En una perversa y anodina noche, en las postrimerías invernales y aplicando el código impertérrito de los onanistas en estado vegetativo, hallé sin menoscabo de mi honradez, una imagen voluptuosa a la par de sensible e inspiradora a la par que nostálgica. Mi saliba en la garganta se deslizó de forma repentina, abrupta y precipitada una y otra vez sin cesar observando con incredulidad ese don de la naturaleza que Alicia posee y que alguna fuerza proviniente del espacio exterior le ha regalado y que ella, muy generosamente, nos enseña, mejor dicho, nos muestra en parte para que ejerzamos la imaginación como juego de adolescentes invadidos por la llegada de la primavera, pero que Alicia  nos muestra en todas las estaciones del año.
Es Alicia una joven a la que le une una conexión espiritual conmigo. Y es así porque defiende con su muestrario de ropa interior que el buen gusto, la sensibilidad y el poderío no van reñidos con el noble arte del vaivén manual, con el estruendoso grito fustrado de deseo y con la voracidad del deseo masculino

No hay mujer que no levante mi admiración cuando con suma delicadeza y persuasión muestra sus encantos naturales a lo largo de su cuerpo. De Alicia, no se si por suerte o por desgracia, sólo conocemos su torso, que ya es mucho conocer. Conocemos su voz, dulce y aterciopelada, sin brusquedades sonoras que hacen susurrar el supuesto encanto que tienen en persona. De Alicia conocemos la inteligencia y el valor porque mostrar sus lolas todos los días supone enfrentarse al martirio de lo dimes y diretes. Lista porque para que incluya en su web publicidad hay tenerlas bien puestas y además bonitas y saber a quién sugerir.
Ciertamente que mi parte preferida de una mujer es la cara. Sin duda alguna. De Alicia no conozco su cara pero fea no puede ser, es imposible; primeramente porque no hay  mujer fea, sólo mal vista.
Y no se si esta valenciana que airea su agenda personal con su pléyade de seguidores permite transgredir su barrera de la feminidad con ciertos comentarios que pueden no gustar a los odios, pero desde este mi universo transmito mi más profunda admiración por Alicia, por presentar la belleza de su cuerpo ante la breve derrota de los machos que la vislumbran cada día.
Verdaderamente, sus tetas, es el país de la maravillas.