He visto hoy una buena pelicula española; “Miguel y William”. Una de mis divas es su protagonista: Elena Anaya. Es una peli pero representa veridicamente lo que una mujer influye en las locuras de un hombre. Con la dulzura sutil y con el timón entre las piernas, se maneja y se confluye a una decisión, a una situación. No hay mayor error que engancharse a una mala mujer. Es peor que la cocaina porque el polvo blanco te consume la cabeza pero la primera te destroza el corazón. No sé que se recupera antes. Y es cierto que una mujer te da mucho pero tambien te lo puede quitar todo. Hacia mucho tiempo que no veia una mujer guapa. Fue el jueves, noche, un garito atestado de guiris y yo plantado en el barra observando a la guapa camarera. Pero tenía un defecto; era demasiado guapa. Recuerdo su nombre pero ya no su cara. Su esquelético trasero me renegó de los tiempos que corren. Cuando llegué a casa me dije: al fin una mujer que merece la pena ver. Entre estas paredes no queda más que la inspiración, la fatiga y el decoro de visualizar los elementos de una mujer. Ya no recuerdo que es tener el hormigueo de la atracción. No me apetece quedarme soltero, sería quizás algo triste pero por otra parte engancharse a una droga tiene que ser bien jodido. No hay mayor droga que tu cabeza cree que está donde nunca puede llegar. Y no es que haya terrazas vacias, hay atalayas infinitas.
Canción para hoy: “Terrazas vacias”, Naïf