Por primera vez, y sin que sirva de precedente, voy a emitir la crítica del último disco de Bunbury, Las Consecuencias.
Desde la publicación de Las Consecuencias de Bunbury he tenido la oportunidad de leer y escuchar adjetivos demasiado generalistas y encasillables acerca del mismo. “De cámara, oscuro, íntimo, sobrio…” y no siendo inciertos del todo resultan algo vacios de contenido. Sin tener en cuenta las declaraciones del autor, Las Consecuencias es un trabajo digno de escucharlo, al menos, dos veces. El artista maño nos presenta su obra desde una voz impersonal pero referido a su momento personal. Tengase en cuenta que el periodo de creación del disco se entremezcla con las noches de arrasador éxito de su gira Hellvile de Tour, con lo cual y a mi parecer, tiene mucho merito escribir un disco tan sereno en momentos de tanta exaltación artística y emocional, a sabiendas que la susodicha gira es la más musicalmente excitante de su carrera en solitario. Este proceso de creación se refleja en un disco de una producción sencilla y sin grandilocuencias. No hay excesos de instrumentaciones, ni excesos de voces. ni excesos de programaciones. En fin, un disco extremadamente directo, como susuro al oido o mejor dicho al corazón de sus oyentes. Con irregularidades repetidas de sus anteriores trabajos, Las Consecuencias resulta un disco más redondo en calidad, sin ninguna pieza despreciable y eso sí, se denota cada vez más, cada año, cada canción una simpleza en sus textos, sin vocablos asonantes, sin estridencias semánticas. Venticinco años de carrera dan para corroborar su evolución: hemos pasado del joven guerrero épico al escritor ambulante de sentimientos triviales.
Empieza de manera aleccionadora su disco con Las consecuencias, tema premonitorio de lo que será su disco. Ya nos avisa que nos puede asustar con sus versos que denotaran viviencias, pensamientos, etc. Es a mi juicio una de las tres joyas de la corona. Enlaza de manera sutil y continua con Ella me dijo que no, uno de los tema contados en primera persona. La siguiente pista del disco, o del vinilo, es en este momento de análisis de la gran canción del disco. Es difícil hacer una canción con sonidos de serenidad tan guerrera, tan pugilística, tan luchadora, en fin, tan motivante. Me atrevo a decir que es la canción chill-out de su carrera. Fantástica, embaucadora, pensativa y ambulante. Una de sus grandes canciones en su prolífica obra. Seguimos con Frente a frente, la única canción no escrita por él de este disco. Lo más destacable es el acierto para enfocar la canción hacia la colaboración de Miren Iza. La voz adecuada de la rockera vasca dota a la canción de la sensibilidad precisa. Es probablemente el tema más producido del disco. Y despues de un buen par de tema nos encontramos en el séptimo escalón con Los Habitantes. Junto con la pista 1 y 3 del LP forman el esqueleto de este Las Consecuencias. La más rockera y melódica de las canciones del largo, Bunbury, nos enseña la manera de fabricar una canción insolente y delicada, emborrachada de una guitarra excepcionalmente interpretada y sobre todo presentada pues no convierte el tema en una escuela de interpretación del instrumento de las seis cuerdas pero nos concede una intensidad que agradece el espíritu y rompe la posible monotonía auditiva. Eso sí, un tema cantado en un tono más natural para la voz del maño, hace lucir en la canción un aroma de grandeza grandilocuente. Majestuosa canción. Sin duda una de sus canciones para incluir en una futura recopilación de sus mejores canciones. Y el final del disco,… el final se lo dejo a ustedes.