"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

Barcelona
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El drama de un niño

Hoy habrá madres y padres que intentarán dar de cenar a sus niños. A alguno lo percibirán con una desgana inhabitual, estará parco en palabras y se estará preguntado infantilmente el porqué. Si, porque cuando se es niño, algunos, la mayoría, soñamos con marcar goles increíbles, hacer regates inverosímiles y que te aplauda el público. Sueñas con ver a tu equipo campeón y tú en él, te imaginas que dentro de años serás Messi fulminando las defensas rivales y anotar goles importantísimos, imaginas ser Busquets dominando el juego o ser como Piqué rematando de cabeza al fondo de las mallas. Pero cuando un equipo rival humilla a tus héroes, elimina a tus ídolos y deja fuera al equipo de tus amores la frustración de un niño se convierte en apatía para cenar.

Era Abril del 89 cuando a mis largos 11 años el Real Madrid se enfrentaba al Milan de los holandeses en su cruzada por recuperar el máximo entorchado europeo que hacía 23 años había obtenido. Eran demasiados años sin ganar La Orejona. Y el Madrid…era un Madrid de época y mis ídolos por este orden eran Michel, Buyo, Martin Vazquez y Butragueño. Cuando mi padre y yo nos fuimos a ver el partido no imaginábamos que empezaba una serie de noches en las que me iba a la cama sin cenar.

Aquello fue una desilusión absolutamente desgarradora para aquel niño que jugaba con el 8 de Michel. La impotencia que sentía como jugada a jugada la superioridad milanesa se reflejaba en el marcador. 3-0 al descanso. Lo recuerdo bien, no necesito revisar la hemeroteca. Lo tengo clavado en la memoria. Y también en el apetito.

Bajé de la casa de la vecina donde habíamos visto el partido y fui directo a la cama, a llorar contra la almohada. ¿Como mis ídolos habían dejado olvidado el orgullo de un escudo? ¿Cómo habían permitido que un equipo les hubiera pasado por encima? ¿Porqué no fueron capaces de hacer alguna genialidad de las suyas? ¿por qué, por qué…?

Madres y Padres, no sufrais. Eso se nos pasa. Y seguramente los niños de hoy no lleguen a las 3 o 4 noches que estuve sin cenar. Pero, ¿y por qué solo sin cenar? Resulta que desayunaba bien para ir al cole y comía como un jabato pero llegaba la noche y era como recordar la hora de la penitencia. No hay quien lo entienda. Pero aquello estaba justificado, ¡habían humillado a mi equipo! ¡Me habían rasgado la camiseta! Pero un disgusto así es lo peor que te ha pasado en la corta vida que llevamos vivida. Es la tragedia más absoluta.

Madres y Padres, sed piadosas. Comprensivas. E inteligentes, al fin y al cabo el que se quedaba sin cenar era yo…. Como si luego haya salido una figura del fútbol.

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