"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

Lennie

La belleza de Bárbara

Hay actrices y actores que están dotados de un don que generalmente como algo intangible resulta inexplicable y difícilmente comprensible. No valoro si Bárbara Lennie es fea o es guapa, no me importa si cumple mis cánones de belleza tradicionales o los estereotipos tan odiosos de alguien como el que puede leer estas letras o si está dentro del círculo de dimes y diretes de la sociedad. No cuestiono sus curvas, su constitución ni su aspecto. Lo que me deja perplejo de esta actriz es su talento y su empatía para representar sus papeles como intérprete. Puede que sus ojos almendrados colaboren en fijar la mirada en los objetivos que sus directoras y directores la marcan, pero ella y solo ella puede describir y definir con incuestionable certeza su enigmática mirada en sus papeles a lo largo de su carrera.

Lennie es magnética, atrae los silencios y la calma como pocos actores y actrices. Mimetiza todo lo concerniente a su expresión. Sufro de una atracción, no se si fatal, hacia este tipo de personas pero  ella consigue que varias de sus películas supongan un áurea profesional. Con ella me sucede algo que también me ocurre con compañeros de profesión. Por ejemplo con David Trueba, León de Aranoa, Javier Bardem y en menor medida con George Cloney o Brad Pitt. Hagan lo que hagan estos tipos se que me va a interesar su trabajo. Luego me gustará más o menos pero me han convencido tanto hasta ahora que tengo una predisposición positiva para ver sus trabajos.

La belleza de Bárbara lo justifica todo

He visto Petra y me ha sucedido igual que en otras películas suyas como Magical Girl, María (y los demás) o Contrapunto donde su personaje centra gran parte de la trama y absorbe una gran cuota de protagonismo, a veces inmensa. Tiene una capacidad extraordinaria para hacer creíble un dialogo absolutamente trivial, como si fuera la vecina del tercero o como si fuera cualquier madre imberbe joven o una mujer sin ambición ninguna. Da igual. Ella transmite esa sencillez en algo tangible. Uno ve sus actuaciones y cree que lo está haciendo una actriz no profesional y lograr esa ingenuidad me parece algo totalmente destacable. Pero sobre todo, logra una involucración del espectador en su personaje. Cuando sales del cine uno no sabe muy bien cual es su realidad.

Lennie me hipnotiza, lo reconozco. Me predispone a pensar lo mejor de ella en cada papel que desarrolla. Generalmente, y no se la razón, me acaban gustando más los que se desarrollan de forma lenta, pausada, lánguida. Percibo más su gran personalidad como actriz que en papeles más acelerados, de más energía activa. Estoy seguro que llegarán papeles de los que no podré sacar este tipo de conclusiones.

No pretendía hacer una revisión hagiográfica de la aún muy joven Bárbara Lennie pero reconozco que en mi exceso habitual con las personas que admiro puede acabar en una valoración absolutamente subjetiva. Su eclecticismo en cientos de planos me vuelve loco. No se si ser hombre me perjudica para crear estas líneas. Me da igual. La belleza de Bárbara lo justifica todo.

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