"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

Puta boyera de mierda

La expresión que da título a esta entrada ha salido de nuestras entrañas en más de una ocasión, estoy por jurarlo. Aunque no  saliera finalmente por nuestra boca, algo en nuestro recóndito interior nos hacía ,con rabia, pensar esas palabras. Una expresión de rechazo, de profunda violencia hacia quien la dirigimos, de arrogante intolerancia. Pues bien, esa frase, pronunciada por uno de los personajes principales de “Carmen y Lola” marca uno de los puntos más álgidos de esta excepcional película, obra de Arantxa Etxevarría protagonizada magníficamente por las jóvenes Zaira Romero y Rosy Rodriguez encarnando a las protagonistas principales de esta película de amor porque lo que la directora tan brillantemente nos quiere exponer es una serie de sentimientos al sentir el primer amor de una joven gitana homosexual.

Hacía mucho tiempo y muchas películas que no me sentía tan bien viendo un largometraje tan hermoso, tan sensible, tan directo, tan natural, tan efervescente, tan etéreo. Y este sentir tan cómodo también se produce por esta ventana abierta que la obra es hacía el mundo gitano. Una obra que ha recibido críticas feroces por parte de algún colectivo gitano. Huelga decir que lo que muestra la película solo las personas que siguen los ritos y costumbres en su vida diaria están legitimadas para opinar si escapan o no a los clichés que la sociedad tenemos hacia los gitanos en particular. Pero esa ventana permite zambullirse con transparencia y frescura constantemente en las rutinas de barrios habitados por ellos. Resulta como un continuo aprendizaje para los que hemos estados siempre tan lejos de estas personas que en la película luchan, como todos, en sobrevivir al día a día.

Habría que saber como Zaira y Rosy consiguen transmitir tanto con una mirada y con sus manos. Pero si no lo se me quedaré expectante para intentar averiguarlo en sus merecidas próximas películas porque estas jóvenes demuestran un talento innato que no puede quedar en el olvido del cine español.

Es absolutamente sorprendente la naturalidad con la que la directora sumerge al espectador en la historia. Es como si hubiera infiltrado una cámara diminuta en cada uno de los personajes y ellos se mostraran completamente inmunes al recio arte de dirección por parte de alguien.

La historia transcurre de forma ágil y sin recursos morbosos ni escenas vacuas de contenido. Por momentos es un largometraje completamente costumbrista pero que no decae en intensidad del sentimiento más bonito que nos quiere mostrar: el amor. Y ese amor tan complicado entre dos jóvenes gitanas promueve al espectador hacia la ternura, hacia el deseo de felicidad.

El uso de los sentidos por parte de las actrices humaniza la película de forma salvaje: las miradas y el tacto son herramientas que embauca al espectador. Que bien dirigidas están las dos protagonistas así como todo el elenco de extras que forman las familias, el barrio…. Un sobresaliente para todas ellas ya que expresan con una naturalidad abrumadora sentimientos tan triviales como la felicidad, el miedo, la rabia y el dolor. Bravo por todas y todos !

Prófugo de la valentía no me atreví a aplaudir la cinta al finalizar la proyección. Sentía que estaba haciendo lo incorrecto pero algo dentro me quedó asentado.

Pocas veces he visto una historia de amor tan bien contada y dejemos fuera que sean lesbianas y gitanas. Es lo de menos. El amor, el que sea, el que toque a la edad que sea hay que saber contarlo y esta peli lo hacen de forma maravillosa.

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