"Quien quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a si mismo" - Socrates -

Vetusta Morla

Vetusta Morla. Directos al punto sin retorno, la inmensidad.

No busco la felicidad con cualquier música, sólo la que me emociona, la que hace palpitar este pobre corazón, la que saca a recoger un cántaro de lágrimas. Con una expectativa brutal se presentaba Vetusta Morla en Salamanca, nada menos que para comenzar la gira ibérica de presentación de “Mismo sitio, distinto lugar”. Absolutamente increible que fuera mi ciudad la escogida para tan privilegiado acontecimiento.

Debería ser un crónica hagiográfica. Un cúmulo intempestivo de alabanzas. Y puede que las merecieran. No lo dudo. Pero tuve la sensación que algo se había quedado en el camerino y no salió a envolver el genial regalo que el sexteto madrileño nos dió.

Pero Vetusta tenía un hecho que jugaba en su contra antes de comenzar. 15151 fue un espectáculo único, grandioso, temperamental, emocionante, excitante. Sin dudar ni un ápice, una de las presentaciones musicales más arrolladoras jamás vivida. Esto mismo, creaba una sensación de incuestionable duda de como podían superar aquel orgasmo musical.

El atestado Multiusos Sánchez Paraíso hirvió cuando puntuales comenzó el espectaculo sorpresivamente con la última pieza del disco que da nombre al mismo. Y sorpresivamente aquello no sonó excelso. Bien que ese pabellón no es el mejor para un concierto pero algo estaba desencajado. No me pareció dificil entender que si juntamos que era el primer concierto en donde el espectaculo visual que les acompaña tiene que encajar y cuadrar con sus temas, arranque de concierto y que no es lo mismo una prueba de sonido con el local vacio que con 5500 poseidos, podría no salir todo a las mil maravillas.

Ya en los siguientes temas el sonido se fue estabilizando y la brillantez fue ganando sitio en el espectáculo. Se sucedian los temas, tocaron el disco completo, intercalando piezas antiguas dejando a las claras que La Deriva es su disco más perturbador para las emociones, el disco que en directo levanta pasiones y que excita las sugestiones.

Su acompañamiento visual no me absorbió , no me envolvió el sentido para alejarme de todo lo externo. Es llamativo pero no embauca. Y lo que me desconcertó sobre manera es que utilizaran pequeños tramos de el espectáculo de 15151 para esta gira como se pudo ver en La deriva o El hombre del saco. Si, los montajes que se muestran en la pantalla principal siguen la linea creativa de siempre pero no me parecen estratosféricos.

Y otro detalle que también me alteró el pensamiento fue que ninguna canción de sus discos previos fuera presentada con un pequeño giro, una vuelta de tuerca, una forma diferente de cantar esa canción. Pensé que como banda creativa buscaría ya con sus cuatro discos publicados mutar alguna de las canciones para presentarla con otro pelaje.

Musicalmente el concierto iba ganando enteros. Brillantes. Mención especial para “Al respirar” y “Te lo digo a ti”. En esta ocasión su presentación en vivo con su acompañamiento audiovisual hizo ganar quilates a las canciones.

Y para concluir otra sorpresa. Algo que no fue nuevo y es que volvieron a escoger “Los días raros” para finalizar. Toda persona que haya visto, sentido y oído lo que supone que este tema cierre un concierto entenderá que no puedo expresar con unas pulsaciones a unas teclas lo que sentimos con esa canción. Lágrimas, palpitaciones, rugidos. Una eyaculación de emoción que conduce al éxtasis y que conlleva finalizar el espectáculo con un estado de ánimo infinito de alegría.

Al día después amigos míos me preguntaban si no me había gustado el concierto al leer mi primera breve valoración en alguna red social. No hay que confundir. El concierto me encantó porque Vetusta Morla me encanta, me emociona, me hacer llorar, me hace reir. Pero que le faltó algo que no se que es para catalogarlo de excelso, sublime.

Y cuando pensé que todo había acabado unas cuantas horas de la finalización del concierto, entraron cuatro de los componentes de VM en el bar que me encontraba. Tuve durante unos veinte minutos a apenas dos metros al creador de mi canción favorita del disco “Punto sin retorno”. Ahí estaba Juanma Latorre con su gente aguantando pesados y pesadas que en un lamentable estado le decían algo. El alcohol que había invadido mis neuronas no me dejó acercarme a él, afortunadamente la cordura no la abandoné. No quería una foto con él, no quería una firma. Solo me apetecía abrazarle como abrazo su canción y darle las gracias por ser tan grandes y hacernos tan inmensos durante las algo más de dos horas de concierto.

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