La felicidad

El riesgo es una incertidumbre que origina endorfinas cuando disfrutas de algo que aunque parece inseguro genera una felicidad tal que ponemos en una lista de prioridades los estados emocionales a los que nos exponemos y cuando la felicidad ocupa el primer lugar, lo demás no importa.

Como le explico yo a mi madre que soy feliz cuesta abajo a sesenta por hora dibujando curvas sobre un trozo de carbono y un par de ruedas que vaya a usted a saber estén bien apretadas, con dolor de manos de apretar el freno para no estamparme barranco abajo.

Y como hacer explicar que en el sufrimiento está el placer. Como le hago entender a alguien que no le guste que subir pendientes brutales con un calor axfisiante que no me da tregua y me lleva al limite es parte contratante e indisolube del sufrimiento que me llevará a los altares de la felicidad completa, a un extasis, a una paz y a una satisfacción indescriptible.

La felicidad es un estado demasiado breve

Tengo carencias de elocuencia para ser capaz de transmitir la felicidad del domingo en la Bragança Gran Fondo. Unas carreteras cerradas al tráfico, sólo para nosotros. Gestionando las curvas sabiendo que nadie vendrá de frente, un buen asfalto y sobre todo, una compañía, disculpen la ofensa, inigualable.Comando Batuecas

Cuando haces algo con la gente que quieres todo en la vida sabe mucho mejor y se disfruta mucho más. Yo generalmente iba cerrando el trio, seguía el sedal, me motivaban a seguir su estela, su ritmo, su figura tirándose carretera abajo y pincelando cada curva, su dolor de piernas cuando íbamos cuesta arriba. Indescriptible. Feliz. Porque son los mejores.

Y al final me dieron una medalla. Y esta no la voy a tirar.. cuando la vea, cada vez que la mire, recordaré que solo con el entreno y la constancia se disfruta. No gané nada, más que amigos, pero aunque sea de madera es la medalla que vas vale del mundo. Me lo he currado, me la he ganado.

Sin miedo a nada

elambulante

Sol. Aire. Amigos. Pocos factores faltan para la ecuación perfecta, idílica. La busco, es incuestionable, la ecuación. Calma.

Sin pensar. No tengo que pensar y resulta aliviador. Me he ganado el derecho a no pensar y sobre todo a no ser valiente. La última vez que me dio por ser valiente después de pensar acabé exhausto, vacío, dolorido y con un rejón hincado que ha dibujado una cicatriz difícil de descifrar. Voy a ahorrarme el sufrimiento, ¿para qué?

Que salga el sol por donde quiera y mejor aún, que se ponga por donde le plazca. Si hay que seguirte, te sigo. Si tengo que quedarme, me quedo. Que tengo que surfear las olas, se surfean. Que tengo que quitarme del medio… giro de sentido y ahí te quedas.

Tengo todo lo que necesito para vivir una tregua, pausa. Alguien debiera decirme que tengo todo lo que merezco pero como no lo voy a escuchar de voces ajenas ya estoy yo para dádivas vanidosas.

Una sonrisa, una patada al balón, los niños en el patio, jugando. Los paseos viendo caer el sol, resbala la brisa por mi frente, la mano fría de sujetar una cerveza bien fría y el altavoz sonando.

Un folio en blanco. Un bolígrafo.

Una buena compañia, un arroz, una buena conversación, un buen paseo, un buen disco, un buen libro, una cerveza. Un pueblo.  Tendrás todo lo que quieras

Lo único que me da miedo de estas semanas es algo que nunca se olvida por mucho que uno vaya creciendo. Porque si de niño, de adolescente y de joven me aterrorizaba el instante de irme a dormir en la casa de mis abuelos ahora la sensación no ha cambiado mucho. Maderas crujir, puertas golpear, cortinas vislumbrar. Yo con una almohada protegiendo mi cabeza por si venía el coco. Y sin dormirme miraba alrededor en la oscuridad más absoluta a ver si había alguien… y solo estaban mis fantasmas. La radio, mi salvoconducto infantil para disipar el miedo. Ahora, en lo que me toque ser, el miedo tiene el mismo sabor. El rechinar del suelo del sobrao, las sombras que vienen del patio, el chasquido de la cama al moverme…. Ese es el único miedo que tengo. Y lo peor… es terrible tener que pasarlo cada noche.

Empieza el verano, el verano que quiero vivir.

Canción para hoy: «Lo que te mereces», Viva Suecia

Esta noche…

Esta noche tengo una sensación de derrota… infinita y un estómago devorado por el pensamiento. Una sensación ya conocida y que pensaba olvidada. Algo horrible e inútil. Menos mal que mañana pienso remendarlo y va a merecer la pena.

Puta ciclo génesis que me impide bajar a tomar una birra. Puto día. Día puto.

Merezco otra cosa.

Madrid, ciudad inmortal

elambulante en Madrid

Resulta extraño hablar con mesura de algo que amas y odias a partes iguales. Y que dañino es el odio. Cuanto mal hace al humano. Porque algo que en un momento odias pasas a amarlo apasionadamente.

Bien, soy un exagerado. Pero Madrid mola. A finales del siglo pasado con excusas parroquianas empezaron las visitas de fines de semana. Nuestra voracidad y la ausencia de dinero en los bolsillos convertían las noches de Madrid en ejercicios de supervivencia y de divertimento calimochero. Y cuando poco tiempo después mis mejores amigos de la parroquia emigraron a Madrid mis visitas fueron aumentando exponencialmente al deseo de descubrir una vida que no teníamos en nuestra ciudad. Fueron años de excesos, de goce y disfrute, de exaltación de la amistad, de pateos inmensos para evitar las tarifas nocturnas de taxi. De bares de yonkis, de bares de pijas, de bares cutres, de bares. De bares.

Con mi nulo sentido de la orientación las cabalgadas nocturnas por Malasaña en los últimos tiempos de botellones, de jóvenes en la calle, de las cervezas más baratas que en otros bares de Salamanca, de música, la vida madrileña se resumía en las horas que estábamos despiertos y siempre juntos. No perdíamos el tiempo con los móviles ni las jodidas redes sociales. El late motiv era vivir. Y conmigo mis amigos fueron muy generosos. La cuestión era llegar al Only You y mover la melena mientras compartíamos los litros de cerveza. Era el piso de Conde Duque, luego el de Argensola.  La melodías del rock y del pop era nuestra compañía en toda la calle La Palma hoy convertida en una calle sin alma. Los bares en los que habité y que por supuesto no recuerdo sus nombres fueron testigos de años felices.

Pocas ciudades han aportado tanto al relato musical. De una manera u otra Madrid fue, es y será un escenario imprescindible para quien quiera vivir de la música.

Y luego vino mi mudanza laboral. Y cuando parecía que vivir con ellos, en Madrid, lo que siempre habíamos hablado y sumarme a su convivencia de algunos años a los tres meses supe que Madrid no era mi sitio. Madrid, su jungla; La jungla me animó a escribir los primeros artículos de este vocerío que tengo por web. Madrid, tus bares ya no era mi salvación. Ni tampoco los locales de dudosa moralidad ni la compañía de señoras que eran señores con voz de Manuel, de Pepe o de Javier. Madrid, me agotaste aunque me devolviste a mi amigo de siempre de mi pueblo. Fue bueno por eso. Madrid, te odié. Y huí. Me fui a los pocos meses y la distancia que empezó a haber entre tu y yo era proporcional a las visitas que durante años te hice.

Y Madrid, yo aposté por ti. Jugué fuerte. Quería devolver a la verticalidad las torres de la Plaza de Castilla. Madrid, fuiste la diana equivocada. Pero volví a pasear sin ninguna prisa y sin tristezaheroes del silencio alguna por tus calles. Ese enjambre de vías que te llevan a donde quieres estar.

Madrid, vuelvo porque la razón aunque sea breve merece la pena. Madrid fue lugar clave para la carrera de Héroes del Silencio. El sábado voy a dejar me que me desalmes. Se benévola. Un concierto histórico aunque sea un tributo que tengo tan visto. Da igual. Quiero una vez más. Quiero disfrutarlo como si fuera el último. Porque nunca se sabe si me canso de ti o de vosotros. La cuestión es que no sea la rutina la que me oblige a visitar a la ciudad que sirve de hogar para tantos exiliados y es el amable refugio de los necesitados de vivir injustamente ahí. Y porque hay madrileños que les encanta su ciudad como no podía ser de otra manera y entonces se convierte tambien en nuestra casa. Siempre con las puertas abierta.

Y esas puertas han dejado escritas maravillosas canciones sobre Madrid y no solo Joaquin Sabina ha escrito versos irrepetibles sobre la capital del reino. Tambien grandes como Radio Futura, Quique Gonzalez, Xoel Lopez, Antonio Flores y otros tantos han dejado para la eternidad estrofas y melodías inolvidables sobre la casa de muchos ciudadanos del mundo.

En la prisión del deseo estoy junto a ti, Madrid

El cuento que no era

amor se escribe
Jesús era un tipo corriente que casi a sus cuarenta tacos decidió ser padre soltero. Llegado el momento, el crio empezó a pedir a su papá que le leyera un cuento por la noche para dormirse plácidamente. Los primeros días Jesús tiraba de recursos para evadir esa responsabilidad. No le gustaban mucho los libros además de que no tenía nunca ningún libro infantil a mano, en la mesilla de noche o en la estantería de Alejandro, un pequeño que ya con poco más de tres años quería que papi le contara alguna historia.A Jesús no le apetecía que llegara el tremendo momento, que para él suponía, de la noche, después de cenar y lavarse los dientes,  tener que empezar el protocolario momento de la dormida de su pequeño. Una noche tras otra Jesús no habría libro alguno y se limitaba a hablar con Alex, así era como le gustaba llamarle, de batallitas cuando era niño o explicarle el capítulo que habían visto de dibujos animados.Llegó un punto en que Jesús, que vivía voluntariamente alejado de su familia, se encontraba agobiado porque ya no sabía que contarle al crio. En un alarde inusitado de confianza le contó a una compañera de trabajo mientras tomaban el café matutino de rigor que no sabía como seguir entreteniendo a su hijo para que pudiera dormirse oyendo alguna historia infanil.

Después de que ella le interpelara a que recordara su infancia y las personas importantes de su vida, Jesús le hizo un tremenda confesión:

  • De niño a mi nadie me leyó un cuento. Al menos, no lo recuerdo.

Lo espetó de forma fría y un tanto desairada como no querer reconocer la infelicidad de una parte de su infancia. Mantuvo un tono plano y nada condescendiente con el pasado pero Jesús poco a poco era consciente que no quería para su hijo lo que le había pasado a él. Además de confesar su terrible padecimiento infantil empezó a mostrar una tristeza inaudita por el hecho de criar a su hijo en soledad. La ausencia de una compañía le tenía vencido en el exigente camino de la paternidad.

Fue cuando Diana, su compañera, le invitó a que se inventara una historia real a los oídos de Alex. Que cogiera un libro cualquiera y sustituyera el texto por lo que se le iba ocurriendo en su mente, en su imaginación. Que lo contara con entusiasmo y con una voz que no transmitiera tristeza.

Ese día, cuando el momento de irse a la cama, Jesús agarró un libro de esos que no había abierto nunca pero que le acompañaba en cada mudanza y empezó a contarle a Alex:

  • Erase una vez….

Empezó contando algo inverosímil pero que a Alex le alegraba la imaginación…. Alex interpelaba a su padre a cada poco porque la curiosidad  le invadía

  • Pero papá , ¿por qué……?

Jesús no encontraba el momento de dar por finalizado su relato y Alex tenía aún los ojos como platos, poco dispuestos para encontrar el sueño de una noche de invierno.

Cansado, Jesús, le pidió a Alex que cerrara los ojitos poco a poco…. El niño en el lento proceso de quedarse dormido le preguntó a su padre que quién le había contado el cuanto cuando él era niño.

Jesús le respondió: Mañana te lo vuelvo a contar y si no lo adivinas ya te lo digo yo.

Pasaron los días y el cuento, que era su historia,  siempre el mismo, era contado por Jesús.

Un día Alex le dijo que ese cuento no le gustaba. Jesús le contestó.

  • Lo peor de esto, hijo mio, es que no era ningún cuento. Es lo que pasó cuando yo era como tú. Yo no tenía a nadie que me contara un cuento.

Alex entendió la historia y a partir de ese día le pedía a su papa que le comprara cada día un cuento para poder escuchar una historia diferente cada día.

Del curso de escritura de Luna Lidia. Creado un día de los últimos de enero del dos mil diecinueve. Buena valoración por la profesora

 

La vida del abstemio

cerveza

No ha sido por voluntad propia, lo confieso. Pero mi obediencia y sumisión a la prescripción médica no me dejaba otra opción que estar un buen número de días sin el consumo, ni siquiera mínimo, de alcohol. Como mucho podía tocar el botellín por fuera, olerlo, refrescar mi cara en estos días de calor con el vidrio marrón,  imaginar como sabría pero en ningún caso catarlo ni mucho menos repetir trago so pena de ir, quien sabe si valiéndome por mi mismo, a un centro hospitalario.

En este periodo de absoluta recatación alcohólica se metió de por medio un fin de semana con todo lo que ello conlleva y además se daba la circunstancia que era un fin de semana muy especial porque venían a la ciudad buenos amigos y se daban un par de ansiados eventos. A los amigos hay que intentar siempre regalarles tu presencia , mutuamente, y los eventos hay que disfrutarlos a tope.

Aunque parecía un tipo caído en desgracia el viernes empezó con unas cañas por el centro de la ciudad con un sabor agridulce y nunca mejor dicho porque la cerveza sin alcohol es un placebo formidable pero de un sabor un tanto, un mucho, totalmente diría yo repugnante. Esa embocadura entre amargura y acidez y la falta de consistencia en la boca hizo que la primera caña fuera como un brebaje contra la resignación porque aquello era una sensación de desasosiego total, una falta de vitamina en el cuerpo brutal, como si aquello cayera en vacío. Pero la noche prosiguió y mi cata de cervezas sin alcohol me llevó por la noche salmantina como un bohemio con buena conversación sin perder el razonamiento.

Pero aunque todo parezcan ventajas, las del abstemio, hay un gran inconveniente para el bebedor de agua de cebada sin alcohol. Levantarse más veces que un pobre anciano al complicado arte de apuntar un chorrillo de agüita amarilla en el mingitorio a medio sueño y con el sentido desorientado es para hacerse pensar fervientemente lo de beber birra descafeinada.

Lo bueno, eso si, es que a la mañana siguiente me desperté fresco como una rosa y por una vez apuntó mi vista sin devaneos  al frente y sin girar como una hélice. Apenas dos horas antes y después de desbeber ya estaba preparado para un día completito. Que gran idea fue salir a tomar el vermú. Porque la cuestión importante no es el vino en cuestión sino el acto social, exactamente igual que las cañas. Unas matutinas, otras vespertinas pero todas con el encanto de la buena compañía y una buena conversación. Y mientras iban cayendo para el resto una tras otra, sin remisión, cañas como Dios manda yo seguía con mi retahíla de cañas o botellines sin alcohol empanzonándome y visitando todo tipo de letrinas en bares y demás tugurios. Pero claro, me llevó a la tarde tan sereno y ocioso que hasta era capaz de apuntar y embocar correctamente las bolas de billar con una precisión exquisita.

Y lo más extraordinario de todo es que en ese estado me presenté al concierto que tanto estaba esperando, que con tanta pasión vivía desde hace días. Eso si, el conciertazo de Viva Suecia con la compañía de grandes amigos no hizo que dejara de echar de menos ese trago de excitación, de inspiración y de locura. Esos litros de cerveza que corren de mano en mano en todo espectáculo Viva Suecia y elambulantemusical y más en el que tanto quería disfrutar. Y después de la emoción de comprarme sus vinilos y de que me los firmaran y que posaran junto a mi nos fuimos al bar que más me gusta en estos tiempos a disfrutar de la música… porque de la cerveza… seguía sin disfrutar. Caía una tras otra y daba igual la canción que sonara y el numero de botellines que alcanzaban mi mano. Mi estado etílico era el mismo. Ninguno.

Acabamos la noche a altas horas de la madrugada y por una vez la cuesta de mi casa no tenía curvas. Las habían quitado de repente y además que tuve la gran fortuna de ser el aguador de los matorrales porque ,claro, con tal cantidad de aguachirri ingerida la vejiga se avecinaba a estallar si no regaba lo setos de boulevard. Que maravilla no tener que apuntar. Pero aún habiendo vaciado completamente mi habitáculo donde rebosa la orina otra noche más cual jubilado, me tuve que levantar con los ojos pegados al urinario doméstico, eso si, con el cruel ejercicio de afinar la puntería para no dejarlo todo perdido.

Pero es que a la mañana siguiente tampoco había resaca, que idílico! Y otra vez que nos fuimos con toda la solana a tomar esos vermús acompañado de amigas y amigos con los que comentar no se el qué porque nos habíamos visto unas horas antes durante un concierto y unas birras. Vamos que la excusa era perfecta para seguir. Y así discurrió la tarde hasta que con hilatura musical fuimos a comprarnos unos vinilos y oiga usted que los elegí sin alteración ninguna porque yo seguía con mi abstemia radical. Y claro, de estado tan excepcional solo puedo salir una buena elección de disco. Uno de Eric Clapton, un clásico. Y después de esto continuamos nuestros pasos hasta una cervecería…y ¿que se bebe ahí? Si! Cerveza sin alcohol! Mientras mis amigos me daban envidia con sus pintas, con su cerveza bajando hasta el nivel 0 para pedir otra yo seguía con mis tercios de aguachirri y así pasamos un tarde magnifica. Y yo sin ningún tipo de ayuda que no sea la emoción de estar con mis amigos.

Pero si hasta me dio la cordura para escribir una carta de amor, mejor dicho, de desamor no correspondido, el amor quiero decir. ¿Qué es esto? Pero si yo pensaba que solo sabía decir ese tipo de cosas con unas cuantas cervezas en mi cabeza. Pero por Dios, pude escribir y lo mejor de todo, pude dormir.

¿Será que voy a cambiar mi vida? Por favor, sólo necesito una cerveza… de las como Dios manda.

Canción para hoy: «¿Nos ponemos con esto?» Viva Suecia

Un cierre estúpido

Hace unas fechas, no muchas ni tampoco pocas, sumergido en la espiral destructiva de la derrota, tuve la firme idea de concluir una etapa de este muro de lamentaciones y exaltaciones en forma de cierre pasajero. Incluso la entrada de despedida está escrita y programada pero he ido postergando su publicación día a día. Es la única que está en la carpeta de borradores y tengo la intención de que ahí se quede. Creo que pocas ideas, ni muy buenas ni tampoco malas, han sido tan equivocadas y mostrarse tan fuera de lugar, al sentirme invadido por un abatimiento lógico y normal, una gran decepción y frustración que quise mostrar en el supuesto mantenimiento de un silencio tan inútil como ensordecedor que solo hubiera servido para aturdimientos y estruendos que hubieran hecho volar por los aires este, ya de por si, alterado corazón y descabezado cerebro.

Hay que hacer siempre lo que a uno le apetece hacer. Rotundamente si. No es que este blog tenga miles de visitas ya que con un par de manos podríamos contar los alocados lectores que pierden un instante de su vida en leer estas lineas pero no se pueden hacer una idea de lo agustito que me quedo cada vez que le de doy al botón de publicar. Cada entrada, perdonen la comparación, es una eyaculación. Hay polvos buenos, malos, regulares, rutinarios, de compromiso, intensos, decepcionantes, extraordinarios…. Pues una entrada es igual… me lo curro durante un buen tiempo con unos preliminares en mi cabeza, sigo por el cuerpo a cuerpo con mis dedos sobres las teclas como caricias voluntarias, hago una revisión subiendo la intensidad del momento y al final… publico y eyaculo. Y después me apetece quedarme a dormir un ratito contigo revisando una vez más si está bien o mal lo que hice….

#vivocomoquiero, lo puedo decir más alto pero no más claro.

No debo por muy flojos que sean los contenidos, las formas y maneras, por muy hermosas que sean mis palabras renunciar a algo que me gusta. Que no es que me importe lo que importe a los demás, no estoy suscrito a ningún consejo de administración que sustente la construcción de este blog. Me debo a mi, a lo que me gusta, a lo que me impulsa, a lo que me apetece. Y no solo es con este muro, es que debe ser así siempre. Escoger verdaderamente lo que te gusta, lo que quieres, lo que deseas, lo que te hace disfrutar. Si eliges compartir tu vida está muy bien, si prefieres estar solo también es genial, si has decidido comprarte un piso fenomenal, si has decidido viajar pues de puta madre, si has escogido tirarte por un puente…. preferiría que fuera si estás atada. No quiero perderte.

Me gusta decir cosas con lo que mucha gente no esté de acuerdo. Me gusta ser diferente. Sobre todo, me gusta hacer lo que me apetece. Creo que a todos nos iría mejor. Vas a tener que seguir aguantándome en elambulante.com durante un largo tiempo.

Canción para hoy: «Better days», Bruce Springsteen ver