Esta es una historia de similar transcurrir e idéntico final que para unos cuantos millones de españoles, especialmente para los que perdieron su puesto de trabajo en los últimos cinco años.
La diferencia es que al provenir directamente del Gobierno, esta decisión, la de despedir, es una cuestión política e ideológica.
Trabajo en Senasa, en Salamanca, empresa pública dentro del ámbito aeronáutico. Mi jefe por tanto, en este último año es Mariano Rajoy.
Esto hace un trio de décadas era el lugar más importante de España en relación a la enseñanza de pilotos comerciales. Quien quería ser piloto en este país, sólo podía estudiar aquí. Fueron tiempos gloriosos para la ENA, Escuela Nacional de Aeronáutica. En 1991 se convierte en Senasa para liberalizar el sector y finalmente en el comienzo de siglo tiene que desprenderse por razones de competencia de su parcela educativa y la escuela de pilotos pasa a denominarse Adventia, ya con capital privado. Nos quedamos con el mantenimiento de aeronaves. Un pasado con enorme prestigio y un futuro sin clara perspectiva.
Hoy en día, ya no queda casi nada…..Pero quedamos personas, lo suficiente para luchar por esto.
La sede central en Madrid, despidió ya el año pasado a varios compañeros. Aquí lo vivimos de forma distante. Somos una pequeña familia en este maravilloso lugar para trabajar que es Matacán. Allí todo es más impersonal, más distante, más centralizado. Ciertamente que lo sentimos de manera bien distinta pero parecía formar parte de la prestidigitación de los gestores, alguno de ellos, cargos eminentemente políticos.
Miercoles; se recibe una comunicación que al día siguiente vendrá una comisión de Madrid para reformar los recurso humanos de Salamanca. Un eufemismo para decir algo importante… pero no se sabe el qué. Eso sí, a repartir caramelos no vendrían. Ni a darte las gracias por hasta 34 años de servicio en esta casa, en esta empresa, en la ENA… en Senasa.
Se pueden imaginar el día que se pasó. Ni un partido de fútbol pudo enviar al olvido nuestro siguiente día. El viaje a la incertidumbre no tenía billete de vuelta. La angustia entre algunos compañeros, PERSONAS, era catatónica. El futuro de tus hijos, de tus obligaciones económicas, de tu evolución como persona… bien digo… como PERSONAS. Cuarenta historias, cuarenta realidades, cuarenta necesidades… cada uno con las nuestras.
Nuestros hijos, nuestras mujeres, nuestras novias, nuestras madres….algo estaba en juego.
Yo tomé la determinación de al salir del trabajo ir al cine. Amo el cine aunque “Amor” fuera un pequeño suplicio de película y una decepción, otra más, de Haneke. Eso sí, dormí… dormí muy bien, señores. Pensé en la hermosura de Sandra, en la inocencia de Pilar, en el arrebato de Laura, en el deseo de Leonor, en la belleza de la vida….
Y después de una suave y relajante sesión de atletismo fui al curro. Como Dios manda. Como siempre hemos hecho. Y me contaron lo sucedido.
Reunieron a todos los compañeros del turno de mañana y sin aviso pero con palmadita en la espalda, literal lo de la palmadita, Fueron llamando uno a uno, sólo a los despedidos. Unas palabra bonitas, una carta de despido, unos cheques y un “no vuelva usted mañana”. Breve alocución para 34 años de servicio. Para una vida para la empresa.
Rabia, impotencia me inundaron. Alegría, claro que alegría egoísta por salvarme, pero me dolió como si fuera una puñalada en mi espalda. Lo sentí como mio que alguien que lleva en su despacho de Madrid apenas unos años fuera el ejecutor del destino de seis compañeros. Y todo porque al Gobierno no le salen los números. Todo porque en vez de invertir en futuro, recortamos el presente y aniquilamos la esperanza.
Draghi, Merkel, Rajoy, Pastor. Póngalos en el orden que deseen. Ellos son, ellos son los culpables. Ellos son los asesinos de nuestra sociedad. No es nuestra vida los que les importa, es su bolsillo… mejor dicho, los de sus amigos que luego se lo agradecen en sobres y no precisamente con felicitaciones de Navidad.
Y nuestros directivos…
No tengo miedo de señalar a nadie, eso se acabó. Si no caigo ahora lo haré en el siguiente despido. Pero la diferencia que es yo me iré con la cabeza bien alta y mis jefes tendrán que agachar la misma mientras yo pase a su lado.
Que nadie me diga lo que yo haría con nuestro políticos gobernantes. Los que gobiernan ahora, los que toman las decisiones. No soy de los del “y tu más”. Quien gobierna que aguante sus decisiones… pero advierto y advertimos, la revolución está muy cercana.
Me siento tan cercana a esos seis millones de revolucionarios combatientes!!!