Dicen estos días que somos un gran país; fuerte, consistente, maduro, creíble, fiable, sólido. He oído no sé si deseos o certezas que de esta crisis saldremos, más tarde que pronto pero que saldremos, además fortalecidos. Se habla de nuestra historia, de nuestro trabajo, de nuestra gente… España será eso pero yo no lo veo así y además me he preguntado varias veces si he nacido en este país por suerte o por desgracia. No tengo duda que España es un lugar maravilloso en todo y cada uno de los aspectos en los que las personas no tienen mucha incidencia; España es preciosa en sus parajes, diversa en sus ríos, en sus montañas, en sus llanuras, en sus valles. Es infinita en sus playas, en sus mares, sus rincones. Su riqueza gastronómica es envidiable y enriquecedora. Pero a España le falla su gente.

Somos el país donde todo vale y a costa de muy poco. Nos escondemos dentro del tópico patriótico. “El patriotismo es el último refugio de los cobardes” nos espetó el genio Kubrick en una de sus películas. Si, es cierto. Es sencillísimo escudarse en la comunidad para disimular los defectos propios. Si, señores, España es así donde los chorizos campan a sus anchas, donde usted o yo preferimos pagar un trabajito sin factura y ahorrarnos la contribución al Estado que abonar religiosa y legalmente lo que nos corresponde. Es un lugar donde si puedo cobrar una prestación y trabajar bajo cuerda, sacaré pecho el día que encima recorten en sanidad o educación. Es nuestro país el establo de mangantes de nuestro erario, del todo al servicio del yo. Si puedo mangar en vez de trabajar, ¿para qué me voy a cansar?. Es el redil de la pillería, para que voy a pagar una entrada de cine si puedo descargarme ilegalmente centenares de películas o discos de música. Somos puestos en duda constantemente y juzgamos a todos antes de conocerlos. En todos los niveles y a todos los niveles. Somos todos jefes, si podemos mandar mejor que haga nuestro trabajo el de abajo que hacerlo yo solidariamente. El país de los jefes siempre sospechosos.
Me encanta España, pero no me gustan los españoles. No confío en los compatriotas para salir de esta atolladero. No confío en los políticos. En estos, no.