La fiesta del cine español o la batalla de los del cine, según queramos verlo, se celebró anoche en Madrid premiando a los mejores cineastas de la industria española.
“Vivir es fácil con los ojos cerrados” de David Trueba y “Las brujas de zugarramurdi” de Alex de la Iglesia fueron las más premiadas en la gala que presentó de forma tediosa y aburrida Manel Fuentes. Por momentos, tuve que pellizcarme para despertar de una pesadilla y es que el amanerado showman rozó lo patético con chistes previsibles y una escasa imaginación.
Los premiados ya los habrán descubierto ustedes. Verdaderamente sorprendente fue el acaparamiento de estatuillas por parte de la obra de Trueba. Agradable y sentida resulta su película. Pero algo excesivo me parece que no haya habido un reparto más efectivo de los premios ya que esta edición a mi entender no presentaba una candidata previsiblemente arrolladora.
En esto, me sorprende que “La gran familia española” no haya obtenido ninguno de los premios gordos. Daniel Sánchez Arevalo presentó un film emocionante y por momentos divertido gestionando muy bien a los diversos actores que acaparan el protagonismo en el mismo. Creo que mereció alguno de estos premios.
No obstante, aconsejo y recomiendo que vayan a verla si se vuelven a reestrenar en las salas de cine.
Pero lo verdaderamente importante para mi es que hemos asistido de nuevo a la batalla inútil del descrédito al cine español.
El ciudadano es libre para elegir qué hacer. Pero no consiento las actitudes que se basan en ataques feroces, oprobios, ignominias e insultos por el hecho de una idea política o condición religiosa, afiliación emocional o empatia personal.
He visto y oído críticas al cine español con descrédito vilipendioso y enjuiciando un todo conociendo un nada.
No pongo en juicio permanente las actitudes personales de cada uno. Si el sr. Bardem decide tener un hijo en una clínica privada, si su bolsillo le permite pagar una planta entera de un hospital, si tributa en su país de residencia…Ciertamente que resulta insignificante para mi, mientras cumpla con su deber para con la ciudadania española. No presupongo como bodrio una película de Alfredo Landa por el hecho de que fuera votante del Partido Popular al igual que una película de Garci o de Almodovar por su condición de vaya usted a saber que.
Han criminalizado a todo el gremio, a todos los cineastas españoles y cuando digo a todos es a los que tienen y no tienen iniciativas reivindicativas. A los que se pronuncian o no sobre un ley promulgada por este o por otro gobierno.
El cine es mucho más que todo esto. El cine, por naturaleza, es crítico.
Una parte asentada en la derecha española no entiende o no quiere entender la importancia de una industria potente. Mientras en otros países se cuida y se mima cualquier tipo de actividad económica en este país nos dedicamos a envolverla en catarsis a condición de su ideario político.
La contradicción planea sobre nosotros. La bajada de impuestos es una receta de los neoliberales a lo largo de la historia. Los desprestigiadores oficiales como uno que escuché esta mañana en la Cope hablan de fin de subvenciones. Estos incultos e ignorantes no saben o no quieren saber que el rédito que un país cobra por impulsar una industria como el cine es de saldo positivo. Las subvenciones regresan a la caja del Estado en forma de impuestos, de transacciones…
En vez de criticar tanto por condición política me gustaría que maduramos la idea de ir al cine y si no te gusta la idea pues la de consumir cine de forma legal en la distintas plataformas de alquiler.
Pero para criticar al cine español, por favor, vean las películas.