"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

No me acuerdo del último orgasmo pero anoche me humedecí

Y además fue sin sudar. Sin trabajar. No hubo cortejo. No persuadí. Me lo dieron todo hecho.
Me sentí en el sillón después de viajar trescientos kilómetros y cual vicioso cuadrúpedo sexual empecé a gozar nada más empezar del meneo de mis sentidos, del placer de mis ojos, del tacto digital.
Uno, dos, tres y no se cansaban de menearla, sobarla y entregarla. Movianse.
Cuando mi imaginación se plasmaría en la conjunción perfecta, denoté, cierto hostigamiento de la veguería que imperaba mi sesión, así que paso previo por la despensa para vitaminarme emergió un bajito para chutar y ahhhhhhhhh.
Palpitaron los labios de todas las mortales a ver a los locos bajitos orquestar aquel vaivén acompasado.
Y me pedía más. Relamía con energía al comprobar que estaba dispuesta a dar batalla.
Pues otro y se acabó.
Bien servidos que se fueron a casita los uruguayos y yo sin alterar mi pálpito, vi a mi equipo ganar dando una lección incuestionable.

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