Dos gintonics, por favor!!
Cualquier conversación podría resultar intrascendente pero cada agua tónica combina mejor con un tipo concreto de ginebra. Las personas son como las tónicas, le pega mejor un tipo concreto.
Ante eso, las burbujas, fina o gorda, cobran una importancia extraordinaria y no podemos caer en el desinterés por saber si al primer sorbo, uno está contento con la combinación escogida. Irrumpe el frescor del combinado por el paladar, se inmiscuye sin opción al retroceso por la garganta y se convierte en estupendo digestivo al depositarse en no se donde parte de mi cuerpo.
Es una escena corriente, pero no una conversación trivial. Es fundamental la atmósfera, el sentimiento y sobre todo, la cuestión del dialogo.

Y cuando más navegas en su interior parece que no eres más que alguien que queda muy lejos a nivel profesional, el conocimiento me abandona.
Queda aparcado el caballo llamado deseo e infringir las leyes cotidianas es lo que me hace sentirme así. Ni siquiera su matrimonio supone una barrera, porque si ella quiere, la salto. Voy a arrojarme a tus brazos y hacer de nuestra locura el caos. Voy a nadar desnudo en tu oleaje y vararme donde las fuerzas me abandonen. Voy a embestir al abordaje tu mirada cautiva en la tristeza de tus días. Voy a arrojar, no la toalla, no, no la arrojaré… voy a arrojar toda la cobardía que me axfisia desde que existe el pálpito en la caja motriz. Voy a perdonar el silencio aterrador de tus labios. Voy a romper las ventanas. Voy a mirarte y cegarte.
Nada entre tu y yo parece ser igual pero desde la distinta perspectiva todo confluye en las raíces de nuestras vidas. Sólo se que de tus palabras aprendo cada día, cada instante. Sólo se que lo que yo aporto puede valer lo mismo.