El éxtasis

Vetusta Morla

Quién inventó la música, ya fuera de forma casual o provocada, fue alguien que seguramente no preveyó las consecuencias que tendría en la humanidad. La cantidad infinita de sentimientos que puede despertar una serie de sonidos, armonias, acordes y demás elementos musicales que eleva hacia la inmensidad la felicidad de los sentidos no los podemos meter en un solo saco.

Tengo la costumbre, creo que muy buena, de ir a conciertos que realmente me apetece ir con gente que quiero, que me importa. Compartir un deseado concierto es como compartir una buena botella de vino porque todo compartido sabe mejor. Y a este Interestelar de Sevilla he ido con la gente que, ciertamente, anhelaba volver a coincidir en un acontencimiento musical tan etéreo como ver a Morgan, Ivan Ferreiro, Mikel Erentxun…. pero sobre todos a Vetusta Morla.

A Vetusta Morla le había visto hasta entonces en cinco ocasiones, ya seis, obviamente, repartidas dos veces en cada ciudad mágica: Salamanca, Santander y Sevilla. En cada una de ellas la expectativa era diferente. En esta ocasión venía de la cara y cruz del año pasado. Musicalmente en Salamanca, el día que presentaron su disco, fue brillante y especial pero en Santander fue un calamitoso concierto a nivel músical, remendado por mi feliz estado emocional. Así que me presentaba en Sevilla a dirimir un empate. Y extrañamente en nosotros, nos postulamos muy adelantados entre la plebe, aprovechando la privilegiada posición en la que vimos a Erentxun nos hicimos fuertes en esa cuadrícula de terreno durante una hora si bien fue un tiempo entretenido con conversaciones apretados y a empujones con extraños y conocidos que dejarían de serlo en un rato.

Uno de los mejores conciertos en los que he estado. No se si musicalmente fue extraordinario pero emocionalmente siempre estuvo en la cumbre y de ahí no se bajó.

Una vez comenzó el espectáculo nos posicionamos de forma más amplia y espaciosa entre el apasionado público, entre los que nos encontrábamos. Ya desde el principio, como un flechazo sentí una conexión especial con lo que estaba sucediendo en el escenario. Percibía una energía muy empática en la banda que me llegaba a los sentidos mediante sus canciones. Y no lo tenían fácil puesto que ya con cuatro discos de estudio hay que elegir muy bien los temas a tocar. Parecia que me daba igual lo que sonara, lo importante es como me lo transmitían. Yo notaba un fuego queVetusta en Sevilla prendía la mecha de la emoción y que nunca se apagaba. Como me gusta gran parte de la obra músical de Vetusta Morla no me mostraba enfadado por la ausencia de algunos de mis temas favoritos, dígase «La deriva», «Rey Sol»o «Punto sin retorno». No me importaba, iba disfrutando una a una cada canción como si fuera la última y sobre todo recibía la energía que generaba Pucho en el escenario con su interpretación vocal y sobre todo con un movimiento encima del escenario, un ir y venir, una pasión que hacía que se infiltraran las letras de Vetusta en mi piel sin dolor alguno. Esos «Cuarteles de Invierno», esa «Copenhagen», ese «Fuego. Todas estas canciones hacia que nos miráramos entre nosotros y agitáramos las manos dando a entender el pedazo de concierto que se estaban marcando  y nos quedáramos mudos porque no acertábamos a articular palabra. Como punto álgido de esa emoción ya en la parte final del espectáculo Pucho se bajó a la arena y entre el público cantó «Mapas» y ahí estabamos nosotros. Pasó entre nuestro grupo y la sensación de tenerlo hombro con hombro mientras no dejaba de cantar fue una de las más brutales que he tenido como espectador de un concierto. Con la emoción a flor de piel enfilamos el final del concierto, intentado coger aire para los esperados «Los días raros».

Llegado a este punto cada uno de nosotros ya estaba desnudo, se había despojado de la carícatura que eramos hasta entonces. De esos problemas que lastran la felicidad o de esas ilusiones que se convierten en sueños, de esas penas, de esas mierdas, de esas nostalgias o de esos anhelos. A estas alturas con tantos versos ya cantados estábamos dispuestos a vaciarnos. Y puede ser difícil explicar que alguien llore con la música. Y no se el como ni el porqué pero había alguien abrazado a mi que aunque parezca mentira no me impedía disfrutar de mi tema favorito. Su abrazo buscaba un consuelo que era irreal pero ese desahogo me servía para contagiarme la energía de los momentos únicos. Yo no estaba pasando por el trance pero le comprendía. Quien soy yo para preguntar el porqué de su desconsuelo pero emocinado estaba de ser yo el que soportaba esa gran mole de humanidad que buscaba un hombro mientras «nos quedan regalos por abrir». El éxtasis fue inmenso, incuantificable e indescriptible. Me quedé vacio. Vacio de nostalgias, de recuerdos, de discursos. Pero lleno de energía.

El concierto fue una epopeya. No quiero estropearlo con más palabras. No debes perderte un concierto de Vetusta Morla.

La vida es un festival

Como casi todas las buenas cosas que suceden mi presencia en el festival de Santander no estaba prevista pero alguno de ellos cinco me animó e invitó formalmente a asistir y ya no si era la actuación de Vetusta Morla o que excusa musical, si es que era la principal, la que me llevó a mi primer festival desde aquel lejanísimo Viñarock del 2005. Había pasado casi una década y las condiciones del viaje era ya de un señorito, no de un joven campista calimochero. Aquel festival, celebrando además mi treinta y seis cumpleaños, quizás sea recordado por el éxtasis total y la fascinación protuberante que sufrí y recibí al ver en directo por primera vez «Los días raros» de Vetusta Morla. Y de aquella emoción nos prometimos que cada año intentaríamos repetir la convivencia comunal durante unos días con la excusa de ir a un festival.

Fue leer el nombre Vetusta Morla y hace ocho meses que compramos el abono sin conocer ni un grupo más. No importa. La sola presencia del sexteto de Tres Cantos y de la pléyade de amigos que íbamos era una buena justificación para ir. El Interestelar no dejaba nada al albur. Era apuesta ganadora segura. Pero sufrí una antinomia indescifrable. Llegué a considerarlo una caterva y había desistido en mi intención de asistir. Pero pasé el Rubicón de las dudas. Y una pequeña alteración emocional me invitó a redimirme de la idiotez. Allá vamos Sevilla, allá vamos amigos.

Aquí empezó todo.

Un festival que empieza con la mejor voz femenina de la actualidad es una razón de peso para llegar puntuales y dispuestos a soportar el enorme y sofocante calor que se espera en Híspalis a esas horas. Morgan, con Carolina de Juan a la voz, nos espera y yo voy a ser su «Sargento de hierro», esa canción que me conmueve, no voy a fallarla. Le daré otra oportunidad, la tercera a La Moda. Y después ganas muchas de ver a Zahara en concierto y ser «la bestia que cena en casa». Sin momento para el descanso seguiremos con Iván Ferreiro. Ese mismo al que en el festival origen de todo, en Santander, lo critiqué hasta la extenuación y creo que razón pues allá nos hizo tragar un concierto horroroso. Ahora es diferente. Después de haberle visto en directo unas cuantas veces me ha ganado. Tiene canciones maravillosas, especialmente su «Pensamiento circular», esa canción que me hace ser proclive a la avería y que me hace pensar, no muchas veces ni tampoco pocas, en ti. Posteriormente obviaré a Rozalen. No me gusta nada lo que hace aunque es digno de resaltar que todas sus canciones pueda ser leídas por personas sordas. Pero veré por primera vez a la murciana Kuve, todo lo que sean voces femeninas me atrae y terminaré la noche viendo a su hermano Second. No soporto a Fangoria ni tengo interés en lo que queda para esa noche.

Al día siguiente sábado, además de intentar sobrevivir al fuego del sol, empezaré con Carmen Boza. Tengo interés en saber si me gusta o no. No lo tengo claro. Luego coinciden Alice Wonder y Shinova. Dos moderneces que no me entusiasman pero que quiero volver a escuchar alguna canción a cada uno. Después de ellos llega Mikel Erentxun. Ay….Mikel. Lo veré por hacer compañía a mis amigos que quieran verlo pero solo un ratito porque casi se solapa con Tu otra bonita. Hace un tiempo te diría que es un genero de música que no me gusta. Lo reitero pero han conseguido que ,escuchando ciertas canciones y aún estando lejos de mi estilo preferido, sienta simpatía por sus temas, especialmente «Grita» y «Vamos». Seguro que lo vamos a pasar bien con su rumba. A renglón seguido uno de los platos fuertes, Depedro. Qué artistazo! Muchas ganas de ver su espectáculo. Una pena que no pueda verlo completo porque unos minutos antes de finalizar tengo que dejarlo para coger buen sitio para ver la razón de mi viaje a Sevilla: Vetusta Morla. No me importa el espectáculo que vayan a presentar. Bien sea la secuela de su última gira o algo relacionado con «Un día en el mundo». Me da igual. Me gustan ambas opciones. Vetusta Morla es el conticinio donde sólo escucho lo que ellos cuentan. Vetusta Morla es la emoción, el ir más allá. Es el ángel y demonio que llevo dentro. Es la denuncia elecuente. Es la belleza del instante. Es la metáfora imperfecta que usar en cualquier situación. Es la ira de la ilusión.

Y ese será el fin de mi festival musical porque el de la vida dura hasta el regreso. La buena compañía y una buena canción es una razón inmensa para estar feliz y para disfrutar de ellas y ellos. En Sevilla, estos días seré turista, quien sabe si en unos meses será un huesped. Hasta entonces, a disfrutar.

A sangre y fuego

Chaves Nogales

Ando en las últimas semanas enganchado a un libro de un periodista y escritor sevillano de la primera mitad del siglo XX, Manuel Chaves Nogales y a cuya conferencia sobre su persona pude acudir hace unos días con un previo interés inusitado por su libro “A sangre y fuego”, una obra breve pero intensa  con nueve historias verídicas sucedidas en los primeros tiempos de la Guerra Civil española.

Un libro que me gusta por varios aspectos pero sobre hay uno que me cautiva sobre manera y es la fascinante variedad léxica y riqueza de un vocabulario que se hace inabarcable para la memoria. Una exigencia continua de comprensión es ejercida con pasión por mi cerebro durante la lectura de este pequeño gran libro. La visita al diccionario de la Real Academia de la Lengua se hace completamente necesaria al menos un par de veces por cada página porque los registros del autor son inmensos. Son nueve historias, de toda índole, que sucedieron durante los primeros meses de la guerra en España vistos desde los ojos de un periodista cuyo prestigio era incuestionable en los años treinta y que dirigió el periódico de mayor tirada de la época, Ahora.

Nueve relatos, nueve historias, nueve lamentos, nueve crónicas de episodios triviales, habituales, únicos, diarios que tuvieron lugar en los meses primerizos de la guerra incivil española que son relatados con una minuciosidad y exquisitez sobre el terreno que resulta muy difícil comprender que el autor sea capaz de contar historias que suceden durante una barbarie. Contadas con ritmo, con una profusa variedad de palabras, de conocimiento del medio en el que se desarrolla cada historia, cada aventura.

Una vez más la contradicción reina en unas páginas donde la crueldad de sus desenlaces son contados con una envergadura brutal fuera de todo amarillismo y con una neutralidad riquísima en relatos. Sin posicionamientos. Sin obstinaciones. Cuenta la crueldad de una guerra de unas vidas, ambientada dentro del relato que a veces hay que pellizcarse para comprender que lo que cuenta ocurrió. Una guerra, una tragedia, una vida o una muerte contada con todo detalle, como buen periodista en el terreno. A eso fue Chaves Nogales, a contar la vida de España. De la terrible hostilidad y de la miseria humana que recorrió el país. Y en todo este escenario lúgubre, relumbra la pluma de Chaves Nogales para dar visibilidad a estos acontecimientos y que tiempo después el lector pueda disfrutar del noble ejercicio de escritor con una belleza patente en todos sus textos.

“A sangre y fuego”, un libro excelso de un tiempo trágico.

Y sobre todo enriquecedor para saber lo que no debemos hacer en un tiempo próximo. Entre hermanos es mejor que no ocurra nada de lo que relata el autor sevillano. No lleguemos a esos extremos. Para saber adonde no debemos ir, leanlo.

Viva Suecia

viva suecia

Si una canción a veces resulta que es inoportuna entonces no digamos una colección de canciones que se agrupan en un mismo formato y que incluye sin remisión esa canción. Un disco.  Resulta extraño empezar así. Y puede, seguro, que tenga razón pero la mayoría de las veces es una vitamina, un revitalizador, un cicatrizante, un regenerador, una endorfina que sugiere placer.

¿Quien no tiene una canción favorita? ¿Una favorita dentro de un ramillete de favoritas? La razón por la que lo es no importa. No es de mi incumbencia. Es maravilloso tener un tema favorito. Es simplemente evocador. Tanta emoción suscita una canción favorita que te lleva al altar de la felicidad durante los minutos que dura, instantes que no quieres que se acaben jamás. Momentos compartidos o vividos en soledad, que más da, es la felicidad, es el placer, es tu canción.

Se viene un concierto que contiene unos cuantos temas muy evocadores. Una es mi favorita del año pasado. Tan maniqueista yo que “A donde ir” solo la puedo llevar al cielo y al infierno, de paseo con un collar, y soy feliz. Una canción con energía, con una melodía tan contagiosa, con una letra tan equidistante entre el si y el no que solo produce una sinergia de optimismo, de sobrepasar todo lo que nos preocupa y ocupa.

Un concierto tan esperado desde al menos la última vez que les vi, agosto pasado en el Sonorama. Que pedazo de concierto. Que amasijo de emociones entroncadas en un camino que iba a empezar. Cuanta gente disfrutando de su directo.

Hay más enemigos en la piel de los testigos que entre aquellos que juraban contra ti.

Pero es que ahora esa magnifica colección de canciones se presenta en otro estado emocional. Tan diferente que parece que entre el verano y el inverno ha habido un eclipse fatal. Tan diferente que he conocido al dedillo todas las canciones. Ha sido para mejor. Saber que se puede escribir cuando más heridas tiene uno. Un disco germinado desde el resquebrajamiento emocional.

“Otros principios fundamentales” sabe a un te quiero y a un cuídate como acuse de recibo. Sabe a un regalo involuntario que escucho todos los días. Sabe a la profundidad de una sima emocional, a una caída inconsciente. Me sabe a un plato de jamón los viernes por la noche con una buena cervecita.. Me imagina a una llamada a las dos y cuarto sin poder dormir con los labios puestos en su cicatriz. Me recuerda a donde no ir. A kilómetros conduciendo. Me invita a tener piedad, a poner el disco con el volumen a tope hasta que se rompan los sentidos. Me sabe a una Mahou en el Bolero, me sabe a una noche de pasión sin cordura. Me recuerda que todo es posible. Me evoca al riesgo, a luchar por lo que te gusta. Me inspira al puerto de Malmoe aunque sea lo único que conozco de Suecia. Me sugiere que coja la mochila, meta el disco y me vaya.

Con principios o sin ellos se viene un sábado lleno de emociones, una cabeza a punto de estallar, un carrusel de buenas canciones que ya ,algunas, forman parte de la banda sonora de mi vida.

Esperan un par de horas de buen rock, de letras acojonantes y sobre todo de una muy buena compañia y porqué no… de ti.

Canción para hoy: «A donde ir», Viva Suecia ver aqui

Loquillo, sin novedad en el frente

Loco

El Loco en Salamanca, de nuevo. No es extraño afirmar que es el artista musical que más veces ha visitado la capital charra y provincia en los últimos 12 años. En conciertos gratuitos y de pago, de todas formas Loquillo visita Salamanca en todas giras. El público es numerosísimo, de edades talluditas en su mayoría y muchos de ellos con la sempiterna apariencia de rocker setentero. El Loco, con su cada vez menos poblado tupé y su enorme presencia sobre el escenario, de negro, con un juego de pies de movimientos seguros pero lentos. Y como dijo él en una de sus visitas, siempre en plan chulo, pero claro para él ser chulo es un arte.

Loquillo ya no impresiona. Siempre contenta a la plebe pero parece que la repetición de su espectáculo durante tantos años acaba por pasarle factura, o no, porque la asistencia fue importante, sin llenar el Multiusos Sanchez Paraíso pero con una importante presencia que rondaría los tres cuartos del aforo a pesar del elevado precio de las entradas, treinta y cinco euros la más barata para ver algo que hemos visto ya muchas veces aunque eso si, con una novedad reseñable; cada canción iba acompañada en la pantalla del escenario de un video alegórico. Un acierto para una gira retrospectiva.

Que difícil es ser humilde cuando uno es tan grande

Hablar de Loquillo es hablar de un grupo importantísimo a lo largo de mi adolescencia y juventud. Nunca he dejado de escuchar a Loquillo y algunas de sus canciones son auténticos evangelios. En momentos de exaltación siempre hay alguna frase de una canción suya para utilizar e imaginar. No deja de tener para mi un punto nostálgico y en este sentido la obligación de ir a verle de nuevo, como las otras veces, era inexcusable y además acompañado por la gente que más quieres con lo cual el componente emocional fue tremendo, excelso y excitante. La banda sonora de muchos capítulos de mi vida estaba sonando y yo visitando a la felicidad completa.

Musicalmente, pocas novedades. Un repaso muy equilibrado a su carrera, un tímido acercamiento a una parte más rockabilly con pequeño escenario más desenchufado, unos músicos excelentes y una corrección que no se puede poner en duda. Y eso fue lo que vimos, un concierto ágil, entretenido, emocionante y animado. Pero yo muy contento por la música y sobre todo por la compañía.

Sin sorpresas musicales más que la colaboración de Nat Simons en una de las últimas buenas canciones del señor Sanz. Y ya es demasiado antigua. Sin duda que el Loco es un grande, repetitivo pero grande. Falta un gramo de ambición y sobra distancia egocéntrica.

Que nunca falta una canción de Loquillo en tu vida!

 

La belleza de Bárbara

Lennie

Hay actrices y actores que están dotados de un don que generalmente como algo intangible resulta inexplicable y difícilmente comprensible. No valoro si Bárbara Lennie es fea o es guapa, no me importa si cumple mis cánones de belleza tradicionales o los estereotipos tan odiosos de alguien como el que puede leer estas letras o si está dentro del círculo de dimes y diretes de la sociedad. No cuestiono sus curvas, su constitución ni su aspecto. Lo que me deja perplejo de esta actriz es su talento y su empatía para representar sus papeles como intérprete. Puede que sus ojos almendrados colaboren en fijar la mirada en los objetivos que sus directoras y directores la marcan, pero ella y solo ella puede describir y definir con incuestionable certeza su enigmática mirada en sus papeles a lo largo de su carrera.

Lennie es magnética, atrae los silencios y la calma como pocos actores y actrices. Mimetiza todo lo concerniente a su expresión. Sufro de una atracción, no se si fatal, hacia este tipo de personas pero  ella consigue que varias de sus películas supongan un áurea profesional. Con ella me sucede algo que también me ocurre con compañeros de profesión. Por ejemplo con David Trueba, León de Aranoa, Javier Bardem y en menor medida con George Cloney o Brad Pitt. Hagan lo que hagan estos tipos se que me va a interesar su trabajo. Luego me gustará más o menos pero me han convencido tanto hasta ahora que tengo una predisposición positiva para ver sus trabajos.

La belleza de Bárbara lo justifica todo

He visto Petra y me ha sucedido igual que en otras películas suyas como Magical Girl, María (y los demás) o Contrapunto donde su personaje centra gran parte de la trama y absorbe una gran cuota de protagonismo, a veces inmensa. Tiene una capacidad extraordinaria para hacer creíble un dialogo absolutamente trivial, como si fuera la vecina del tercero o como si fuera cualquier madre imberbe joven o una mujer sin ambición ninguna. Da igual. Ella transmite esa sencillez en algo tangible. Uno ve sus actuaciones y cree que lo está haciendo una actriz no profesional y lograr esa ingenuidad me parece algo totalmente destacable. Pero sobre todo, logra una involucración del espectador en su personaje. Cuando sales del cine uno no sabe muy bien cual es su realidad.

Lennie me hipnotiza, lo reconozco. Me predispone a pensar lo mejor de ella en cada papel que desarrolla. Generalmente, y no se la razón, me acaban gustando más los que se desarrollan de forma lenta, pausada, lánguida. Percibo más su gran personalidad como actriz que en papeles más acelerados, de más energía activa. Estoy seguro que llegarán papeles de los que no podré sacar este tipo de conclusiones.

No pretendía hacer una revisión hagiográfica de la aún muy joven Bárbara Lennie pero reconozco que en mi exceso habitual con las personas que admiro puede acabar en una valoración absolutamente subjetiva. Su eclecticismo en cientos de planos me vuelve loco. No se si ser hombre me perjudica para crear estas líneas. Me da igual. La belleza de Bárbara lo justifica todo.

Puta boyera de mierda

La expresión que da título a esta entrada ha salido de nuestras entrañas en más de una ocasión, estoy por jurarlo. Aunque no  saliera finalmente por nuestra boca, algo en nuestro recóndito interior nos hacía ,con rabia, pensar esas palabras. Una expresión de rechazo, de profunda violencia hacia quien la dirigimos, de arrogante intolerancia. Pues bien, esa frase, pronunciada por uno de los personajes principales de «Carmen y Lola» marca uno de los puntos más álgidos de esta excepcional película, obra de Arantxa Etxevarría protagonizada magníficamente por las jóvenes Zaira Romero y Rosy Rodriguez encarnando a las protagonistas principales de esta película de amor porque lo que la directora tan brillantemente nos quiere exponer es una serie de sentimientos al sentir el primer amor de una joven gitana homosexual.

Hacía mucho tiempo y muchas películas que no me sentía tan bien viendo un largometraje tan hermoso, tan sensible, tan directo, tan natural, tan efervescente, tan etéreo. Y este sentir tan cómodo también se produce por esta ventana abierta que la obra es hacía el mundo gitano. Una obra que ha recibido críticas feroces por parte de algún colectivo gitano. Huelga decir que lo que muestra la película solo las personas que siguen los ritos y costumbres en su vida diaria están legitimadas para opinar si escapan o no a los clichés que la sociedad tenemos hacia los gitanos en particular. Pero esa ventana permite zambullirse con transparencia y frescura constantemente en las rutinas de barrios habitados por ellos. Resulta como un continuo aprendizaje para los que hemos estados siempre tan lejos de estas personas que en la película luchan, como todos, en sobrevivir al día a día.

Habría que saber como Zaira y Rosy consiguen transmitir tanto con una mirada y con sus manos. Pero si no lo se me quedaré expectante para intentar averiguarlo en sus merecidas próximas películas porque estas jóvenes demuestran un talento innato que no puede quedar en el olvido del cine español.

Es absolutamente sorprendente la naturalidad con la que la directora sumerge al espectador en la historia. Es como si hubiera infiltrado una cámara diminuta en cada uno de los personajes y ellos se mostraran completamente inmunes al recio arte de dirección por parte de alguien.

La historia transcurre de forma ágil y sin recursos morbosos ni escenas vacuas de contenido. Por momentos es un largometraje completamente costumbrista pero que no decae en intensidad del sentimiento más bonito que nos quiere mostrar: el amor. Y ese amor tan complicado entre dos jóvenes gitanas promueve al espectador hacia la ternura, hacia el deseo de felicidad.

El uso de los sentidos por parte de las actrices humaniza la película de forma salvaje: las miradas y el tacto son herramientas que embauca al espectador. Que bien dirigidas están las dos protagonistas así como todo el elenco de extras que forman las familias, el barrio…. Un sobresaliente para todas ellas ya que expresan con una naturalidad abrumadora sentimientos tan triviales como la felicidad, el miedo, la rabia y el dolor. Bravo por todas y todos !

Prófugo de la valentía no me atreví a aplaudir la cinta al finalizar la proyección. Sentía que estaba haciendo lo incorrecto pero algo dentro me quedó asentado.

Pocas veces he visto una historia de amor tan bien contada y dejemos fuera que sean lesbianas y gitanas. Es lo de menos. El amor, el que sea, el que toque a la edad que sea hay que saber contarlo y esta peli lo hacen de forma maravillosa.