Puta boyera de mierda

La expresión que da título a esta entrada ha salido de nuestras entrañas en más de una ocasión, estoy por jurarlo. Aunque no  saliera finalmente por nuestra boca, algo en nuestro recóndito interior nos hacía ,con rabia, pensar esas palabras. Una expresión de rechazo, de profunda violencia hacia quien la dirigimos, de arrogante intolerancia. Pues bien, esa frase, pronunciada por uno de los personajes principales de “Carmen y Lola” marca uno de los puntos más álgidos de esta excepcional película, obra de Arantxa Etxevarría protagonizada magníficamente por las jóvenes Zaira Romero y Rosy Rodriguez encarnando a las protagonistas principales de esta película de amor porque lo que la directora tan brillantemente nos quiere exponer es una serie de sentimientos al sentir el primer amor de una joven gitana homosexual.

Hacía mucho tiempo y muchas películas que no me sentía tan bien viendo un largometraje tan hermoso, tan sensible, tan directo, tan natural, tan efervescente, tan etéreo. Y este sentir tan cómodo también se produce por esta ventana abierta que la obra es hacía el mundo gitano. Una obra que ha recibido críticas feroces por parte de algún colectivo gitano. Huelga decir que lo que muestra la película solo las personas que siguen los ritos y costumbres en su vida diaria están legitimadas para opinar si escapan o no a los clichés que la sociedad tenemos hacia los gitanos en particular. Pero esa ventana permite zambullirse con transparencia y frescura constantemente en las rutinas de barrios habitados por ellos. Resulta como un continuo aprendizaje para los que hemos estados siempre tan lejos de estas personas que en la película luchan, como todos, en sobrevivir al día a día.

Habría que saber como Zaira y Rosy consiguen transmitir tanto con una mirada y con sus manos. Pero si no lo se me quedaré expectante para intentar averiguarlo en sus merecidas próximas películas porque estas jóvenes demuestran un talento innato que no puede quedar en el olvido del cine español.

Es absolutamente sorprendente la naturalidad con la que la directora sumerge al espectador en la historia. Es como si hubiera infiltrado una cámara diminuta en cada uno de los personajes y ellos se mostraran completamente inmunes al recio arte de dirección por parte de alguien.

La historia transcurre de forma ágil y sin recursos morbosos ni escenas vacuas de contenido. Por momentos es un largometraje completamente costumbrista pero que no decae en intensidad del sentimiento más bonito que nos quiere mostrar: el amor. Y ese amor tan complicado entre dos jóvenes gitanas promueve al espectador hacia la ternura, hacia el deseo de felicidad.

El uso de los sentidos por parte de las actrices humaniza la película de forma salvaje: las miradas y el tacto son herramientas que embauca al espectador. Que bien dirigidas están las dos protagonistas así como todo el elenco de extras que forman las familias, el barrio…. Un sobresaliente para todas ellas ya que expresan con una naturalidad abrumadora sentimientos tan triviales como la felicidad, el miedo, la rabia y el dolor. Bravo por todas y todos !

Prófugo de la valentía no me atreví a aplaudir la cinta al finalizar la proyección. Sentía que estaba haciendo lo incorrecto pero algo dentro me quedó asentado.

Pocas veces he visto una historia de amor tan bien contada y dejemos fuera que sean lesbianas y gitanas. Es lo de menos. El amor, el que sea, el que toque a la edad que sea hay que saber contarlo y esta peli lo hacen de forma maravillosa.

La incultura del cine español

La fiesta del cine español o la batalla de los del cine, según queramos verlo, se celebró anoche en Madrid premiando a los mejores cineastas de la industria española.
“Vivir es fácil con los ojos cerrados” de David Trueba y “Las brujas de zugarramurdi” de Alex de la Iglesia fueron las más premiadas en la gala que presentó de forma tediosa y aburrida Manel Fuentes. Por momentos, tuve que pellizcarme para despertar de una pesadilla y es que el amanerado showman rozó lo patético con chistes previsibles y una escasa imaginación.
Los premiados ya los habrán descubierto ustedes. Verdaderamente sorprendente fue el acaparamiento de estatuillas por parte de la obra de Trueba. Agradable y sentida resulta su película. Pero algo excesivo me parece que no haya habido un reparto más efectivo de los premios ya que esta edición a mi entender no presentaba una candidata previsiblemente arrolladora.
En esto, me sorprende que “La gran familia española” no haya obtenido ninguno de los premios gordos. Daniel Sánchez Arevalo presentó un film emocionante y por momentos divertido gestionando muy bien a los diversos actores que acaparan el protagonismo en el mismo. Creo que mereció alguno de estos premios.
No obstante, aconsejo y recomiendo que vayan a verla si se vuelven a reestrenar en las salas de cine.
Pero lo verdaderamente importante para mi es que hemos asistido de nuevo a la batalla inútil del descrédito al cine español.
El ciudadano es libre para elegir qué hacer. Pero no consiento las actitudes que se basan en ataques feroces, oprobios, ignominias e insultos por el hecho de una idea política o condición religiosa, afiliación emocional o empatia personal.
He visto y oído críticas al cine español con descrédito vilipendioso y enjuiciando un todo conociendo un nada.
No pongo en juicio permanente las actitudes personales de cada uno. Si el sr. Bardem decide tener un hijo en una clínica privada, si su bolsillo le permite pagar una planta entera de un hospital, si tributa en su país de residencia…Ciertamente que resulta insignificante para mi, mientras cumpla con su deber para con la ciudadania española. No presupongo como bodrio una película de Alfredo Landa por el hecho de que fuera votante del Partido Popular al igual que una película de Garci o de Almodovar por su condición de vaya usted a saber que.
Han criminalizado a todo el gremio, a todos los cineastas españoles y cuando digo a todos es a los que tienen y no tienen iniciativas reivindicativas. A los que se pronuncian o no sobre un ley promulgada por este o por otro gobierno.
El cine es mucho más que todo esto. El cine, por naturaleza, es crítico.
Una parte asentada en la derecha española no entiende o no quiere entender la importancia de una industria potente. Mientras en otros países se cuida y se mima cualquier tipo de actividad económica en este país nos dedicamos a envolverla en catarsis a condición de su ideario político.
La contradicción planea sobre nosotros. La bajada de impuestos es una receta de los neoliberales a lo largo de la historia. Los desprestigiadores oficiales como uno que escuché esta mañana en la Cope hablan de fin de subvenciones. Estos incultos e ignorantes no saben o no quieren saber que el rédito que un país cobra por impulsar una industria como el cine es de saldo positivo. Las subvenciones regresan a la caja del Estado en forma de impuestos, de transacciones…
En vez de criticar tanto por condición política me gustaría que maduramos la idea de ir al cine y si no te gusta la idea pues la de consumir cine de forma legal en la distintas plataformas de alquiler.
Pero para criticar al cine español, por favor, vean las películas.

Uno que me conmueve

Daniel Sánchez Arévalo tiene la cualidad de conmoverme con su trabajo. Creo, entonces, que ya se puede sentir realizado como creador y director de cine. Al menos, una persona, el arriba firmante, ha salido de la sala de proyección entusiasmado con sus películas. “Azuloscurocasinegro” azotó mi conciencia y mi espíritu de una forma salvaje y desproporcionada. Quim Gutierrez y Antonio de la Torre ofrecieron al mundo su caudaloso talento en forma de emoción. Años después se presentan con “La gran familia española”. Una obra extraordinariamente bien vendida en su proceso publicitario como comedia futbolera.
Los que conocemos a Daniel sabíamos que no podía ser una película facilona de ver y prefabricada para ver desde el sofá de tu casa. No. Yo estaba preparado para algo….. pero se me fue de las manos.
Me ha encantado. Y sobre todo me ha emocionado otra vez la presentación de una familia desestructurada y prisionera de una gran mentira que sólo al final del film descubre su verdad.
Majestuoso Quim Gutierrez. Me gustaría ser igual de feo o de guapo que él y tener esa mirada tan comunicativa y profunda que altera a la más impertérrita de su contrincante. Es además, esa apariencia tan beduina la que le presenta en un personaje que como en otros se engendra en una huida. Si, es cierto, el cabronazo tiene un pelo que uno ya quisiera pero además tiene algo que todos tenemos pero no lo mostramos: corazón. Es su personaje enemigo irreversible de muchos de nosotros; contradictorio y pasional. Es el alma de la película y como tal, consigue que todas las historias te conmuevan, eso si, unas más que otras.
Si, me he reído. Especialmente con Roberto Alamo, que gran interpretación!! Tiene muchas papeletas para entrar en la carrera por el Goya al mejor actor de reparto.
La obra tiene guiños cómicos que se agradece, aligera la trama y además hechos con buen gusto.
Si es cierto que hay mera desigualdad en la intensidad de las historias.
Veronica Echegi, se presenta guapa y dinámica, pero con una sobredimensionada actuación. Es lo más flojo de la obra de Arévalo aunque ciertamente cuando esta actriz gane en continencia emocional para mostrar correctamente su personaje encajará mucho mejor en una obra coral.
Puede que D.S.A. no pase a la historia como un extraordinario director, no lo sé. Pero a mi me encantan sus películas y en esta especialmente me maravillan ciertos diálogos entre los hermanos. Son conversaciones que hay sacarles toda su miga. No tengo más remedio que volver a ver la película, pero si me pasa lo mismo que cada vez que veo “Azuloscurocasinegro” no pondré objeción en pagar de nuevo la entrada.
Gracias Daniel por la conmoción.

El cine español

Fue una gala muy activa por mi parte la 27 edición de los Goya, sobre todo en las redes sociales, con unos cuantos “pendejos” que criticaban el evento, ya fuera por el pronunciamiento político en la misma o por la supuesta para calidad de las películas españolas o por cualquier otra razón que buscara encender los ánimos de los defensores tanto de la gala o de las producciones.
Me gustó. Me gustó la parte reivindicativa del acto y me gustaron, como no podía ser de otra manera, las películas. De las grandes favoritas no puedo juzgar “Grupo 7”. Ardo en deseos de verla. Pero las otras grandes favoritas eran ,y son!, excepcionales creaciones cinematográficas.
Claro que eché de menos alguna candidatura de alguna película en concreto pero creo juzgar acertadamente que la edición de este año ha reunido a proyecciones de alta calidad. Podrán gustar más o menos pero tienen al menos lo que la mayoría del público desea, calidad.
Una lástima que “El artista y la modelo” quedara tan huérfano de preseas, un filme que me enterneció hasta límites inexplorados y despertó una visión minimalista del cine.
“Blancanieves” esquivó, de nuevo, la pereza, prejuicios y desalientos que podría despertar una película muda, en blanco y negro y española. Pero al igual que “The Artist” salí del cine entusiasmado. Me temo que la cinta española vivirá con la inevitable comparación de la producción francesa. Eso sí. La idea es anterior a la galardonada en los Oscars.
Y “Lo imposible” rascó también estatuillas. Buena película hecha en España con temática hollywudiense. Fantástica. De las tres, era la que menos cariño la tenía pero huelga decir que es un trabajo extremadamente bien hecho y además en España con técnicos y equipo hispano. Formidable.

Y el componente político. Me entusiasmaron los discursos de Candela Peña, la sensibilidad de la Verdú, la honestidad de José Sacristán, el coherente discurso de J. Bardem y los ingenios prefabricados de la presentadora de la Gala.
Me pareció muy atinado el discurso del Presidente de la Academia. Muy certero sin perder un gramo de reivindicación.
Me acordé en este noche de todos los españoles que no ven cine español por componente político. Me dan pena. Pero ellos son más pobres que yo. Mientras otros tantos como yo nos enriquecemos culturamente con las obras españolas, las haga quien las haga, sean las caras de quien sea.
Me parece indignante que alguien que no paga un sólo euro por una entrada de cine al año se apresure a criticar las películas españolas, sea en un sentido o en otro. Recuerdo que el verbo criticar no siempre tiene connotaciones negativas.
Ciertamente que a mi la mayoría de las películas españolas me gustan. No se si es mi predisposición, la cercanía de la historia, la intensidad de las voces amigas o que coño será que, como digo, una buena parte de ellas me gustan.
Pero por favor, un poco de de porfavor… si algo no lo conoces, no puedes juzgarlo.
Y en otra entrada podré hablar contra los que critican a los de la ceja. Les aconsejo escuche, de nuevo, el discurso del Presidente de la Academia.
Y yo mientras, a seguir soñando.