, vuelvo porque la razón aunque sea breve merece la pena. Madrid fue lugar clave para la carrera de Héroes del Silencio. El sábado voy a dejar me que me desalmes. Se benévola. Un concierto histórico aunque sea un tributo que tengo tan visto. Da igual. Quiero una vez más. Quiero disfrutarlo como si fuera el último. Porque nunca se sabe si me canso de ti o de vosotros. La cuestión es que no sea la rutina la que me oblige a visitar a la ciudad que sirve de hogar para tantos exiliados y es el amable refugio de los necesitados de vivir injustamente ahí. Y porque hay madrileños que les encanta su ciudad como no podía ser de otra manera y entonces se convierte tambien en nuestra casa. Siempre con las puertas abierta.

Y esas puertas han dejado escritas maravillosas canciones sobre Madrid y no solo Joaquin Sabina ha escrito versos irrepetibles sobre la capital del reino. Tambien grandes como Radio Futura, Quique Gonzalez, Xoel Lopez, Antonio Flores y otros tantos han dejado para la eternidad estrofas y melodías inolvidables sobre la casa de muchos ciudadanos del mundo.

En la prisión del deseo estoy junto a ti, Madrid

La vida del abstemio

cerveza

No ha sido por voluntad propia, lo confieso. Pero mi obediencia y sumisión a la prescripción médica no me dejaba otra opción que estar un buen número de días sin el consumo, ni siquiera mínimo, de alcohol. Como mucho podía tocar el botellín por fuera, olerlo, refrescar mi cara en estos días de calor con el vidrio marrón,  imaginar como sabría pero en ningún caso catarlo ni mucho menos repetir trago so pena de ir, quien sabe si valiéndome por mi mismo, a un centro hospitalario.

En este periodo de absoluta recatación alcohólica se metió de por medio un fin de semana con todo lo que ello conlleva y además se daba la circunstancia que era un fin de semana muy especial porque venían a la ciudad buenos amigos y se daban un par de ansiados eventos. A los amigos hay que intentar siempre regalarles tu presencia , mutuamente, y los eventos hay que disfrutarlos a tope.

Aunque parecía un tipo caído en desgracia el viernes empezó con unas cañas por el centro de la ciudad con un sabor agridulce y nunca mejor dicho porque la cerveza sin alcohol es un placebo formidable pero de un sabor un tanto, un mucho, totalmente diría yo repugnante. Esa embocadura entre amargura y acidez y la falta de consistencia en la boca hizo que la primera caña fuera como un brebaje contra la resignación porque aquello era una sensación de desasosiego total, una falta de vitamina en el cuerpo brutal, como si aquello cayera en vacío. Pero la noche prosiguió y mi cata de cervezas sin alcohol me llevó por la noche salmantina como un bohemio con buena conversación sin perder el razonamiento.

Pero aunque todo parezcan ventajas, las del abstemio, hay un gran inconveniente para el bebedor de agua de cebada sin alcohol. Levantarse más veces que un pobre anciano al complicado arte de apuntar un chorrillo de agüita amarilla en el mingitorio a medio sueño y con el sentido desorientado es para hacerse pensar fervientemente lo de beber birra descafeinada.

Lo bueno, eso si, es que a la mañana siguiente me desperté fresco como una rosa y por una vez apuntó mi vista sin devaneos  al frente y sin girar como una hélice. Apenas dos horas antes y después de desbeber ya estaba preparado para un día completito. Que gran idea fue salir a tomar el vermú. Porque la cuestión importante no es el vino en cuestión sino el acto social, exactamente igual que las cañas. Unas matutinas, otras vespertinas pero todas con el encanto de la buena compañía y una buena conversación. Y mientras iban cayendo para el resto una tras otra, sin remisión, cañas como Dios manda yo seguía con mi retahíla de cañas o botellines sin alcohol empanzonándome y visitando todo tipo de letrinas en bares y demás tugurios. Pero claro, me llevó a la tarde tan sereno y ocioso que hasta era capaz de apuntar y embocar correctamente las bolas de billar con una precisión exquisita.

Y lo más extraordinario de todo es que en ese estado me presenté al concierto que tanto estaba esperando, que con tanta pasión vivía desde hace días. Eso si, el conciertazo de Viva Suecia con la compañía de grandes amigos no hizo que dejara de echar de menos ese trago de excitación, de inspiración y de locura. Esos litros de cerveza que corren de mano en mano en todo espectáculo Viva Suecia y elambulantemusical y más en el que tanto quería disfrutar. Y después de la emoción de comprarme sus vinilos y de que me los firmaran y que posaran junto a mi nos fuimos al bar que más me gusta en estos tiempos a disfrutar de la música… porque de la cerveza… seguía sin disfrutar. Caía una tras otra y daba igual la canción que sonara y el numero de botellines que alcanzaban mi mano. Mi estado etílico era el mismo. Ninguno.

Acabamos la noche a altas horas de la madrugada y por una vez la cuesta de mi casa no tenía curvas. Las habían quitado de repente y además que tuve la gran fortuna de ser el aguador de los matorrales porque ,claro, con tal cantidad de aguachirri ingerida la vejiga se avecinaba a estallar si no regaba lo setos de boulevard. Que maravilla no tener que apuntar. Pero aún habiendo vaciado completamente mi habitáculo donde rebosa la orina otra noche más cual jubilado, me tuve que levantar con los ojos pegados al urinario doméstico, eso si, con el cruel ejercicio de afinar la puntería para no dejarlo todo perdido.

Pero es que a la mañana siguiente tampoco había resaca, que idílico! Y otra vez que nos fuimos con toda la solana a tomar esos vermús acompañado de amigas y amigos con los que comentar no se el qué porque nos habíamos visto unas horas antes durante un concierto y unas birras. Vamos que la excusa era perfecta para seguir. Y así discurrió la tarde hasta que con hilatura musical fuimos a comprarnos unos vinilos y oiga usted que los elegí sin alteración ninguna porque yo seguía con mi abstemia radical. Y claro, de estado tan excepcional solo puedo salir una buena elección de disco. Uno de Eric Clapton, un clásico. Y después de esto continuamos nuestros pasos hasta una cervecería…y ¿que se bebe ahí? Si! Cerveza sin alcohol! Mientras mis amigos me daban envidia con sus pintas, con su cerveza bajando hasta el nivel 0 para pedir otra yo seguía con mis tercios de aguachirri y así pasamos un tarde magnifica. Y yo sin ningún tipo de ayuda que no sea la emoción de estar con mis amigos.

Pero si hasta me dio la cordura para escribir una carta de amor, mejor dicho, de desamor no correspondido, el amor quiero decir. ¿Qué es esto? Pero si yo pensaba que solo sabía decir ese tipo de cosas con unas cuantas cervezas en mi cabeza. Pero por Dios, pude escribir y lo mejor de todo, pude dormir.

¿Será que voy a cambiar mi vida? Por favor, sólo necesito una cerveza… de las como Dios manda.

Canción para hoy: «¿Nos ponemos con esto?» Viva Suecia

Siempre seremos los mejores

Existe en la conducta humana el rutinario ejercicio de echar la vista a atrás como para apagar la tristeza que por algún motivo nos invade en ese preciso momento. Mirar al pasado recordando momentos auténticamente únicos es como hacer un ejercicio de funambulismo entre la nostalgia y el deseo con esa dosis de querer retrotraernos a ese instante, inigualable, pero que generalmente no va a volver a ocurrir.

Tienden las mujeres y los hombres, más estos últimos que las primeras, a hablar con anhelo de unas escenas vividas como si de seres sempiternos en la juventud quisieran ser. Esa palabra maldita que a veces nos atormenta y otras nos altera. Nostalgia. De la que también a veces con vergüenza nos referimos a ella. Una vergüenza relacionada con la seguridad de que nuestro futuro no va a ser ni de lejos parecido al que felizmente tuvimos en el pasado.

Me agota el pensamiento negativo. Me resulta cansino mirar demasiado atrás. Me decepciona esperar lo que nunca va a volver a suceder. Me perturba el constante anhelo del pasado.

Esas cabalgadas nocturnas embriagados de superioridad, esos excesos que nuestros cuerpos aguantaban como robles, esos merodeos entre faldas y pantalones un viernes, un sábado y los domingos también, esas conversaciones interminables por teléfono. Todo aquello estuvo muy bien. Pero, ¿y ahora qué?

Me atormenta pensar que los besos que di fueron los mejores de mi vida sin conocer los que me quedan por dar, me entristece pensar que no tengo ya capacidad de beberme las calles de Madrid latido a latido, me desola rozar la idea de que no pueda comunicarme todos los días de nuevo para ser puntual, me tortura caer en el maldito cliché del pensamiento único de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Caes en  desgracia si estás en esta idea.

Entonces desprecias uno a uno los besos que tu hija te da, de las sonrisas que te regala, de los desvelos de tu niño, de los ratos que pasamos en el sofá, de las horas que no te dedicas a ti, de la incapacidad de hacer todo aquello que hiciste antaño.

Por muy delirante y decadente que sea el momento en el que estás no hay nada más motivante que lo que queda por venir y eso que detesto de igual manera la recurrente expresión «lo mejor está por venir». Digo yo; si no sabes que es, como lo vas a comparar. Por muy ingenuo que parezca el desvarío de hoy es que realmente lo que me pasa es que estoy hasta el gorro de que pensemos más en el ayer y en el mañana. ¿Tan dificil es disfrutar el momento?

No entiendo mi vida sin Paco, sin Chuchi, sin Raul, sin Carlos, sin Curro…. pero coño, otros y otras vendrán. Y no tengo duda que el futuro se construye desde el presente, ese que dura un instante, un tic tac de reloj, esa canción que alegra tu corazón. Ese beso que no sabes porqué lo das, ese abrazo en el que te entregas como si no hubiera más, esa sonrisa que regalas sin esperar nada a cambio, esa cerveza cómplice y confesora, esas pedaladas que te llevan al más allá. Coño que el pasado es pasado y fue precioso… pero, ¿es que no te apetece seguir pasándolo de puta madre?

SonoramaRibera 2018

No todos los festivales son iguales y aunque haya repetido en varias ediciones mi presencia en Aranda de Duero para disfrutar de la música, del ambiente festivalero que regala el pueblo a todos los asistentes, de la hospitalidad de todos los arandinos, todas y cada una de ellas ha tenido una característica que la hace única y especial.

Sin duda la presencia de Búnbury generó a última hora mi deseo de asistir junto a mis amigos y compañeros de las últimas ediciones . Asociado a él, el cartel no era el que a priori más me satisfacía pero las ganas de disfrutar de la música y de mis amigos empujo a desplazarnos a la localidad burgalesa. Los primeros pasos preveían una aglomeración masiva desde el primer instante la presencia en el camping de un enjambre de tiendas de campaña ha visto el recuerdo de la edición anterior dónde la masificación fue horrible. Pero sorprendentemente el presagio no se cumplió y solo en algunos instantes del sábado en el recinto sí confirmó mi miedo.

El jueves empezó con un sorprendente y poco justificado cartel en la Plaza del Trigo. Y realmente ocurrió lo previsto . Fue una mañana realmente floja que no tenía más remedio que enderezar la tarde y así ocurrió porque ni siquiera mi cambio de escenario para ver a los bercianos The Morgans alegró el panorama. Estos, cuando dejen de cantar en inglés y pongan un poquito más de energía puede que habiten en más carteles festivaleros.

Empezó el jueves en el recinto con un cartel soso y flojo, cercano a la inmolación con Tulsa y Soleá Morente. El apellido queda muy bien en cualquier cartel, el talento se quedó en la tinta. Vino a continuación el aberrante y vergonzoso espectáculo de Diego “El cigala”. Primero porque salió al escenario treinta minutos tarde y segundo porque no se dedicó a cantar sino a hacer algo parecido a balbuceos y alaridos acompasados por una excelente banda que asentía el bochorno que presenciaba. Los únicos aplausos que se llevó el caradura madrileño fueron cuando alzaba el vaso para beber su combinado de naranja. Cubata y medio se pimpló el jeta en apenas cuarenta minutos de concierto. No merece vivir más de la música.

Debido a la perniciosa actitud del cantaor el siguiente grupazo, Neuman, se vio obligado a recortar considerablemente su concierto. A los murcianos, además de mantener las formas y la corrección, le fue cortado el sonido en la última canción. A renglón seguido venía el plato fuerte de la noche: Búnbury.

Fue un concierto redondo, extraordinario, enérgico, empático y con una brillantez artística que impide que al zaragozano nadie le saca de las mas altas esferas musicales. Un concierto con un listado de canciones un tanto sorpresivo, no he querido saber lo que ha interpretado en otros festivales, pero que permitió a la plebe entregrarse. Percibí una emoción en el público, además de la mia claro está, pocas veces encontrada en ya más de las veinte ocasiones que le he visto a lo largo de su carrera.

Bunbury en Sonorama
Bunbury en Sonorama 2018

Su presencia me impidió ver por solapamiento de horario a otro de mis grupos favoritos: Egon Soda. No se lo perdono a la gente de Art de Troya. A continuación llegó una muy digna actuación de Mikel Erentxun, muy sonora y fresca. Además algún clásico de Duncan Dhu fue seguido por la multitud, que en su facción más joven, nos permite creer que hay esperanza en la deriva. Pasó después por el escenario principal Rozalen, momento que creí oportuno para cenar pues su música no es de mi agrado. Después de ello llegaron Elefantes. Me resulta muy difícil hablar de un grupo capital en mi vida pero que se aleja de la emoción que me ha hecho sentir tantos y tantos años. Su último disco es el peor de su carrera y no es digno de su trayectoria. Y lo que es peor, van flojeando en directo poco a poco. Un lento agonizar. Ojalá Shuarma y Toscano consigan reflotar el barco.

El viernes era el día de la rumba en la Plaza del Trigo. Una apuesta arriesgada en la que sólo Tomasito consiguió embrutecer a los jóvenes espectadores con un espectáculo de entrega y conexión. Fue muy digna su presencia. Club de Rio y Tu Otra Bonita pasaron, sin más, por el histórico escenario. Como sorpresa la organización colocó a La Moda a ultima hora de la mañana. Sorprendió que los burgaleses hicieran un concierto similar al de la noche. Desaprovecharon la oportunidad de demostrar su polivalencia musical con tanto instrumento, eso si, la gente se sabe bien algunas de sus canciones. A mi, no me gustan.

Llegamos al recinto para ver a Angel Stanich. Esa voz tan peculiar… como correcta su actuación. Vino posteriormente L.A. en seguramente, la apuesta mas pura por el rock. Que bien estuvo el mallorquín y que sólida su música y sonoridad. Pasamos a los insulsos Nada Surf. Buscan la empatía y la conexión con el público pero su música en directo me dejó algo frío pero era una banda de obligado cumplimiento de asistencia. Vino después de ellos la mejor actuación de la noche, Morcheeba. Tenía muchas ganas de verlos en directo por primera vez y no defraudaron los británicos que realizaron un mezcla inclasificable de soul, pop electrónico que dejó todo loco al publico citado en Aranda. Magnifica y contundente voz en directo, una minimalista puesta en escena y una sobriedad vocal cándida que me maravilló. Geniales.

Si magníficos son los últimos discos de Xoel López no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Vino después Liam Gallagher. Simplemente cantó. No se si bien o mal porque esa pose imperterríta del ingles me genera una frontera en la que no llego a entender todo su ego ni la hegemonía musical que se dice que alcanzó con su banda Oasis. No me pareció en ningún caso, una actuación destacada.

Hice un pequeño descanso para preparar el concierto esperado de Viva Suecia. No defraudaron los murcianos. Van cogiendo carrerilla. Estupendos y contundentes, un rock sonoro redondo y enérgico, melodías pegadizas y letras con contenido. Arrea el bajo y la guitarra y la profunda voz principal los convierte en protagonistas de festivales y seguro que los veremos de cabeza de cartel de muchos de ellos, ocupando su propio lugar por méritos propios.

Como ya había visto el repertorio de La Moda por la mañana opté por irme a descansar. Viernes finiquitado.

El sábado soleado se barruntaba de máxima asistencia y apelotonamiento del personal al evento pero nuestra previsión hizo de nuevo posicionarnos como estos últimos cuatro años en un lugar privilegiado de la Plaza del Trigo para ver otro mas decepcionante pase de grupos. Solo Carolina Durante fue merecedor de halagos. Un punk de los ochenta hecho bien levantó e hizo botar a la muchedumbre. La gran sorpresa de la organización fue un breve e insuficiente concierto de Lori Meyers en el que interpretaron solamente cinco o seis temas, todos ellos grandes éxitos.

Así llegamos a la traca final que con un sol de justicia nos recibió con Mi Capitán, una debilidad personal. Estuvieron bien, yo diría que más que correctos. Siguió Maga, un grupo tan insulso como innecesario en un festival así al que seguían los abominables Sidecars. No voy a decir nada para no ofender a algún lector. Si que la expectación era máxima para el siguiente concierto Xoel López. Que sencillo resulta decir: “Xoel siempre cumple” y que difícil nos resulta decir algo así como “Xoel siempre está a un nivel altísimo”. Músico por definición y ejecución, con una banda compactada, una dulce interpretación llena de vigor, fuerza, vehemencia, brío y musicalmente exquisita con el sr. Bautista a los mandos. Si magníficos son sus últimos discos no dejan de ser superados por sus interpretaciones en directo. Emoción transmitida a raudales en un artistazo imprescindible en los últimos años.

Lo vivido a continuación raya el caos, la confusión y la contradicción. Llegó Izal para absoluta e inevitablemente petarlo. No cabía un alfiler en el recinto y no digo que no estuvieran equivocados. Izal no me transmite nada, ni calidad musical ni implicación ni brillantez. Pero a la gente le entusiasma. ¿Quien está equivocado?  Me gustaría decir que yo no lo estoy pero me rindo a la evidencia. Toda la gente se equivoca menos yo porque Izal es un gran residuo de lo insoportable. Un grupo comercial liderado por un narcisista que aburre con sus largos discursos entre canciones. Musicalmente cercanos al karaoke más básico que cualquier estilo bien definido. Como casi todas las bandas en el Sonorama Ribera sonaron bien y emocionaron a una cantidad inmensa de gente que gritaba con efervesciencia todas sus canciones durante ciento viente minutos. La parte final fue un suplicio para mi y conseguir salir a ver a tiempo a Arizona Baby, un reducto de música fuera de lo comercial. Los pucelanos hacen algo que o te gusta o no porque siempre es el mismo formato y a mi me gusta. El Meister y sr. Marrón estuvieron fenomenales.

Mientras tomaba una cerveza (tras otra) sonaron Nunatak. Que me gustaron! Había una deuda pendiente del Sonorama anterior y Dorian se la cobró con elegancia y saber hacer. En el escenario principal demostraron porqué han ido conquistando mi corazón. Ese pop con base de sintetizador conquistó Aranda por la bravura de su concierto y la corrección musical con la que la hacen. Ya con el día hecho asistí solo a un par de temas de Vintage Trouble antes de ver, por desgracia para mi, el comienzo de Nancy Rubias. Es impresentable que alguien que ama la música como la gente de Art de Troya permita que un tipo vaya en playback aunque sean las tres de la mañana y con el recinto abarrotado. Y con una sesión de dj de rock dí por finalizado el SonoramaRibera 2018  musicalmente hablando porque el domingo desistimos de ir a la Plaza del Trigo, sólo a lo lejos oímos a Varry Brava. Un tipo que no despierta ningún tipo de interés musicalmente hablando.

En el Sonorama es imposible ir a todo lo que te propones y si cumples en la Plaza del Trigo te dejas grandes apuestas del Escenario Charco o Castilla y Leon. Me he quedado con las inmensas ganas de ver a Egon Soda, Marazu, La Bien Querida, Vintage Trouble, Joana Serrat, Virginia Maestro y unos cuantos más pero realmente es complejo asistir a todo lo que la agenda propone.

A nivel personal me quedo con el huracán Bunbury, la genialidad de Xoel, los maravillosos Morcheeba, la contundencia de Viva Suecia, la originalidad de Tomasito, la decencia de Erentxun y la pasión que levanta Izal.

Como aspectos negativos la vergonzosa actitud de El Cigala, la prepotencia de Gallagher, la inanición de Sidecars, la calidad musical de Izal, el deterioro de Elefantes, contratar a Nancy Rubias y la muy escasa calidad en el cartel de la Plaza del Trigo que este año se queda huérfana de citar a un grupo o artista para pedir a voz en grito su presencia en el escenario principal.

El arte de la felicidad

Nunca dudé de tu forma de ser. Si no lo puedo llamar amor a primera vista lo denominaré admiración instantánea. Fui sin duda el cariño con el que entrabas en casa a ver al hombre de la silla de ruedas o hablar un rato con la madre de muchos de vosotros. La ternura con la hablabas con aquel hombre mientras yo simplemente observaba fue lo que me hizo ver algo especial en ti. Lustros después he heredado ese cariño constante de mi progenitor y me tratas, nos tratamos con una enorme ternura, honestidad y sensatez.

Podemos aplicar a este camino decenas de canciones, alguna de ellas las escuchamos en los festivales a los que vamos juntos y bien acompañados. Versos que musicalizan nuestros corazones y purifican el alma que en algunas ocasiones a lo largo de año nos emociona escucharlas juntos. Has hecho de la música nuestra terapia ocupacional y has vertebrado a través del cariño y la generosidad algo tan hermoso como la amistad no sólo para conmigo si no para todos los que desde el «Teléfono de la Esperanza» han descolgado el auricular buscando tu auxilio.

Hay una opinión común, expuesta entre muchos de nosotros, y es que no conocemos alguien con quien te lleves mal. Nadie con quien confrontarse ferozmente. Nadie que te desee el mal. Hay que ser una persona muy carismática para ser el bálsamo de cualquier marejada. Tienes esa enorme cualidad que emerge por el corazón tan puro que tienes y que hace fluir la sangre desde lo más alto de tu persona hasta las catacumbas de la eternidad, donde quiera que acabe.

Porque emprendemos nuevos viajes extraordinarios
Porque perdimos el equipaje con nuestras rutinas
Porque la ruina trajo consigo y de la mano las musas
Porque me dejo querer por tí

No resulta ser fiel a la conciencia y durante mucho tiempo has sido fiel a la aguja hilvanada desde Castellón hasta Salamanca con visitas que no se demoraran en exceso, con esfuerzos enormes para venir a vernos y pasar unos días siempre bonitos haciendo las cosas simples de la vida y que tan felices nos han hecho como un buen café, unas buenas cañas y unas copas con sus excesos charro nocturnos. Y siempre, siempre ha habido música en nuestras vidas.

El trio
El amor para todos

Esas escenas que al fin y al cabo son las que siembran, riegan y florecen nuestros corazones. Esas escenas con letras y melodías que nos hacen enterrar vestigios de tristeza. Y ahora tienes mucho que elegir porque somos un grupo indivisible.

El amor. Esa cualidad innata que llevas en tu corazón se ha desparramado a tu alrededor en forma y manera grandiosa. Y no porque el hoy tu marido sea grande, que lo es, a todos los niveles, sino que te ha vuelto el boomerang cargado de buena gente, dedicación y ternura.

Necesito un manual de tus valores para que alguno se me pegue e infecte algunas de mis heridas para poder vacunarme con todo lo que llevas dentro y que nos contagias como un virus mortal de vitalidad.